2011 Elecciones

La mejor sonrisa con mano de hierro

  • La alcaldesa de Adra pudo ser secretaria general de su partido y optó a la presidencia de la Diputación de Almería

MARI Carmen Crespo aspira a repetir mayoría en Adra. Nadie le ha regalado nada. Todo lo ha logrado en este noble oficio, ahora vituperado, con trabajo.

La alcaldesa, también parlamentaria andaluza popular, dirige los destinos de su pueblo con la mejor de las sonrisas, aunque con mano de hierro. No ha dejado nunca nada al azar y no lo va a hacer ahora. Al contrario. Planifica, programa, proyecta y ejecuta habiendo sopesado todas las posibilidades. La improvisación no forma parte de su argumentario. Claro que no contó con la crisis que ha llevado al Ayuntamiento al borde de la bancarrota y a la limitación de su sueño, que no es otro que hacer de Adra un municipio próspero en turismo, rico en agricultura, triste en ladrillo y con el peso que merece en la provincia.

El eslogan "Puerta de la Alpujarra" sigue vigente, aunque los objetivos se han quedado en proyectos, los proyectos en ideas y las ideas han sido barridas por el huracán de la crisis. No por ello Crespo va a cejar en el empeño. Al contrario. Su modelo ha sido el desarrollo rápido de Roquetas y sólo ha alcanzado una parte de lo que dibujó en su cerebro.

Lista, que no inteligente; ágil, que no audaz; visceral, que no templada, Mari Carmen Crespo ejerce el poder con criterio, aunque a veces abofetea la mesura. El Parlamento Andaluz y la política regional la ha curtido en el arte de la negociación, la flexibilidad y, en más ocasiones de las necesarias, en los excesos verbales que la pierden frente a sus enemigos.

Pudo ser secretaria general del Partido Popular de Almería y sus compañeros le pasaron por encima; pudo ser candidata a presidir la Diputación y se conspiró para hundir su propuesta. Formó parte del grupo que se dio en llamar "las mujeres" y a punto estuvo de costarle prestigio y poder. Aún así y pese a sus declarados enemigos, serpentea en la política en la misma medida que le tienden zancadillas y sale airosa, al menos por ahora, de todas y cada una de las emboscadas a las que se ha visto sometida. Todo un arte, en unos tiempos en los que el romanticismo en política pasó y en los que priman lobos y lobas, disfrazados de corderos, que a poco que te descuides, chass, te devoran.

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