Tribuna sobre la candidatura de Podemos-IU-Adelante que encabeza Antonio Cambril Darse importancia

Antonio Cambril, junto a su número 2 y número 3 Antonio Cambril, junto a su número 2 y número 3

Antonio Cambril, junto a su número 2 y número 3 / G. H.

En una foto reciente, tres candidatos impecablemente trajeados salen al campo de fútbol ocupando las posiciones centrales y más adelantadas en el estrecho túnel de vestuarios y orillando a otros dos candidatos y una candidata, que casi tienen que subirse por las paredes o a la chepa de sus rivales para salir en la imagen. Esos tres candidatos han conseguido que los veamos más grandes, más fuertes, más importantes. Sus partidos son importantes. Por sus rostros, diríamos que realmente se sienten importantes.

Se pregunta Hobbes en el Leviatán por qué los humanos tendemos a considerarnos más sabios que los demás. Su explicación es que el talento propio lo vemos de cerca y el ajeno, a distancia. Cuando Hobbes escribía estas frases ya hacía tiempo que Brunelleschi, Alberti y los grandes pintores del Renacimiento italiano habían establecido unas leyes de la perspectiva en virtud de las cuales si una figura ocupa más centímetros que otra en el cuadro no tiene por qué ser más alta o más importante: solo está más cerca.

A partir de la observación de Hobbes uno diría, sin embargo, que cuando sus contemporáneos medían los atributos propios no aplicaban la perspectiva renacentista sino la llamada perspectiva "jerárquica" o "teológica". Esta, presente en la pintura religiosa medieval y en el arte egipcio, representa a ciertos individuos más grandes de lo que son, en función de su categoría.

En medio de esta pugna indisimulada de egos, me gratifica el lema de Cambril: "Yo no soy importante"

A la política granadina tampoco han llegado noticias de Italia. Sin embargo, dado su incontinente politeísmo, creo que no es la influencia del arte gótico, sino la del egipcio, la que explica la pervivencia de la perspectiva teológica. Pues no solo se dan importancia los candidatos de partidos bien establecidos, como los tres de la foto: otras deidades locales han sentido mal representado su talento y encabezan candidaturas de partidos hechos, sin duda, a su medida.

La duda surge al establecer esa medida: ellos y ellas ven su partido tan grande como su talento; sus críticos ven su talento tan pequeño como sus partidos. Ciertamente, los candidatos y candidatas ven su partido y su talento de cerca; sus críticos los ven de lejos. Quizá a todos les falte perspectiva.

En medio de esta pugna indisimulada de egos, me resulta gratificante el lema de la campaña de Antonio Cambril: "Yo no soy importante". Luis Chacón recordaba hace poco en este periódico la frase de Churchill: "el problema de nuestra época consiste en que sus hombres no quieren ser útiles, sino importantes". Creo que Antonio quiere ser útil y que no se siente importante. Lo creo porque cuesta colocarle en la primera fila para las fotos y porque ha costado convencerle para que encabece la candidatura. Me puedo equivocar. Quizá a mí también me falte perspectiva. Pero cuando vuelvo a mirar la foto del periódico no puedo evitar sentir desconfianza hacia los tres hombres que estallan ufanos en la primera fila y simpatía hacia el individuo que avanza a duras penas, por el lateral, con sonrisa amable y responsabilidad a la espalda.

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