Dietario de España

Cuando las cloacas se desbordan

Vuelve el fantasma de la corrupción al PP: un asunto que no prescribe. Cospedal le pidió a Villarejo que tratara de evitar que se publicara "la libretita" de Bárcenas. Aguirre imploró al ex policía que retirara su acusación del caso de su aparcamiento en la Gran Vía

El ex comisario José Manuel Villarejo en una de sus visitas a la Audiencia Nacional.

El ex comisario José Manuel Villarejo en una de sus visitas a la Audiencia Nacional. / EFE

Cuándo se convierte un caso de corrupción en algo viejo para un partido? Desde el punto de vista judicial, tiene sus fechas, sus intensidades y sus sentencias. Electoralmente, para sorpresa de cualquier observador, muchas veces prescribe antes de tiempo. Y, mediáticamente, la corrupción no prescribe nunca. Más o menos es eso. El intento de la nueva dirección el PP de despachar las nuevas revelaciones en torno a Cospedal y Villarejo como un asunto "viejo" y periclitado no le va a funcionar. Máxime, cuando el coordinador nacional del PP, Elías Bendodo, mete en la misma frase los papeles de Bárcenas y los eres de Andalucía, considerando algo "viejo" solo el caso que afecta a la financiación del PP y a los sobresueldos que percibían hasta 18 dirigentes, incluyendo un M.R. que, según el juez, "indiciariamente" se correspondía con Mariano Rajoy, entonces presidente del Gobierno. Los casos feos nunca son viejos, aunque sí son cansinos. Pero no es lo mismo.

La "libretita" de Bárcenas

Los audios de VIllarejo -esa máquina engrasada para esparcir toxicidades- ponen de relieve la preocupación que existía en la dirección del PP por "la libretita" del ex tesorero Luis Bárcenas, cuyo contenido, a la postre, terminó costándole el Gobierno a Rajoy. Difícilmente puede considerarse un caso viejo y por lo tanto sin interés para los ciudadanos. La obligación de Feijoo y su nueva dirección es decir que es cosa del pasado, pero años después nadie ha sido capaz en el PP de salir públicamente a pedirle disculpas a los españoles y a admitir que aquel enjambre de ilegalidades y subterfugios fue un error grave. Más allá de la ocurrencia del finado Pablo Casado de mudar al partido de sede, como si la mudanza de la calle Génova tuviera un poder taumatúrgico y regenerador, nadie en el PP ha explicado cuáles son los nuevos protocolos internos para evitar que estos comportamientos se reproduzcan, cuál ha sido la depuración interna que han hecho, cómo se han reforzado los órganos internos de control y cuáles las garantías de que no se volverá a repetir.

Maniobras en la oscuridad

Mariano Rajoy es registrador de la propiedad, María Dolores de Cospedal, abogada del Estado. Pero actuaron como una pandilla juvenil haciendo cosas que no podían hacer. Y hay que admitir que una parte de la sociedad tampoco le ha concedido nunca especial gravedad a esta práctica de los sobresueldos. Aunque la tiene: es un fraude al Estado, una acción ilegal perpetrada por el presidente del Gobierno y los cargos del partido y el Ejecutivo saliente. Es un caso grave más que viejo. Es un caso en el que se presionó a los jueces para borrar nombres del sumario, en el que se trató de ascender a los policías que llevaban la investigación para apartarlos del caso. Un caso en el que se mezclan las cloacas policiales, los sobres de dinero negro, las escuchas ilegales, el poder y la venganza. Por esto y por otros motivos puede tener claro el PP que el caso aún está vivo.

Aquel congreso de Sevilla…

De los tres candidatos con más opciones en el congreso del PP de Sevilla, solo Soraya Sáenz de Santamaría, hoy en un despacho de abogados, mantiene intacto su prestigio. Fue la elegida por la dirigencia marianista pero no fue suficiente. Pablo Casado, el vencedor, salió empujado por la ventana por los suyos tras una torpe y agria disputa con la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, a la que empezó por negarle la presidencia y la fecha del congreso de Madrid y terminó con insinuaciones de corrupción e inmoralidad por las comisiones del hermano. Con el fracaso de Cospedal en el congreso acabamos de comprobar que el PP tuvo suerte. Si estas últimas revelaciones la cogen de presidenta del PP -y virtual candidata a la presidencia del gobierno- a esta hora estaría o dimitiendo, o lo que es peor, agarrándose al cargo con las uñas. Cualquiera de las dos posibilidades sería terrible para el PP a unas semanas de las elecciones andaluzas y cuando trata de dibujar un futuro como partido de gobierno. Hay congresos que los carga el diablo.

Esperanza solo sabe bailar cha-cha-chá

Otra de las revelaciones de las grabaciones de la semana afectan a Esperanza Aguirre, ex presidenta de Madrid, ex ministra y ex presidenta del Senado. La pizpireta de alma liberal, deslenguada y provocadora, bajó a las cloacas del señor de las grabaciones para pedirle a Villarejo que retirara a su asociación - un juguetito para presionar y sacar redito- del caso que le afectaba a ella por haber aparcado su coche en un carril bici para sacar dinero de un cajero y poco menos que haberse dado a la fuga golpeando incluso la moto de un policía local. Aguirre iba a ser candidata a la alcaldía de Madrid en unos meses. En las grabaciones implora a Villarejo para que no pida diligencias que la comprometan. En la misma reunión está sentado a un juez, quien aconseja cuál es el camino técnicamente más eficaz para zafar a Aguirre del embrollo. Y ya de paso, como felices colegas en tarde de domingo, comentan lo corrupto que eran el exvicepresidente Ignacio González - a quien tuteló y puso Aguirre- así como los ex consejeros Prada y Granados, quienes efectivamente tienen pendiente juicios por ocho años de cárcel y granado cuentas en Suiza.

Nuestros corruptos

En el transcurso de la conversación, Esperanza Aguirre incluso da por hecho que Prada adjudicó obras relevantes…de aquella manera y ¡siendo ella presidenta¡ Pues es lo que hay. Así se hacía política en señalados lugares de España. Ignoramos si aún se sigue haciendo y si conoceremos mañana las acciones impúdicas de hoy. No es la sanción o la falta de tráfico, es la concepción de la legalidad y del poder. Es la sensación de impunidad para sentarse a la mesa con un inspector de policía mafioso y un juez y pedir que le resuelvan su problema. No hay límites para torcerle la mano a la justicia. Y, lo peor, conseguirlo. Este es otro tema que tampoco es viejo.

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