El mito de la conspiración judía mundial | Crítica Historia de un espejismo

  • Alianza publica la extraordinaria obra de Cohn, 'El mito de la conspiración judía mundial', donde se estudia el complejo imaginario, nacido a finales del XVIII, que acabaría en los grandes crímenes antisemitas del XX

Imagen del medievalista británico Norma Cohn Imagen del medievalista británico Norma Cohn

Imagen del medievalista británico Norma Cohn

El medievalista británico Norman Cohn adquiere conciencia de este libro, de su necesidad, tras el juicio a Eichmann en 1961. Entonces considera la persecución judía, no como el fruto de una abrupta eclosión del mal, que se agota en sí misma, sino como el fin de un proceso que había comenzado a finales del XVIII, con dos fenómenos de singular importancia: el fin del Ancien régime y el nuevo trato otorgado a los judíos. Esto no quiere decir que la Ilustración no guarde rasgos antisemitas (el antisemitismo de Voltaire es de extremada violencia); pero sí que, como aduce Cohn, tras la caída del viejo mundo estamental y la formulación de unos derechos universales, se alentará la imagen amenazadora y adversa del judío. Imagen que se sustancia, comenzado el XX, en Los Protocolos de los Sabios de Sión y su abundante progenie.

Fue en la novela Biarritz donde se acuñó la imagen del conciliábulo nocturno, en el cementerio de Praga, para la dominación del orbe

Eco, en El cementerio de Praga, trataría también este asunto de la creación y difusión de mito hebraico como conquistador secreto del orbe. El mismo título de la novela proviene de una obra alemana de 1868, titulada Biarritz, que si bien aparecía firmada por Sir John Retcliffe, era el fruto de las ensoñaciones románticas de Hermann Goedsche. En uno de sus capítulos, El cementerio judío de Praga, se acuñará la imagen del conciliábulo nocturno, donde los herederos de las Doce Tribus pactan, en torno a una tumba, la futura dominación del mundo. Este temor a las oscuras ambiciones judías correrá parejo al mayor protagonismo y a los nuevos derechos de que gozan los antiguos habitantes del gueto. Y no es casualidad, como recuerda Cohn, que fuera en sociedades conservadoras como la alemana y la rusa donde se fragüe este colosal mixtificación, cuyo éxito condujo, como sabemos, a las cámaras de gas, pero cuyo prestigio no se terminó con la derrota del nacional-socialismo.

Por otro lado, el modo pintoresco e inverosímil con que se urdieron tales patrañas hacen de este libro un libro excepcional y, en cierto modo, fantástico. Porque es en la fantasía, en la imaginación que tanto interesó al Setecientos, donde toma forma y se cimenta una abominación de la que aún hoy no nos hemos desprendido.

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