Estreno en el Senado

Francisco José Alcaraz, el primer parlamentario nacional de Vox

  • Esta semana se ha estrenado como ocupante del escaño 302 del Senado.

  • Desde el gallinero del Grupo Mixto ha seguido los debates del que será el último pleno de la legislatura, sin votar ni una sola vez.

Francisco José Alcaraz (en la última fila, en el centro), el primer parlamentario nacional de Vox Francisco José Alcaraz (en la última fila, en el centro), el primer parlamentario nacional de Vox

Francisco José Alcaraz (en la última fila, en el centro), el primer parlamentario nacional de Vox / Kiko Huesca (EFE)

Francisco José Alcaraz, primer parlamentario nacional de Vox, ocupa desde este martes el escaño número 302 del Senado, situado en un extremo del gallinero del grupo Mixto, desde donde ha seguido los debates del que será el último pleno de la legislatura, sin votar ni una sola vez.

Su estreno en la Cámara Alta ha sido extremadamente discreto pese a la expectación generada por su incorporación al hemiciclo, ya que ni bajó a acatar la Constitución ante un ejemplar de la Carta Magna, una vez que ya lo había formalizado ante notario, ni se ha movido casi de su escaño ni ha participado en las votaciones.

Un novato que desconoce las iniciativas del orden del día

Ello no obedece a ninguna razón ideológica, según ha explicado el ex presidente de la Asociación de las Víctimas del Terrorismo (AVT), sino a una mera cuestión de coherencia, argumenta, porque al tratarse de un "recién llegado" y un novato a efectos parlamentarios desconoce por completo el contenido las iniciativas del orden del día.

Así que en todas y cada una de las votaciones del último pleno del Senado de la XII Legislatura el indicador luminoso del tablero se ha encendido en blanco en la casilla del escaño 302, el número de Vox en el Parlamento nacional.

Su inquilino, que seguirá siendo senador tras las elecciones del 28 de abril porque es uno de los nueve senadores elegidos por el Parlamento de Andalucía, ha pasado casi desapercibido en sus primeras horas parlamentarias, sentado al lado de la senadora Elvira García, ex representante de Podemos, con la que ha intercambiado algunas impresiones, al igual que con algún senador de Ciudadanos.

Silencio en la Cámara Alta pero no en Twitter

Tiempo ha tenido para escribir algunos tuits al hilo de lo que escuchaba decir a los oradores de la mañana. "Por fin ya se han atrevido a nombrar en el Senado las tres letras de Vox, insultan y atacan pero no se atrevían a decir el nombre. Ya lo escucharán cuando vayan contabilizando votos de quienes estamos cansados del daño que hacen a España y a los españoles", ha escrito en uno de ellos.

Palabras que contrastan con la discreción que ha mantenido en la Cámara, a la espera de que tras los comicios su formación consiga "como mínimo", dice, los diez senadores que le permitirían tener grupo propio en la Cámara Alta.

Marginado, "afortunadamente"

Y aunque afirma que sí se ha sentido "marginado" en su estreno en el Senado, añade que "afortunadamente" ha sido así, porque no quiere tener el más mínimo trato con uno de sus obligados compañeros del grupo Mixto, Jon Iñarritu, de EH-Bildu, al que considera "amigo" de los etarras que asesinaron a su familia en 1987.

Desdeña Alcaraz el calificativo de "ultraderechista" que se atribuye a su formación al considerar que se trata de una mera "etiqueta" de sus oponentes para no entrar en el debate político con Vox, y lamenta la "hostilidad" y los "insultos" que ha percibido en las discusiones del hemiciclo desde que ocupa el escaño 302.

Debates alejados de los ciudadanos

Unos debates muy "partidistas" demasiado alejados de los problemas de los ciudadanos, añade en una breve conversación en uno de los antiguos pasillos del Palacio del Senado, ahora salpicados de obras de arte contemporáneo de la exposición El poder del arte.

El desafío del "golpe de Estado" en Cataluña, el apoyo a los pequeños empresarios y el impulso a la sanidad pública son tres preocupaciones que cita a vuelapluma pensando ya en la próxima legislatura y en el empuje electoral que augura a Vox, no sólo el 28 de abril, sino también el 26 de mayo.

Las señales acústicas de la llamada a votación le hacen interrumpir su conversación para dirigirse hacia el hemiciclo, a toda prisa, por unos pasillos que aún le resultan desconocidos. Para no votar.

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