Granada

Pega una patada a la puerta para salvar a sus vecinos de un incendio en Granada

  • Francisco Campos acudió a salvar a las tres personas que estaban atrapadas tras expandirse un fuego en la entrada de su casa

Unas voces alertan a Francisco Campos que mira por la ventana pensando que se trata de una trifulca callejera. El sonido lo saca de su normalidad instaurada por el coronavirus y afina el oído. Sale a la puerta porque suben los grados sonoros y percibe que hay humo que baja por la escalera a la misma velocidad que las voces pidiendo auxilio.

En ese momento eran en torno a las 16:30 de la tarde de este martes y dos horas después el portal número 5 de la plaza de las Carretas seguía impregnado de olor a humo. Subiendo las escaleras el tufo no solo persiste sino que se intensifica hasta empezar a doler en el pecho, pese al sujeto estar tapado con una mascarilla de atuendo para el virus.

Un piso más y aparece la quinta planta. Una puerta abierta, el conserje retirando los restos de escombro y de cenizas con escoba y recogedor y una familia formada por una mujer y sus dos hijos adolescentes aún en shock porque la vivienda se acaba de quemar por accidente.

Imagen de la entrada del piso incendiado Imagen de la entrada del piso incendiado

Imagen de la entrada del piso incendiado

La familia afectada decide dejar su casa que se encuentra inhabitable porque toda la entrada está calcinada. Se encuentran en el momento después del choque, uno que ha salido bien porque su vecino del primero subió las escaleras “sin pensar” y pegó "una patada a la puerta escuchando voces pidiendo auxilio”.

Francisco señala que no lo pensó, “fue instintivo”. Pidió su bata a un vecino que también había acudido y se la echó por encima para entrar en el mundo negro y ardiente que se había creado en ese piso, al parecer señala, que por culpa de un incienso que había prendido. El vecino tapó a las tres personas que pedían socorro dentro del piso con la bata y logró hacerse paso hasta la salida. “No veía nada, les dije que se agarran a mí y busqué algo de luz para avanzar”. Todo ha salido bien, salvo por una incógnita, “no sé qué ha pasado con el conejo que tenían”. 

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