El tesoro del Cisne Negro | Crítica

Aventuras de la memoria

El dibujante Paco Roca. El dibujante Paco Roca.

El dibujante Paco Roca. / Kai Försterling / Efe

Más allá de su obvia diversidad de registros, el tema al que Paco Roca (Valencia, 1969) parece regresar con mayor interés es el de la pervivencia de la memoria, su fragilidad, su necesidad. Si en la aclamada Arrugas (2007) dicho interés se centraba en el mal de Alzheimer, para luego asomarse al legado de nuestros mayores en Los surcos del azar (2013), en este último título, El tesoro del cisne negro, son los vestigios materiales del pasado los que ocupan la atención preferente. Bajo la fachada de una trepidante entrega de aventuras, Roca y el guionista Guillermo Corral nos ofrecen el siguiente aviso: la historia, encarnada en nuestros monumentos, es la única identidad real de que disponemos, y nuestra misión consiste en protegerla de quienes quieren depredarla para usarla en su provecho.

El relato, con todo el sentido del ritmo y la escena a que nos tiene habituados el autor, se inspira en el famoso caso de la empresa Odyssey (aquí, Ithaca), que en 2007 saqueó un pecio español y pretendió expoliar sus tesoros sin un solo miramiento por los derechos de los legítimos propietarios. Si en su día la epopeya fue mayormente diplomática, en esta versión novelada la acción se agiliza con diversos episodios de acción, dramatismo e intriga variables, además de la trama sentimental entre los protagonistas, que consiguen una difícil proeza: traducir una gris historia de despachos en otra de océanos y cielos abiertos.

A ello contribuye, también, el esmero del lápiz por ceñirse con lealtad documental a los escenarios (el interior de los ministerios, el palacio de la Moncloa, el restaurante chino y la cabina del controlador aéreo) y su raro talento para el emblema y casi el jeroglífico a la hora de representar discursos abstractos, como los que jalonan los detalles jurídicos del abogado Gold. En suma, un brillante ejercicio de cómic de aventuras con el sabor de los clásicos, que es también una defensa de lo que nos hace ser lo que somos: todo lo que dejamos atrás sin dejarlo del todo.

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