Pasarela

Lo que los Juegos unió...

  • Los duques de Palma y Roger Federer y Mirka Vavrinec se conocieron entre los ajetreados pasillos de la villa olímpica.

Largas semanas de concentración, competición, de victorias o decepciones, en el trajín de miles de personas entre deportistas, jueces y delegados. Las villas olímpicas bullen en cada edición de los Juegos y por pasillos y comedores surgen encontronazos, amistades y más de una aventura que se queda entre los secretos de las habitaciones. A veces los flechazos se convierten en intensos romances, como bien sabe el campeón suizo Roger Federer. Su incondicional esposa, Mirka Vavrinec, también formaba parte de la delegación helvética (aunque ella es de origen eslovaco) en los Juegos de Sidney 2000. Entre partido y partido, los dos jóvenes tenistas se comprometieron en tierras australianas. Ahora forman una familia muy feliz. En aquellos Juegos los Federer aún no eran muy conocidos, la pareja de aquella edición fue la de la estadounidense Marion Jones, la estrella de la pista, y su marido, el compatriota lanzador de peso Cottrell J. Hunter. La pareja no prosiguió meses después tras detectarse que él se dopaba, llevando a las sospechas a la campeona. Jones se repuso con otro compañero de equipo, Tim Montgomery, a quien el ex acusó a su vez de doparse, llevando así al traste a la pareja.

Lo que había surgido como un amor irrompible, un flechazo desde la cancha, viene en este caso a tambalearse por las actividades empresariales de él. Los duques de Palma se conocieron en los Juegos de 1996, en la norteamericana Atlanta. Iñaki Urdangarín se colgaba la medalla de bronce con el equipo nacional de balonmano, entre los aplausos de la Reina y sus hijos. Pocos meses después se confirmaba el compromiso entre la infanta Cristina (abanderada española en Seúl 88) y el balonmanista, estrella del Barcelona e hijo de una acomodada familia vasca. Urdangarín se despidió en los Juegos siguientes, los de Sidney, donde también alcanzó medalla, fundiéndose al final en un abrazo con la hija menor de los Reyes. Doce años después los rumores de ruptura se añaden a la delicada situación judicial en la que se encuentra el yerno de don Juan Carlos. El propio rey sueco, Carlos Gustavo, conoció a la reina Silvia cuando ella era azafata en los Juegos de Múnich de 1972. No hay nada como una cita olímpica.

Una de las atletas más bellas de Londres, la saltadora de pértiga rusa Yelena Isinbayeva, flamante premio Príncipe de Asturias, mantuvo un prolongado romance con un lanzador de disco argentino, Jorge Balliengo, a quien conoció en unos campeonatos mundiales. La pareja precisamente se rompió con el estrés de la preparación para Pekín en 2008. Las publicaciones argentinas están alerta por si surge de nuevo un chispazo entre ambos cuando se reencuentren dentro de unos días en la pista londinense.

De los amores entre lanzadores, con problemas diplomáticos de la Guerra Fría incluidos, destaca el del estadounidense Harold Connolly y la checoslovaca Olga Fikotova. Ambos fueron oro en Melbourne en 1956 y él tuvo que rescatar a su amor meses después para poder casarse en Estados Unidos. El amor se les rompió en 1973, cuando ambos habían dejado atrás sus respectivas carreras deportivas. Dos paisanos de Fikotova, Emil Zatopek y su esposa, Dana Zatopkova, avivaron su leyenda en la pista con el amor que se profesaban. Se convirtieron en campeones olímpicos, él de 5.000 metros y ella de lanzamiento de jabalina, el mismo día durante la cita de Helsinki en 1952. La medalla ganada por su marido Dana la convirtió en el amuleto para su inesperada victoria.

Otra checa, la laureada gimnasta Vera Caslavska, conoció a su primer esposo, Josef Odlozil, en los Juegos de México en 1968 y se casaron allí. Caslavska, persona non grata en su país entonces por firmar en un manifiesto antisoviético, terminó recalando en tierras mejicanas, donde se divorciaría de su amor olímpico en los 80.

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