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2006. Zidane: triste epílogo para una gran carrera

El cabezazo de Zidane a Materazzi. El cabezazo de Zidane a Materazzi.

El cabezazo de Zidane a Materazzi.

Alemania repetía como organizadora del Mundial más de 30 años después de aquel campeonato del 74 y aspiraba con fundamento a que el resultado final fuera igual de bueno para sus intereses. La selección de Jürgen Klinsmann sonaba muy bien, con gente como Kahn, Lahm, Schweinsteiger, Ballack y los polacos Klose y Podolski, y además jugaba en casa, así que la impresión general era que partía con un punto de ventaja. Claro que una cosa son los pronósticos y otra lo que ocurre sobre el césped, y en los estadios alemanes se iban a citar un puñado de selecciones con ganas de hacer algo grande.

Estaba Brasil, con dos jugadores como Cafú y Ronaldo que estaban en condiciones de unirse a Pelé como tricampeones del mundo -bien es cierto que Ronaldo no jugó ni un minuto en Estados Unidos- y su clásica constelación de figuras: Ronaldinho, Roberto Carlos, Kaká, Adriano, Robinho... También Francia, todavía bajo el mando de un Zidane a un paso de la retirada y con supervivientes del éxito del 98 como Henry, Barthez, Thuram, Trezeguet y Vieira. Estaba, claro, Argentina, en la que ya aparecía un jovencísimo Lionel Messi junto a Riquelme, Aimar, Tévez, Saviola o Ayala, entre otros; Portugal, con el veterano Figo y el efervescente Cristiano Ronaldo; la Inglaterra de Gerrard, Beckham, Lampard, Owen o Rooney; Italia, siempre Italia, con Del Piero, Pirlo, Totti, In zaghi, Cannavaro... Incluso tenía sus opciones España, con un plantel rejuvenecido en el que Luis Aragonés incluyó hasta a diez futbolistas que en años sucesivos lo ganarían todo.

Ocurrió que todos los favoritos cumplieron con el pronóstico... salvo Francia, segunda en su grupo tras Suiza, lo que acabó resultando fatal para la selección española, abocada a un cruce con los galos en octavos de final que salió cruz para los de Luis.

A partir de ese 3-1 a España, Raymond Domenech encontró su once tipo, gobernado por Zidane, y Brasil y Portugal fueron cayendo para que les bleus alcanzaran la final. En Berlín, sorpresa, no esperaba Alemania, sino una Italia fiel a su esencia que había acabado con la favorita selección local con dos goles en los minutos 119 y 121. Una Italia que ganaría su cuarto Mundial en una final que requirió prórroga tras el 1-1 y de la que salió algo maltrecha la figura de Zinedine Zidane, autor del 1-0 con un penalti a lo Panenka y expulsado casi al final a instancias del cuarto árbitro, el sevillano Luis Medina Cantalejo, por darle un cabezazo a Materazzi tras un rifirrafe dialéctico con el central italiano. Un triste final para uno de los grandes de siempre.

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