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Nadie sabe si habrá Gobierno

  • Hace tres meses que Sánchez y sus colaboradores intentan desesperadamente lograr los apoyos necesarios y, a pocos días para el decisivo jueves, nadie sabe qué puede ocurrir.

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Nadie sabe si habrá Gobierno

Mañana a las 12:00 se inicia en el Congreso la sesión de investidura con Pedro Sánchez como candidato a la Presidencia. Presentará su programa y, por la tarde y durante la mañana del martes, intervendrán los portavoces de todos los grupos, a los que responderá Sánchez uno a uno o en bloque. Al final, se votará.

Exactamente 48 horas más tarde, como marca la Constitución, será la segunda votación si en la primera no alcanza Sánchez la mayoría absoluta. En esta segunda convocatoria el candidato se convertirá en presidente si se dan más votos a favor que en contra. Es el objetivo de Sánchez, que sabe desde que conoció los resultados de las elecciones que era impensable la mayoría absoluta y que lleva tres meses tratando de que sus adversarios más encarnizados se inclinen por la abstención para seguir de presidente.

Hace tres meses que Sánchez y sus colaboradores intentan desesperadamente lograr los apoyos necesarios, y cuando faltan pocos días para el decisivo jueves, nadie en este país, ni siquiera el candidato, sabe qué puede ocurrir. No por falta de disposición a negociar, Sánchez y Adriana Lastra, con Carmen Calvo, José Luis Ábalos e Iván Redondo desde la retaguardia han hecho un esfuerzo ímprobo por convencer a los más reticentes. Hasta ahora sin cantar victoria por el empecinamiento en el no de sus interlocutores o por la desidia.

Si Rajoy pasará a la historia por ser el primer presidente que renunció al ofrecimiento del Rey a ser candidato a la Presidencia, Sánchez será el primero al que algunos adversarios se niegan a hablar con él, como ha ocurrido con Albert Rivera, que a la última llamada respondió que estaba harto de hablar sin que hubiera ninguna posibilidad de llegar a nada y, por tanto, no quiso acudir a una nueva y supuestamente definitiva cita. Y eso que desde la misma noche electoral Sánchez había acariciado la idea de un pacto con Cs, no sólo porque sumarían mayoría absoluta sino porque no tenía ninguna confianza en un pacto con Pablo Iglesias. Ninguna. Por la experiencia anterior en la que Iglesias exigió lo que sabía que Sánchez no podía aceptar, la Vicepresidencia y los cinco cargos más importantes de un Gobierno de coalición y, segundo, porque el nivel de confianza entre Sánchez e Iglesias es nulo. Ni se fían uno del otro ni sienten la menor simpatía.

Mal momento para PP y Cs

Tampoco existe sintonía entre Sánchez y Rivera. Pero el primero confiaba en su capacidad de seducción y también en que creía que para Cs un pacto con el PSOE cortaría de cuajo el malestar profundo en la formación naranja por formar parte de lo que los socialistas y otras fuerzas de izquierdas llaman despectivamente el trifachito, el acuerdo entre PP, Cs y Vox. Acuerdo que ha provocado una profunda crisis interna en el partido de Rivera, con la baja de algunos nombres prestigiosos de su partido, y que ha recibido la peor noticia esta semana cuando se ha sabido que el hombre al que Rivera presentaba como el principal referente ético e ideológico del partido, Francesc de Carreras, anunciaba su adiós. Con un ingrediente añadido muy grave para Rivera: que la baja se hizo efectiva en abril a través de una carta enviada por De Carreras a la Ejecutiva... y que Rivera no trasladó ni informó sobre ella a la dirección de su partido.

El presidente de Cs no atraviesa su mejor momento, con un sector importante de la dirección abogando por la abstención que permita gobernar a Sánchez e impedir un Ejecutivo con Podemos. No ha cedido Rivera, hoy más solo que nunca y con las encuestas coincidiendo en que en caso de nuevas elecciones recibiría un castigo en las urnas. Por la no abstención pero también por la incoherencia de negociar cargos para Cs en gobiernos regionales y municipales con el PP, y con los votos de Vox. Ése el quid de la cuestión, la negativa absoluta de Rivera a participar en cualquier tipo de reunión con miembros de Vox a pesar del poder que ha logrado Cs es gracias a la colaboración con ellos.

También un sector del PP defiende que el partido saldría de su precaria situación actual –el PSOE lo dobla en escaños–, con la pérdida abrumadora de votos por políticas equivocadas de Casado, si en un gesto de estadista, el líder popular ofreciera a Sánchez la abstención a cambio, entre otras cuestiones, de que el futuro Gobierno se comprometiera formalmente a no gobernar en Navarra con el apoyo de Bildu, se comprometiera a no subir los impuestos y también a no indultar a los independentistas catalanas.

Casado sigue empeñado en el voto negativo, pero en su entorno afirman que la puerta no está cerrada definitivamente y que en septiembre podrían cambiar las tornas. El problema es que Sánchez ha anunciado que si no sale elegido la próxima semana, no volverá a presentar su candidatura, lo que provocaría elecciones en otoño. Es la causa de que, cuando está a punto de comenzar la sesión de investidura, Sánchez no sepa a qué atenerse respecto a su elección. Este fin de semana pretende hablar nuevamente con Casado y Rivera... sin ninguna garantía de que cambien su posición aunque tanto uno como otro son conscientes de que cada vez con más los miembros destacados de sus respectivos partidos que se inclinan por dar estabilidad a este país permitiendo la creación de un Gobierno estable, sin Podemos dentro.

'Descubriendo' a Iglesias

Podemos. En ningún partido, ni siquiera en el PSOE, se vive con más convulsión los días previos a la investidura. Sánchez está cargado de razón cuando explica que no puede aceptar a Iglesias en su Gobierno, porque "no defiende la democracia", refiriéndose a la posición que mantiene Podemos respecto a Cataluña.

Las palabras del candidato presidencial han sentado como un tiro en Podemos, pero no deja de sorprender que ahora Sánchez haya descubierto a Iglesias. Es un político que defiende un referéndum en Cataluña, está a favor del indulto a los presos políticos, no tiene clara la separación de poderes del Estado, no acepta la Monarquía, hace una interpretación imposible y demagógica de las cuentas del Estado y defiende los regímenes de Venezuela, Cuba e Irán. Sin embargo, sólo cuando Iglesias exige ser ministro, parece Sánchez darse cuenta de quién es el hombre con el que ha pactado todo lo que le ha convenido hasta ahora, incluida la moción de censura a Rajoy.

Sánchez ha dejado la puerta abierta a que entre en el Gobierno alguien de Podemos siempre que no sea Iglesias, lo que demuestra una vez más la ingenuidad e incoherencia del candidato. ¿Piensa que Montero o Mayoral, por mencionar dos nombres, podrían formar parte de su Ejecutivo sin obedecer las consignas de su líder? Se comprende que con estos políticos sea tan difícil hacer pronósticos de futuro, porque carecen de sentido de Estado y de conocimiento de la estrategia y táctica con la que se mueven los grandes personajes de la política.

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