Granada

Apuñala a su pareja y la abandona al grito de "salvadla"

  • La dejó en la puerta del centro de salud de Dúrcal, la noche del martes

  • La fallecida tenía 21 años y convivía con el agresor, de 39 años

La mancha de sangre de la víctima seguía la mañana de ayer frente a las puertas del área de Urgencias del centro de salud de Dúrcal. La mancha de sangre de la víctima seguía la mañana de ayer frente a las puertas del área de Urgencias del centro de salud de Dúrcal.

La mancha de sangre de la víctima seguía la mañana de ayer frente a las puertas del área de Urgencias del centro de salud de Dúrcal. / carlos gil

Paró el coche frente al consultorio de salud. Comenzó a pitar y, al grito de "salvadla", huyó a pie, perdiendo incluso una zapatilla que se encontró junto al vehículo. En el asiento del copiloto estaba Leyre, una joven de 21 años que había recibido varias puñaladas en el pecho que le provocaron la muerte. El agresor, un hombre de origen marroquí de 39 años, que fue detenido esa misma noche, era su pareja sentimental y desde hace año y medio convivía en Dúrcal con la víctima, que tenía un hijo de unos dos años. Se trata de la cuarta vida que la violencia de género se cobra en Granada en lo que va de año y la número 25 a nivel nacional.

Rostros serios de dolor, varios corros de personas en los que se comentaba lo sucedido y cada vez más gente que se agolpaba a las puertas del Ayuntamiento de Dúrcal, donde las banderas ondeaban a media asta antes de que dieran las doce de la mañana. El Consistorio había convocado una concentración con la que comenzarían los dos días de luto oficial decretados por el asesinato de Leyre, la última víctima por violencia de género.

"A ella se le veía mucho por la plaza del pueblo con su niño. A veces estaba con alguna amiga e incluso también con él. La madre de la chica pasaba temporada con ellos aquí y cuidaba del pequeño, pero no vivía con ellos. No podemos decir mucho más porque no era muy conocida en el pueblo, llevaba aquí poco viviendo", comentaban varias vecinas que confesaban que aún no podía creerse lo que ocurrió la noche del lunes al martes en la localidad.

En la plaza también estaba una amiga de la víctima que, presa del dolor, no pudo aguardar los tres minutos de silencio que se convocaron por el que se trata del "último crimen machista", según confirmó ayer la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género a través de su cuenta oficial de Twitter. Tal y como indicó una conocida de la joven a este diario, una vecina "la había escuchado llorar" unos días antes, pero cuando le preguntó, la víctima no quiso decirle qué le pasaba. Según relató esta amiga de la joven, tampoco le habían visto "heridas o marcas" que pudieran indicar que era víctima de maltrato.

Pasada la medianoche del martes, un coche irrumpió en el parking de la zona de Urgencias del centro de salud de Dúrcal. El conductor comenzó a pitar y a gritar "salvadla". Acto seguido se fue corriendo del lugar, dejando el coche con las luces encendidas y las llaves puestas, llegando a perder una zapatilla junto al coche durante la huida. En ese momento, José Manuel Guerrero, uno de los técnicos en Emergencias Sanitarias de Dúrcal, recibió un aviso: había una mujer en parada cardíaca en la puerta del consultorio que tenían que trasladar al hospital de Granada. "Eran las 00:15 horas cuando me alertaron de que había una mujer en parada. Me dijeron que me diese prisa porque había que trasladarla al hospital del PTS. Cuando llegué me encontré que la mujer había sido acuchillada varias veces con arma blanca", relató Guerrero a Granada Hoy. Ayer, la mancha de sangre aún seguía en la carretera a las puertas del centro de salud.

"La habían encontrado dentro del coche, pero los sanitarios ya la habían sacado y estaban haciéndole la reanimación cardiopulmonar (RCP). Sin embargo, el médico comentó que ya estaba fría, que estaba muerta", prosiguió este técnico sanitario que confirmó que tras pasar "una media hora haciéndole la RCP", el facultativo "decidió parar" porque conforme se le iba dando el masaje, una de las heridas -muy cercana a la zona del corazón- "sangraba bastante". "Era una puñalada certera que le pillaría alguna arteria pulmonar o la arteria aorta", confesó Guerrero.

Fue entonces cuando desde el mismo centro de salud se dio aviso a la Guardia Civil, que no tardó en desplazarse hasta el lugar. Al llegar, dos agentes de paisano se fueron hasta el domicilio de la víctima -ubicado en la calle Escribano de la localidad- en busca de quien era su pareja, el hombre que la había abandonado malherida en las puertas de Urgencias, al que no consiguieron localizar.

Tal y como indicó Guerrero a este diario, "a los 45 minutos aproximadamente, estaba hablando con uno de los agentes en la esquina del consultorio cuando vi que por encima de la carretera venía andando un hombre sin camiseta y sin zapatilla. En ese momento le dije a los agentes que ahí había alguien y fue entonces cuando los guardia civiles se dieron cuenta de que podía tratarse del agresor", y así era. Se trataba de la pareja de la víctima que en ese momento fue detenido y trasladado posteriormente a la Comandancia de la Guardia Civil de Granada como presunto homicida.

Tal y como pudo saber Granada Hoy, la gran cantidad de sangre hallada en el vehículo apunta hacia la posibilidad de que el homicidio se produjese en el mismo coche, ya que en él también se encontró el arma homicida. Según esta hipótesis barajada por los investigadores, la pareja habría comenzado a discutir mientras viajaban en el coche. El agresor, que iba conduciendo, paró, salió del vehículo, abrió la puerta del asiento del copiloto en el que viajaba Leyre y le asestó varias puñaladas.

Tras ello se dirigió hasta el centro de salud de la localidad durqueña, lugar donde abandonó a la víctima y en cuyos alrededores acabó siendo detenido más tarde. Los agentes también registraron la casa en la que ambos convivían en busca de otros indicios. Durante la jornada de ayer, la Guardia Civil tomó declaración al presunto homicida que permanecerá en dependencias policiales previsiblemente hasta mañana.

La pareja residía desde hace algo más de año y medio en Dúrcal, a unos cien metros de la plaza del pueblo. Según indicaron varios vecinos, la pareja tenía problemas e incluso la Policía Local tuvo que intervenir en alguna ocasión. Pese a ello, no existían denuncias previas por maltrato.

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