Las claves ...Y Sánchez prefirió el 28 de abril

  • Obligado. El presidente creyó hasta el último momento que los independentistas apoyarían los Presupuestos; al no hacerlo, se vio forzado a convocar elecciones con muy poco entusiasmo

Pedro Sánchez. Pedro Sánchez.

Pedro Sánchez. / EFE

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EL 28 de abril. Las elecciones se celebrarán el 28 de abril, después de haber comprendido el presidente que no se encontraba en condiciones de continuar.EL 28 de abril. Las elecciones se celebrarán el 28 de abril, después de haber comprendido el presidente que no se encontraba en condiciones de continuar.

Los independentistas, los mismos que auparon a Pedro Sánchez al Gobierno al apoyar la moción de censura contra Mariano Rajoy, han puesto punto final a una legislatura que Sánchez esperaba completar y, más aun, prolongar durante los siguientes 4 años. 

Nunca pensó que perdería el apoyo de PDeCAT y ERC, nunca pensó que cabía la posibilidad de que otro dirigente político se convirtiera en presidente en la próxima legislatura, nunca pensó que su principal socio, Podemos, iba a sufrir una quiebra interna que pondría en riesgo la mayoría que necesitaba Sánchez para ser presidente y, desde luego, jamás pensó que además de perder la ley más importante de un Gobierno, la de los Presupuestos Generales del Estado, perdería también el afecto, el respaldo e incluso el respeto de un sector importante de sus votantes. Porque Sánchez, y es probablemente lo que más le duele, no ha convocado elecciones con un tono de voz vibrante y esperanzador, sino que en el momento del anuncio se vio a un presidente en declive, anímicamente bajo, que posiblemente está pensando ya en su futuro como ex presidente.

Cataluña ha sido el escollo que no han podido superar Sánchez y su equipo de gobierno. El eternamente optimista Sánchez -excepto cuando perdió la secretaría general del POSE, que entró en depresión aunque ahora publique un libro llamado Manual de Resistencia- jamás barajó la posibilidad de que, como le ocurriera a Rajoy, los independentistas se negaran a dialogar sobre nada si el gobierno no aceptaba previamente que su referéndum de autodeterminación. El excelente concepto de sí mismo que tiene el presidente le impedía aceptar que también él fracasaría. El viernes Carmen Calvo anunció formalmente el final de las negociaciones con los independentistas, pero hasta el mismo día de la votación de Presupuestos, el miércoles siguiente, creyó Sánchez que tendría el apoyo independentista. De ahí la cara de consternación con la que salió el presidente del hemiciclo tras la votación fallida.

Apoyo de Pablo Iglesias

Una semana antes había recibido en La Moncloa a un Pablo Iglesias que le alertaba sobre las intenciones de los independentistas, y le daba a entender que si el gobierno quedaba en precario, él no podía convertirse en su único apoyo el resto de la legislatura, pues se hundiría aún más su partido. Aun así el líder de Podemos quiso hacer un último esfuerzo y contactó con dirigentes de ERC y PDeCAT para intentar que reconsideraran su posición y salvaran a Sánchez, haciéndoles ver que si llegaba un gobierno de la derecha estaban condenados a otro 155 y a la ruptura de cualquier tipo de diálogo con "Madrid".

Ante la sorpresa de Iglesias y de Pedro Sánchez, a los independentistas no pareció preocuparles la posibilidad de la falta de negociación con un nuevo gobierno: hace tiempo que están muy divididos, advierten la disminución del apoyo social porque los catalanes están cansados de inestabilidad y manifestaciones, y de las peripecias de Puigdemont y Torra. Creen además los independentistas que les ha ido mejor con el victimismo que utilizaban cuando gobernaba el PP que durante las eternas negociaciones con Sánchez y Carmen Calvo. 

A Pedro Sánchez le ha costado asumir su situación de absoluta precariedad. El resultado andaluz no le hizo sufrir excesivamente porque se le presentaba la posibilidad de acabar con la carrera de su detestada rival, Susana Díaz; pero en contra de lo que había previsto, la ex presidenta se ha puesto el traje de líder de la oposición y no piensa quitárselo. Planta cara al secretario general del PSOE desde su feudo andaluz. El presidente por otra parte tiene enfrente a dos varones de peso, Emiliano García Page y Javier Lambán, Ximo Puig no ha sido nunca un sanchista entusiasta y el extremeño Vara ha empezado a distanciarse del presidente a pesar de que había anunciado, cuando Sánchez recuperó la secretaría general, que acataba el resultado y el reelegido secretario general podía contar con su lealtad a pesar de que había apoyado a Susana Díaz.

Oráculo y asesor

La situación por tanto no era buena para el presidente del Gobierno, que más que refugiarse en el grupo que le sacó de la depresión y le dio el impulso moral necesario para ganar las primarias -Adriana Lastra, Ábalos, Susana Sumelzo, Rodríguez de Celis, Margarita Robles- pasaba largas horas de conversación con su oráculo y jefe de gabinete, Iván Redondo, el analista político que le encandiló cuando ganó las primarias a Susana Díaz y que convenció a Sánchez de que podía ganar la moción de censura a Mariano Rajoy si la presentaba cuando la Justicia acababa de implicar a Rajoy en el caso Gürtel. 

La presentó, la ganó, se convirtió en presidente e Iván Redondo pasó a ser el hombre al que más ha escuchado Sánchez desde que vive y trabaja en La Moncloa. De hecho, cuentan los ministros que es quien lleva la voz cantante en las reuniones de los lunes del presidente con la vicepresidenta Carmen Calvo, el ministro de Fomento y secretario de Organización del PSOE José Luis Ábalos, la portavoz parlamentaria Adriana Lastra, Redondo y el Secretario de Estado de Comunicación Miguel Ángel Oliver. 

La fecha del 28 de abril la decidió Sánchez con su equipo más cercano, el que se reúne los lunes, y Redondo informó sobre la situación política que hoy vive España y cómo se puede plantar cara a las encuestas que dicen, unánimemente, que el PSOE ganaría ahora mismo las elecciones pero la caída de Podemos y el auge de Vox daría el triunfo a un Gobierno de centro derecha de Ciudadanos, PP y Vox.

Para Redondo, la fotografía de la plaza Colón del pasado domingo, con Casado, Rivera y Abascal compartiendo escenario, es demoledora para Ciudadanos y podría llevar a Rivera a no participar en un Gobierno acordado con PP y Vox, mirando hacia un Sánchez ganador y un perfil más moderado, más centrado, tras romper con los independentistas. El problema es que ningún sondeo recoge que PSOE, Cs y PNV sumarían suficiente … y es dudoso que en ese caso contaran con el apoyo de Ciudadanos, porque para ese partido letal cualquier tipo de pacto con Podemos dentro. Pero por otra parte sabe Sánchez que Rivera no quiere ver a Vox ni en pintura. Tras el 28 de abril no se puede descartar ningún escenario, pero en este momento las cuentas no le salen a Pedro Sánchez para seguir gobernando, ni siquiera a través de decretos ley, y no ha encontrado otra salida que convocar elecciones para ver si ocurre el milagro de vencer a las encuestas y mantenerse en Moncloa.

Las elecciones generales serán por tanto un mes antes de las autonómicas, municipales y europeas del 26 de mayo. Pero, atención: antes de esa fecha, tendrá que constituirse la Mesa del nuevo Congreso, y se verá entonces qué combinaciones políticas se hacen. Todo un dato para que los que acudan a las urnas el día 26 sepan ya cómo respiran los partidos … y con qué esquemas pactistas se mueven.

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