Betis-Granada

A los blandos se les detecta rápido (2-0)

  • La pobre cosecha y la mala ejecución ofensiva del Granada le hace sucumbir ante un Betis que juega con uno menos durante toda la segunda parte. Los verdiblancos sentencian a balón parado.

No es la primera vez, y ya sería conveniente que fuera la última, que el Granada pierde un partido esta temporada en el que, a poco que hubiera hecho sólo un pelín mejor las cosas, la cosecha de puntos no sería nula. El Betis ganó porque fue infinitamente más listo que el equipo de José González. Merino supo leer el encuentro que le plantearon los rojiblancos en todo momento y sólo con orden defensivo y picardía, el Betis se alzó con un triunfo que todavía no se cree.

 

Paradójicamente, a los granadinos les vino fatal que los heliopolitanos se quedaran con uno menos al comienzo de la segunda parte. Ya se demostró contra el Sporting que teniendo que llevar el peso del juego al Granada le cuesta un mundo crear oportunidades de gol. Ayer, con una velocidad menos que el jueves, el equipo se estrelló ante un Betis que esperó en su campo, salió a la contra y buscó con denuedo las acciones a balón parado. Así fue como desequilibraron un marcador que pedía un 0-0, el resultado que hubiera sido el justo. N'Diaye a la salida de un córner y Rubén Castro, de falta con el tiempo cumplido y con Biraghi de portero, dejaron a los granadinistas con cara de nabo y lamentando una oportunidad de sumar fuera que a ver cuándo se vuelve a repetir.

 

Podría decirse que el encuentro de ayer lo ganó el Benito Villamarín. Desde la justa, a la vez que tonta expulsión de Vargas (53'), la grada se echó encima de Iglesias Villanueva, que ya tenía el partido condicionado por su excesivo bajo rasero en las tarjetas amarillas. Esa presión del público le influyó para no pitar un penalti claro de Bruno sobre Barral (70') que hubiera cambiado muchísimas cosas. Fue la grada la que compensó la inferioridad de su equipo sobre el césped condicionando al colegiado y contagiando a los suyos de unos ánimos que por sí solos parecían provocar el fallo de los granadinos. Fue el Villamarín el que evitó que el Granada se diera de bruces con el Betis y el que empujó a gol el testarazo de N'Diaye.

 

Había pasado demasiado poco hasta el fatídico minuto 84. José planteó un partido como el de Riazor, con el equipo replegado, cediendo el control del balón al Betis, y esperando una contra. Los rojiblancos estaban madurando bien a su rival, que sólo podía inquietar a Andrés por culpa de algún error individual, como uno de Rubén Pérez, muy mal ayer, que propició una contra bien cerrada por la defensa granadina, quizás la mejor noticia del partido. Todo estaba saliendo bien hasta que Merino cambió el sistema del Betis. Quitó a Cejudo para meter a Jorge Molina, colocar un 4-4-2 como el del Granada, y le entregó la pelota a los de José González, que ahí tuvieron más problemas para ver de cerca a Adán.

 

Hasta ese momento el Granada se acercó hasta el marco bético pero con demasiada candidez. Un disparo de Success rebotado para Adán (1'), un roce de cabeza de Babin que no cogió puerta (18') y un pase atrás de Miguel Lopes al que Peñaranda no atacó, si no que esperó (18'). La variante del entrenador bético dio paso a los mejores ataques locales. La oportunidad más clara la firmó Musonda que avanzó en diagonal y finalizó cruzado para que Andrés detuviera en dos tiempos (30'). Jorge Molina dio por cerrada la primera parte con un chut dentro del área tras darse la media vuelta al que respondió el arquero murciano.

Betis y Granada estaban esperando el fallo del que tenían delante. Como el jueves ante el Sporting, el partido era de gol de oro: el que marcara se llevaba el partido. Cualquier detalle mínimo podía decantar la balanza y ese debió ser la expulsión de Vargas en el 53'.

 

La roja tuvo efectos catárticos para el que la sufrió. El Betis se cerró más aún en su campo y evitó que el Granada tuviera espacios para atacar. Eso sólo hizo resaltar los problemas para atacar en estático de los rojiblancos. Lentos en la ejecución y espesos de ideas, al equipo no le faltó actitud. Más bien careció de método y físico para hacerle cosquillas a un Betis que se defendía con rigor y sin conceder ocasiones flagrantes. El bagaje ofensivo de los de José se quedó en un cabezazo de Babin y que esta vez obligó a trabajar al portero (58'), y en un disparo en posición forzada de Rochina tras pared  con El Arabi que Adán detuvo en dos tiempos (72'). Success tuvo la última del Granada cuando se metió dentro del área pero con poco ángulo le pegó muy alto y desviado.

 

No había hecho el Betis nada de medio campo en adelante hasta el gol de N'Diaye. Los rojiblancos, pardillos totales, concedieron casi de forma seguida dos acciones a balón parado, una de ellas de córner. Joaquín la puso y el senegalés se hizo hueco entre las marcas para levantarse y cabecear a gol. Se tragaron la tragedia que se mascaba. Fue anecdótico que Joaquín fallara sólo ante Andrés y que luego el árbitro se equivocara echando al murciano en un mano a mano con Rubén Castro. El canario aprovechó que Biraghi se puso bajo el arco para hacer el segundo. Aunque el Betis fuera muy listo, aún no se lo puede creer.

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