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Educación

Alemania: educar para el trabajo industrial

José Ignacio Rufino Rus

El sistema educativo alemán es en buena parte un trasunto de su estructura sectorial. El hecho de que el PIB de Alemania se origine en un 27% en un sector industrial consolidado, inversor, competitivo, innovador, de alto valor añadido y marcadamente exportador tiene que ver con que buena parte de la población joven opte por cursar lo que allí se llama "sistema dual", es decir, una opción de formación consistente en combinar los estudios académicos tradicionales con el trabajo en empresas, normalmente como aprendices en compañías manufactureras. 

 

La estrategia alemana de educar para el trabajo es compartida por bastantes países de su entorno geográfico, aunque la impronta industrial alemana convierte al sistema dual en algo hecho por y para ese país. Fue el ministro de Educación Wilhem von Humboldt quien, en el siglo XIX, impulsó el desarrollo del sistema VET (siglas en inglés de Formación Educativa Vocacional). Hoy, tan importante es social y económicamente esta adecuación entre la oferta y la demanda del mercado de trabajo que, de hecho, la tendencia en la marcha de variables macroeconómicas está muy correlacionada con las variaciones en el mercado de la formación ocupacional vocacional, que así se puede traducir con más precisión el llamado sistema dual. Cuando la economía alemana cobra tono, el mercado laboral vocacional se fortalece (o sea, se acompasa y ajusta la oferta de trabajo de aprendices con la demanda), y viceversa.

La fórmula de empleo combina -también de una forma muy propia germánica-- la colaboración sin complejos entre el Estado controlador y, en su caso, provisor, y la iniciativa empresarial que se beneficia de una mano de obra incipiente, a la vez que cumple una función social de primer orden. En los últimos años, por ejemplo, se cifra en alrededor de un tercio la proporción de empleados del metal que estaban en régimen de "tiempo limitado", forma habitual de la formación profesional vocacional, normalmente 24 meses; mientras que en la transformación del metal, la ingeniería mecánica y el automóvil los estudiantes empleados por tiempo limitado alcanzan un 25% del total de la fuerza de trabajo empleada. El debilitamiento del ritmo de crecimiento alemán en los tres últimos años, sin embargo, va mermando algo esta pujanza ocupacional. Por contra, es precisamente la crisis la que va abriendo hueco a aprendices que se van consolidando en detrimento del recurso del empleador a captar fuerza de trabajo ya veterana.

 

Es evidente que el tupido tejido empresarial alemán es el campo abonado para que este sistema funcione, su equivalente en España, la llamada FP, sigue estando aun más desprestigiada que el sistema académico clásico. Es también sumamente conveniente, a estos efectos, que la industria alemana cuente con grandes conglomerados empresariales, así como con un notabilísimo número de medianas empresas transformadoras. De hecho, los estudios recientes apuntan a las empresas de entre 10 y 200 trabajadores como las más proclives a incrementar su participación en los programas de empleo consustanciales a la formación vocacional por tiempo limitado. Lamentablemente, de momento, es poco probable que países excesivamente terciarizados -o, dicho de otra forma, poco industriales- como España, puedan importar con éxito estas prácticas de educación para el empleo, sea por cuenta propia o ajena.

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