Un nigeriano que llegó como MENA a Granada logra un contrato indefinido con Clece y traer a su familia La historia de Anasso en defensa de la alegría

  • Este nigeriano, que llegó en busca de una vida digna a Granada con 17 años, ha podido traer a su familia a los 35 con un contrato indefinido en Clece como limpiador en el Virgen de las Nieves: una vida de lucha

Esto no es una historia de superación. La mayoría lo son. Esto es una historia contra la falta de empatía y contra las negras conciencias de quienes aún en el siglo XXI siguen jugando a parlamentar de manera xenófoba cobrando del erario público o sin cobrar y contra el problema de los prejuicios que, quién lo diría, siguen vigentes en una parte de la sociedad. Es una historia con nudo feliz, porque el nigeriano Okechukwu Anasso acaba de empezar su segunda vida en Granada con un contrato indefinido como limpiador de la empresa Clece en el Hospital Virgen de las Nieves que le ha permitido traer a su esposa y sus tres hijos 18 años después de llegar a España con lo puesto (como eso que se califica sin pudor un menor extranjero no acompañado) y muchas ilusiones de salir de una vida dramática en su país de origen.

Una historia emotiva y necesaria. De mucho trabajo y esfuerzo. Anasso (su apellido con el que le conocen aquí por aquello de ser más pronunciable que Okechukwu) se reúne con este periódico en el corazón de La Chana –donde lleva diez años– para hacer la foto feliz junto a sus tres hijos: Miracle (Milagros) de nueve años, David de seis y la pequeña Mercy (Gracias) con dos años y a la que conoció hace sólo unas semanas cuando se pudo reunir con su mujer Linda y sus tres niños en la mejor aventura de su vida. 

"Feliz y agradecido" son las palabras que repite constantemente este joven de 35 años atento y que ha tenido que redoblar esfuerzo en turnos de noches, festivos y todos los extras para que fuera posible contar con la manutención necesaria para que el traslado de su familia fuera real. Todo ello gracias a Corazón y Manos, la asociación de Clece que le ha acompañado y llevado de la mano en todo este nuevo camino.

"Me siento muy feliz, no sé cómo poder explicarlo. Es algo superior a estar contento", explica Anasso con muy buena compresión de español, pese a las trabas lógicas. "Es lo mejor que me ha pasado en mi vida", apuntala este joven nigeriano, que además está radiante de que sus dos niños mayores se estén adaptando rápido a su nuevo colegio en La Chana y está convencido de que pronto aprenderán español. A él le encanta su trabajo y respecto a la crudeza de la situación que se vive en el hospital señala que "no tengo miedo porque es mi responsabilidad y con miedo no puedo trabajar".

"Allí en Nigeria algunas veces no tenemos ni para comer. Mis padres son pobres", reconoce Anasso que vio morir a sus dos hermanos mayores por una diabetes que padece la mayoría de su familia y que también se llevó a su madre. Ahora mismo sólo le queda su madre allí en su país.

La responsable de esta asociación, Daniela Macías, relata la historia de un Anasso que con 17 años vio morir a sus hermanos mayores por no tener dinero para comprar la insulina de la diabetes. Entonces, desde su pueblo de Mgbakwu (ciudad de Awka) emprendió el duro camino hasta España por su amor al Real Madrid (nadie es perfecto) y se enamoró de Granada y Andalucía pese a que no era el Dorado. ¡Y tanto que no! Empezó a dar los bandazos clásicos buscando sustento (jornalero y camarero) y aparcacoches, un oficio en el que encontró muchos amigos y trabajó muy duro.

Anasso contando su experiencia Anasso contando su experiencia

Anasso contando su experiencia / Antonio L. Juárez / PhotographersSports

Pero los horizontes los logró gracias a la asociación Arca Empleo que le introdujo en un curso de formación y llegó a unas prácticas con Clece tras aprender a limpiar maquinaria de hospitales. Anasso, el multiusos de poco hablar, empezó a coger estos trabajos temporales como limpiador hasta que se abrió la ocasión de encontrarle un contrato indefinido en el Virgen de las Nieves "por su buen desempeño", la puerta a poder traerse a su familia de la pobreza en Nigeria y el esfuerzo pagado en turnos de noche, horas extra, festivos y todos los complementos con tal de sumar el sustento necesario. Todo, mientras seguía ahorrando y haciendo de aparcacoches para sacar el máximo rendimiento.

"Su jefe se dio cuenta de que iba recogiendo lo que había en las bandejas de comida con tal de ahorrar", señala Daniel Macías, quien a través de Corazón y Manos puso en marcha una gran campaña de ayuda entre los miles de trabajadores de Clece repartidos por todo el país que se volcaron con la historia de Anasso donando lo que podían con tal de que pudiera acercar a su familia (han donado juguetes, carros y otros utensilios).

Los abogados de la asociación trabajaron con servicios sociales para conseguirle un nuevo piso en el que convivir con su familia. Empezaba un arduo trabajo burocrático con varias decepciones hasta que se consiguió poner todo en regla, pero de repente llegó la pandemia y paró el viaje y caducó los visados de su esposa y sus cuatro hijos.

Vuelta a empezar durante meses hasta que en octubre Anasso vio el sueño cumplido de recoger a su familia en el Aeropuerto de Málaga. Un emocionante reencuentro recogido en vídeo al principio de la pieza. El nudo de una historia en defensa de la alegría y la dignidad. Continuará...

Anasso, la imagen de la alegría y la lucha Anasso, la imagen de la alegría y la lucha

Anasso, la imagen de la alegría y la lucha / Antonio L. Juárez / PhotographersSports

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