Mónica Vergés Alonso | Responsable del Archivo del Museo Nacional de Ciencias Naturales "Cuando un país invierte en ciencia siempre es un país rico"

"Cuando un país invierte en ciencia siempre es un país rico" "Cuando un país invierte en ciencia siempre es un país rico"

"Cuando un país invierte en ciencia siempre es un país rico"

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Nació en Tortosa en 1961. Estudio Filosofía y Ciencias de la Educación en Barcelona, ha trabajado en el Centro Unesco de Cataluña, en la UNED y hace 27 años se marchó a Madrid. Tiene tres hijos. Vivió en Sevilla tres años, "fueron años muy felices. Descubrí cosas muy interesantes". Forma parte del Cuerpo de Conservadores de Museos y ha pasado por algunos de ellos hasta llegar al Museo Nacional de Ciencias Naturales, en 2016. Le "chifla" su trabajo, el deporte, el teatro, la cerámica, la naturaleza y, sobre todo, el mar. "Soy una persona muy disfrutona".

-¿Qué cuenta el Archivo del Museo Nacional de Ciencias Naturales?

-El archivo es un compendio de la historia natural del país desde que se inició, a mediados del siglo XVIII, hasta el presente. El museo es, además, un instituto de investigación que depende del CSIC y, por tanto, es un hervidero de laboratorios e investigadores. Fue el primer museo público del país. Desde que se fundó en 1771 hasta hoy, la documentación que genera es continua y además el archivo tiene la categoría de histórico, lo que quiere decir que todo lo que ingresa en él debe ser custodiado de forma permanente. Para cualquier historiador de la ciencia es un lugar muy atractivo porque aquí puede encontrar toda la información de las expediciones científicas del XVIII, surgidas con afán de conocimiento para tener un papel en la Europa de la historia natural.

"La conciencia de conservar lo que genera una institución está en nuestro ADN, y lo sabían hace 200 años"

-¿Qué papel tuvo España entonces?

-La revolución científica se inicia en el siglo XVI, pero España, que fue la primera nación que dio la vuelta al mundo, no participa en ella. Con la Ilustración, España se quiere reenganchar a Europa, despegar con el conocimiento, y en ese momento la Corona está muy implicada en todo lo que es al avance de la historia natural. Y todo lo que ocurre desde 1752 hasta el presente está aquí, y en otros archivos como el del Real Jardín Botánico, que también depende del CSIC. Y es que nuestro siglo XVIII con Carlos III fue la bomba. Le debemos mucho porque apostó por la ciencia, el progreso y la cultura. Este museo es muy importante, muy importante, uno de los más importantes del mundo. Fue el primero en montar un esqueleto de un animal fósil a finales del XVIII. Es un hito en la historia de la Peleontología. Y aquí trabajaron los principales taxidermistas del mundo, que fueron los hermanos Benedito.

-Archivos que son contenedores de aventuras y aventureros.

-Sí. Los expedicionarios eran unos románticos, valientes, amantes de la ciencia, de la naturaleza y muchos murieron en el intento. Fueron muchos los viajes que se hicieron durante los siglos XVIII y XIX, pero hay algo muy importante en ellos y es que no tenían un sentido de conquista y evangelización, sino que España se da cuenta de que hay que aportar a la ciencia para progresar. La ciencia, a la larga, es una inversión. También ahora, claro. Cuando un país invierte en ciencias siempre es un país rico, pero hay que tener un poco de visión de futuro, no de inmediatez. Por eso este archivo es tan fascinante. Si en España con lo poco que invertimos destacamos, pues imagínese si se invirtiera de verdad. No nos valoramos, somos un país laborioso y con mucha resistencia al desánimo. Podríamos conseguir grandes cosas, más aún.

-¿Los investigadores de hoy tienen ese espíritu romántico de entonces?

-No lo sé (risas). Lo que pasa que hoy los investigadores están abrumados por la burocracia. Las justificaciones administrativas son de locos, pero en otros países no ocurre así.

-Lo importante es que ya en los inicios había conciencia de conservación.

-Todo lo que tiene que ver con las bellas artes, como tiene que ver con el disfrute y tenían un valor monetario, se ha conservado. Pero lo referente a la ciencia no se ha conservado del mismo modo porque se considera como un instrumento de trabajo, de uso, no de disfrute. Pero como la Administración es muy organizada y todo lo conserva, pues se han conservado muchas cosas. Es decir, la conciencia de conservar todo aquello que genera una institución pública está incorporado en nuestro ADN. Lo sabemos hoy y lo sabían hace 200 años.

-¿Qué pieza destacaría del archivo?

-Pues conservamos un archivo iconográfico y fotográfico que es una preciosidad. Antes de la llegada de la fotografía, los estudiosos necesitaba de dibujos y hay láminas de zoología maravillosas, hasta 12.500, y hasta 20.000 fotografías. Son obras de arte de gente de muchísimo nivel. Y hay un conjunto que es de los más importantes del mundo, la colección zoológica del siglo XVIII Van Berkheij. Reúne todas las especies animales por entonces conocida. Son casi 7.000 dibujos y grabados.

-¿Ha imaginado alguna vez que las criaturas del Museo reviven por la noche, como en el cine?

-No lo sé (risas). Claro, es un museo biológico y tiene un componente vivo importantísimo. Alguna vez, cuando salgo tarde, y paso por las vitrinas..., pero yo creo que a nadie nos gusta estar solos aquí (ríe).

-Ofrecerá una conferencia dentro de las VIII Jornadas de Archivos Privados Archivos y naturaleza, que se celebran del 20 al 22 de marzo en Jerez, que abrirá Miguel Delibes.

-Hablaré del archivo a través de la historia del museo. Y me encanta que se organicen jornadas así porque sopesan el valor de los archivos en el ámbito científico, no sólo en el ámbito de la cultura y las bellas artes. Hacen algo muy importante.

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