Granada

Granada recibe por todo lo alto el temido 2012

  • El espectáculo de luz y sonido del Ayuntamiento fue un 'guiño' a los turistas

Al ritmo de las campanadas, a las doce menos doce segundos, la letanía "que este año no sea peor que 2011" pasaría por la cabeza de miles de granadinos, mientras, sonrientes y nerviosos, intentaban llevar correctamente la cuenta de las uvas y se concentraban en no atragantarse para empezar el año con buen pie y besar a la familia con cierta soltura. El pesimismo rodea a este recién estrenado 2012, pero cualquier excusa es buena para montar una buena fiesta y, si hay que dar la bienvenida a un año incierto, pues se le da. Y por todo lo alto.

Para la Plaza del Carmen, 2011 ha sido un año lleno de emociones. La acampada de los indignados del Movimiento 15-M primero, y la celebración del ascenso del Granada CF después, han llevado a la más emblemática plaza de la capital a convertirse en un protagonista más de la vida política y social granadina. Y ayer volvió a serlo tras reunir a unas 5.000 personas, que decidieron hacer caso omiso del frío y tomarse las uvas frente a la sede del Ayuntamiento para despedir el año y desear a grito pelado un feliz 2012 a todo hijo de vecino.

Poco antes de las doce en punto cesó un poco el alboroto propio del momento -y del alcohol- y todos los congregados en la plaza del Carmen centraron su atención en el espectáculo de luz y sonido que preparó el Ayuntamiento para repasar lo más destacado de 2011. Miles de cabezas, ataviadas con pelucas de colores, diademas luminosas, antifaces, sombreros de copa y los más tradicionales gorritos de cartón, se volvieron hacia la fachada del edificio consistorial, donde se proyectaron imágenes del Festival de Música y Danza, del Retroback, del ascenso del Granada CF a Primera y de los principales reclamos de la capital, en un claro guiño a los cientos de turistas que formaban parte del aforo de la fiesta más ruidosa y emblemática que ayer se celebró en la provincia.

Una vez que entró el año nuevo -después de unas campanadas accesibles, ya que el sonido estuvo acompañado por una proyección que marcaba el momento de ingerir cada uva de la suerte-, el Ayuntamiento disparó un castillo de fuegos artificiales desde la azotea de la casa consistorial que amortiguó el ruido de las matasuegras, de las botellas de champán descorchándose y de las pistolas de serpentina. Luego fue el turno del grupo granadino Funkdación, que animó la primera parte de la velada con un repertorio de conocidos temas de funky, abriendo boca para la fiesta particular que cada uno de los asistentes a la Puerta del Sol granadina tuviera preparada.

Opciones, desde luego, no faltaban. Como en toda Nochevieja, el abanico de posibilidades va desde quedarse en casa para empezar fresco el Año Nuevo hasta asistir a los macrocotillones que, por razones obvias, se organizan cada vez menos en Granada. En medio, las posibilidades más comunes: salir de pubs o discotecas por un centro atestado de gente o apostar por una fiesta privada en casa de algún amigo o en algún local alquilado para la fecha.

María Sahuquieres se decantó por esta última opción, después de dos años pasando el día 1 en una casa rural. "Nosotros nos vamos a Bobadilla, al local del grupo de batukada Sambiosis, que organiza una fiesta abierta para todo el mundo, con la entrada gratis y buenos precios para recaudar dinero. Va a haber reggae, dance-hall, hip-hop..."

La fiesta en casa sigue teniendo muchos adeptos, por motivos económicos y, sobre todo, de comodidad. Especialmente para aquellos que comenzaron a darle la bienvenida a 2012 muchas horas antes de la medianoche. "Yo voy a hacer una fiesta en casa, aunque en realidad llevo ya muchas horas bebiendo y sólo tengo ganas de acostarme. Soy una persona mayor, son muchas cosas", bromea José Luis Montaño, que, con todo, tiene planeado pasar la noche disfrazado de Freddy Mercury junto a sus amigos. Su amigo Antonio Sillero lo secunda. "Vamos a hacer una fiesta de disfraces para que nos salga baratico. Además, hace mucho frío en la calle".

Hay quien ni siquiera tiene la posibilidad de festejar la entrada del nuevo año. José Manuel Ordóñez se marchaba a casa cuando apenas había hecho la digestión de la copiosa comida navideña. "Yo esta noche no puedo salir, que mañana trabajo en la Sierra y tengo que estar en pie a las seis y media de la mañana. Tampoco me importa, es una noche igual a otras".

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