Eduardo Fernández, Músico

“Este recital es una interacción completa entre oído y vista”

  • Eduardo Fernández, uno de los máximos especialistas mundiales en la obra de Aleksandr Scriabin, llega esta noche a El Cubo de CajaGranada

“Este recital es una interacción completa entre oído y vista”

“Este recital es una interacción completa entre oído y vista”

–¿Cómo ha afectado la pandemia a sus espectáculos?

–En realidad he actuado incluso más que normalmente. El año pasado, pese a la pandemia, ya toqué en el Festival de Granada, y en estos meses he actuado en diferentes partes de España. También he estado en otros festivales y actuaciones importantes durante el último año. Por suerte, España no ha dejado de ofrecer estos espectáculos con todas las medidas de seguridad. Además, Granada se ha mantenido a la cabeza en festivales.

–¿Cuáles son las primeras sensaciones antes de su actuación en el Festival de Granada? ¿Qué diferencias nota con el año pasado?

–Hay muchas ganas de poder disfrutar de eventos culturales de manera segura. El año pasado fue una sensación muy extraña porque era la primera vez que se podía volver a dar conciertos al aire libre. Había pasado poco desde el confinamiento y aún existía mucho desconcierto y miedo. Afortunadamente, el Festival se pudo celebrar con normalidad y este año creo que ya estamos más concienciados con la situación, ya que se han celebrado eventos en todas partes del país. Estoy muy contento porque el público puede disfrutar otra vez de este tipo de música en directo, y los que hacemos esto estamos encantados de poder volver a subirnos a un escenario. También tengo muchas ganas de disfrutar del resto de músicos del Festival, que son espectaculares. Me quedaré unos días en la ciudad para poder ver algunos conciertos como ya hice en la anterior edición.

–¿Podría darme una pincelada de lo que se escuchará en el recital de hoy?

–He escogido 48 preludios sinestésicos de Aleksandr Scriabin –compositor cuya música está repleta de referencias místicas y esotéricas– basándome en un patrón de cuatro preludios por cada tonalidad. De esta manera, los he reordenado por tonalidades y no por orden cronológico, y cada tonalidad se corresponde a un color diferente, acorde con lo que dejó reflejado en su cuadro de correspondencias entre colores y tonos. Normalmente el autor se basa en unas tablas de correspondencia entre tono y color que han sido realizadas por intermediarios o por psicoanalistas como Charles Samuel Myers, pero esta ocasión me rijo por la única tabla de correspondencias que quedó escrita de puño y letra por Scraiblin, y que apareció en un documento llamado La partitura de París de Prometeo varios años después de su muerte. En definitiva, este recital es una interacción completa entre oído y vista.

–En su concierto la sinestesia juega un papel muy importante, ¿la ha experimentado en primera persona?

–No soy sinestésico y Scriabin tampoco lo era. Lo que él pretendía con sus obras era componer de tal forma que todo el mundo percibiera una sinestesia. Cuando estudias el porqué de cada tono, cada golpe y cada detalle, acabas recibiendo esa idea. Así que no, no soy sinestésico, pero sí que percibo esa sugerencia de Scriabin y puedo llegar a entender por qué una parte de la partitura es ‘azul’ y otra ‘verde’, aunque realmente no pueda ver esos colores. Para el autor, los colores están relacionados con el bien y el mal, con lo terrenal y lo divino. Estos preludios son una serie de experimentos de su etapa final, donde básicamente la dividió entre el rojo (demoníaco, el mal) y el azul (celestial, el bien).

–¿Qué puede esperar el público de este recital? ¿Qué mensaje desea transmitir?

–La música de Scriabin es muy optimista, muy espiritual y buscando siempre la elevación física. Lo que intento conseguir con este recital de color y música no es solo que el público se vaya a casa un poquito más entusiasmado, sino que también conozca una parte fundamental de la historia de la música que tuvo un inicio y una intención de continuar con Scriabin, pero que se quedó ahí y no fue a más. No se siguen haciendo este tipo de conciertos que involucran varios sentidos.

–Ha actuado en gran parte del mundo: Latinoamérica, Rusia, Estonia, India...¿Hay más presión por actuar ‘en casa’ que fuera del país?

–En realidad siento los mismos nervios de siempre, con el pequeño añadido de mirar al público y poder ver alguna cara conocida, pero el respeto es igual. El sentimiento es de responsabilidad y de querer estar bien, y eso da igual en Granada que en San Petersburgo. Sí que es verdad que cuando actúas por primera vez en un lugar sientes esa ilusión de conectar por primera vez con un nuevo público, con gente que no ha tenido posibilidad de verte antes. Sin embargo, cuando vuelves asiduamente a un lugar como yo a Granada, hay un clima diferente. Es la misma responsabilidad, el mismo respeto de siempre, pero sientes más confianza y una energía que te recuerda que estás en casa.

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