Festival de Malaga

"No hay películas pequeñas, sólo historias que contar al público"

  • El realizador malagueño Enrique garcía presenta a concurso '321 días en Michigan', una celebración del talento más próximo cuyo rodaje constituyó una odisea digna del 'making of' más riguroso.

Hoy es uno de esos días en que el Festival de Málaga se hace más malagueño, lo que no resulta tan redundante como parece. 321 días en Michigan, el debut en el largometraje de Enrique García, se presenta en la Sección Oficial a concurso como la primera producción netamente malagueña que, en la historia del certamen, aspira a hacerse con la Biznaga de Oro. Un amplio ramillete de actores bien conocidos por el público malagueño (ése que todavía, a estas alturas, acude a sus teatros para ver a sus compañías), con Chico García a la cabeza y completado por Virginia DeMorata, Héctor Medina, Virginia Muñoz, Salva Reina, Juanma Lara, Miguel Guardiola y David García-Intriago, entre muchos otros, ponen cuerpo y alma a esta historia. El protagonista, Antonio, es un joven y brillante ejecutivo que ingresa en prisión por un delito financiero y que, para evitar semejante mancha en su curriculum, hace creer a todo el mundo que se traslada a la Universidad de Michigan a estudiar un master. Pero, más allá de lo que la película cuenta, su materialización fue toda una odisea de la que su primer responsable da buena cuenta en esta entrevista.

Ante el pase de hoy de su película, García se muestra pragmático: "Mis expectativas son las de disfrutar con la proyección, que para eso ha sido gestada la película. Después de tantos años de proceso, a menudo se nos olvida que tanto trabajo es para llenar la pantalla durante hora y media. De lo que sí estoy seguro es de que el Festival de Málaga es el mejor marco que podíamos tener, no sólo aquí, sino en toda España". Alguna vez ha definido García su Michigan con una "película pequeña", pero su discurso ha cambiado al respecto: "Me hacen corregir el concepto pequeña. No hay películas pequeñas, lo que hay son historias que contar y que puedan interesar al público: Pearl Harbour puede ser una película de gran presupuesto, pero ya sabemos lo que es Pearl Harbour. Nosotros hemos trabajado con unas condiciones limitadas, no podíamos pasarnos cuatro meses rodando. Pero hemos contado una historia, y ahora será el público el que decida".

321 días en Michigan tiene su antecedente en un cortometraje que García rodó en la prisión de Alhaurín, Tres razones: "Terminé de trabajar en prensa y tenía claro que quería hacer cine. Y resulta que la primera oferta que me hicieron para realizar un taller fue en la prisión de Alhaurín. Nada más entrar allí, me di cuenta de que aquello no tenía nada que ver con la idea que yo tenía de la cárcel, que es la que tiene mucha gente. De aquella experiencia salió el cortometraje, y desde entonces el norte siempre ha sido el mismo: la posibilidad de mostrar una imagen distinta de la cárcel. No sólo por una cuestión social, sino de introspección: yo me preguntaba qué pasaría si un día lo perdiera todo, y entiendo es que saludable que todo el mundo se haga esa pregunta. Una vez que terminamos el corto, decidimos que había más historias que contar, y de ahí vino 321 días en Michigan". Sin embargo, el rodaje se convirtió pronto en una carrera de obstáculos: "Contábamos con un permiso para rodar en Alhaurín que se revocó poco antes de empezar por motivos que, evidentemente, escapaban a nuestro criterio. Cuando sucede algo así sólo puedes escoger entre dos opciones: olvidarlo todo o intentar dar las vueltas necesarias, achicar toda el agua posible con toda la fe que seas capaz de tener, hasta que encuentres una salida. En este proyecto ha habido momentos duros a la hora de aceptar que lo que tenía previsto contar no iba a poder ser contado tal cual. Pero también he contado con un equipo que ha sido capaz de salir adelante en las situaciones más adversas". La solución no podía ser otra que un cambio de escenario: "Yo escribí el guión pensando en sitios concretos de la cárcel de Alhaurín, donde habíamos rodado Tres razones. Finalmente nos dieron la posibilidad de rodar en la Prisión Provincial e hicimos como Mahoma: llevamos allí la cárcel de Alhaurín, con funcionarios, internos de tercer grado que trabajaron con nosotros y toda la ambientación que pudimos reproducir. Incluso el director de la prisión de Alhaurín, Ángel Herbella, hace un cameo. Nos dieron uniformes y todo lo necesario. Y es curioso, porque cuando hice el cortometraje en Alhaurín muchos pensaban que aquello no era la cárcel. Les parecía más un instituto. Seguramente, la decadencia de la antigua Prisión Provincial nos ha terminado ayudando a hacer más creíble que aquello es realmente una cárcel".

A la hora de adscribir 321 días en Michigan a un género, García muestra sus reservas: "A los presos, en gran medida, les pasa lo que a cualquiera: hay días que están mejor, días que están más ilusionados, otros en que no tienen ganas de hablar con nadie, otros en que directamente se sienten tristes... Es cierto que están sometidos a ciertos agravantes, como el hecho de tener que convivir cada día con criminales. Pero nos interesaba reflejar que la vida en la cárcel sucede con sus momentos buenos y sus momentos malos, como en todas partes. De modo que hay ciertos elementos de comedia, pero también los hay muy dramáticos". En este sentido, García confiere especial protagonismo a la música: el compositor Fernando Velázquez, colaborador de Juan Antonio Bayona en El orfanato y Lo imposible, se hace cargo de la banda sonora, mientras que, con el asesoramiento de Javier Ojeda, también suenan las voces de Pasión Vega y Roberto de Tabletom (en la que es su última grabación) entre otros músicos malagueños.

Tras el estreno de hoy, García presenta mañana en el Foro de Proyectos del festival su nueva aventura: un thriller titulado Noche de Brujas que protagonizará José Coronado. Así que, oigan, esto no ha hecho más que empezar.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios