Día de Reyes en Granada Noche de nervios, mañana de estreno

  • Tras una larga noche de entrega de regalos, Sus Majestades visitan a los niños ingresados del PTS

Todas las mañanas, para ir al cole deberían ser como la mañana de Reyes, pensarán los padres a primera hora del 6 de enero. No hay noche más corta, ni amanecer más rápido que la del Día de Reyes.

Con los primeros rayos de luz, los ojos como platos y el nervio en el estómago empiezan la carrera de los 10 metros lisos por el pasillo que lleva hasta el salón donde esperan los regalos que dejaron de madrugada Sus Majestades.

Después de saborear la felicidad del envoltorio roto, efímera pero deliciosa, llegan las caras de asombro, el “¿cómo se monta?” y los “esto es justo lo que quería” de los más afortunados, llega la hora de estrenar el juguete o el libro nuevo. Todos a la calle y que el frío intente parar a los miles de niños que acudían hoy a sus parques y plazas.

La ilusión de la mañana de Reyes no la para nadie. Ni Chiquetete –pionero en intentar desvelar el secreto de esta fecha–, ni el Baltasar del País Vasco, ni el Rey Gaspar local que este año en Santa Fe hizo lo propio en el balcón del Ayuntamiento de la localidad ante todos los niños del pueblo.

Por suerte, la magia sigue viva y se alimenta cada año. Ayer, se podían ver en las calles de Granada bicicletas, patines, carros con bebés, figuras de Lego, patinetes eléctricos –la sensación de la temporada–, muñecos de moda como los SuperZings sin olvidar clásicos como el coche teledirigidos. Por supuesto, las videoconsolas en todas sus variantes han llegado a un número altísimo de casas, aunque ese regalo queda para disfrutarlo en interior.

Los Reyes Magos, aún con el cansancio de la tarde de Cabalgata y la noche de reparto, se acordaron como cada año de los niños que han tenido que pasar la noche en el hospital. El área pediátrica del hospital nuevo San Cecilio del PTS recibió esta mañana a Sus Majestades que acudieron a saludar y repartir regalos a los niños ingresados. La visita iluminó la cara de los pequeños pacientes desde que los Reyes Magos cruzaron el umbral de la habitación. La magia y la esperanza necesitan poco alimento, solo un poco de ilusión.

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