Covirán Granada-Río Breogán

Sólo el Palacio estuvo a la altura

  • Los de Pin, que no plantaron cara al Breogán, estuvieron arropados en todo momento por una afición envidiable

El coliseo nazarí no dejó de animar.

El coliseo nazarí no dejó de animar. / Antonio L. Juárez / PHOTOGRAPHERSSPORTS (Granada)

Como esa chica de diecisiete, que guarda con ilusión la indumentaria para su graduación con la intención de brillar en un día especial, el Palacio de los Deportes de Granada esperaba ansioso para vestir sus mejores galas. Los sastres para la imperdible cita fueron los hinchas rojinegros, comandados por un Frente Nazarí que estuvo más de tres horas tiñendo de color el coliseo. Globos, lonas, banderas, bufandas, pancartas, bombos, hasta un DJ a pie de pista… Todo estaba listo para vivir lo que se presuponía, independientemente del resultado, una noche histórica.

Mal comienzo

El inicio, en el sentido más estricto de la palabra, alentó a la gradería aún más de lo que ya estaba. Bamba Fall ganó la posesión y Alex Murphy la hizo buena. El Palacio era un hervidero. Lo que no podían imaginarse desde sus asientos era lo que vendría a continuación. El Río Breogán fue un ciclón que aplastó sin piedad a los locales en el primer cuarto con una diferencia de hasta dieciséis puntos en el marcador. Hundió a todos menos a la hinchada, que se dejó la voz intentando levantar los ánimos de un equipo muy tocado psicológicamente.

El Frente Nazarí no dejó de animar. El Frente Nazarí no dejó de animar.

El Frente Nazarí no dejó de animar. / Antonio L. Juárez / PHOTOGRAPHERSSPORTS (Granada)

El empuje desde fuera del parqué, una constante, insufló de energía a los que vivieron el partido desde dentro. La escuadra nazarí, que llegó a ir por detrás en más de veinte puntos en el segundo cuarto, encontró respuesta –aunque breve– en las manos de sus mejores jugadores: Bropleh y Christian Díaz.

Sin reacción

La reducción de la ventaja, que aún era considerable, encendió a una afición que parecía llenar el Palacio si sólo atendemos al número de decibelios. El calor llegó hasta la pista y provocó un movimiento clásico en el banquillo granadinista: Pablo Pin se deshizo de su chaqueta para dar paso al ‘outfit’ de los apuros. Como cuando estás jugando al FIFA con un colega y te dejas caer hacia adelante, doblando toda la espalda y con la cara pegando al televisor.

Ni aun así. El Río Breogán volvió a silenciar lo único que estaba en su mano: lo acontecido sobre la cancha. Los cánticos desde la grada, los aplausos de ánimo y los gritos venidos desde el público eran innegociables y lo único a la altura de un encuentro de este nivel.

Vencidos

Los presentes sólo encontraron sosiego en el descanso del duelo, con las clásicas pruebas en busca de premio por parte de miembros de la gradería. El estado anímico del plantel pudo resumirse en una de las estampas que se vislumbraron desde la grada: Fernando Bailón, directivo rojinegro, se acercó al ‘presi’, Óscar Fernández-Arenas, para darle un abrazo que pretendía saber a estímulo.

Aficionados muestran la bufanda del extinto 'Cebé' Aficionados muestran la bufanda del extinto 'Cebé'

Aficionados muestran la bufanda del extinto 'Cebé' / Antonio L. Juárez / PHOTOGRAPHERSSPORTS (Granada)

Ante el pobre comienzo de la segunda mitad –el Covirán Granada necesitó más de cinco minutos para anotar– el Palacio de los Deportes respondió con un canto que demandaba más orgullo que cualquier otra cosa: el mítico “échale huevos”. Con el partido finiquitado desde mediado el tercer cuarto (el Río Breogán aventajó a los locales en treinta puntos), lo único que pedía la grada era dar la cara.

Homenaje

El último cuarto, innecesario en cuanto a lo deportivo, fue un homenaje de la grada al esfuerzo del equipo durante toda la temporada. Un curso lleno de dificultades y marcado por la ausencia de voz en las canchas, en el que se llegó hasta el final, no puede quedar emborronado por un choque de pesadilla en el que no salió absolutamente nada. Fue habitual ver en pie a la grada con cada sustitución de los titulares (Bortolussi se llevó la mayor ovación), que se fueron yendo uno por uno mientras el Frente Nazarí pedía la colaboración de “todo el estadio”.

El pitido final desató una estruendosa aclamación, a la que se sumó el presidente, por parte de todos los presentes en el coliseo nazarí. Los jugadores se unieron, en piña, para decir adiós a una campaña (casi) de ensueño justo antes de que algunos, como Christian Díaz o Gonzalo Bressan, rompieran desconsolados a llorar. El broche final a una demostración de pasión, clase y elegancia por parte del Palacio de los Deportes llegó con el levantamiento del trofeo, aplaudido por los locales. Otra vez será.

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