ayer y hoy

Vicente Espinel y el incendio de la Alhambra

  • El escritor y poeta de Ronda Vicente Espinel estaba en Granada durante el incendio del polvorín de San Pedro que por poco tira media Alhambra

  • Dedicó a la explosión una larga epístola

La estancia de Vicente Gómez Martínez Espinel en Granada en 1590 coincidió precisamente con la explosión que tuvo lugar en el polvorín de San Pedro bajo los muros de la Alhambra. Con tan triste motivo dedicó una larga epístola en versos endecasílabos dirigida al Marqués de Peñafiel, don Juan Téllez Girón, en la que de forma tan poética y al mismo tiempo tan dramática narra los efectos de la trágica voladura que ocasionó lo que hoy es el tajo de San Pedro al pie de la Alcazaba, sin descartar que dicho tajo sea producto además de erosiones y terremotos, dada la estructura geológica de la zona rica en fallas.

Es curiosa la ajetreada vida de Espinel, malagueño de Ronda, ciudad a la que él llama "risco"; soldado, marinero apresado por los corsarios berberiscos, músico de cortesanos y lupanares con su guitarra a cuestas, y el que, por fin, arrepentido de su licenciosa vida, acaba ordenándose sacerdote en Málaga y estudiando bachiller de Arte en Granada en 1589. Esta circunstancia como estudiante en nuestra ciudad fue la que le permitió ser testigo directo de los desastres que causó la voladura del polvorín del Darro (Dauro) en buena parte de las estancias de la Alhambra y en algunas casas de lo que hoy es el bajo Albaicín, pues afectó al convento de Zafra, al edificio de la Chancillería y hasta se sintió en el palacio de Carlos V, según la epístola que nos dejó el mismo Espinel. Así describe parte del desastre el autor de la conocida novela picaresca Vida del escudero Marcos de Obregón: "…Crece la sorda y tragadora llama/traspasa al Dauro, y de un horrible estruendo/pasó al molino y dio la alarma a Alhama/piedras de nuevo y leños esparciendo/que amenazaban la soberbia cumbre/y a trecho van las torres combatiendo/bajan vigas de inmensa pesadumbre/ladrillos y planchas por el aire vago/y espesos globos de violenta lumbre/y en el Alhambra hacen tal estrago/que las reales casas, cual Numancia/de fuego y humo parecieron lago…". La parte de la epístola que dedica al desastre se compone nada menos que 113 versos que aquí lógicamente evitamos.

Hombre de ajetreada vida, fue el el autor de la novela 'Vida del escudero Marcos de Obregón'

Sabemos por numerosas fuentes los destrozos que la explosión produjo y acudiendo a la obra del verdadero cronista de Granada, Francisco de Paula Valladar y según un expediente que él mismo consultó, se rompieron las vidrieras de la sala de las Dos Hermanas; saltaron puertas cerraduras, cerrojos, bóvedas y hasta las tejas del Patio de los Leones; deterioros en el patio de los Arrayanes y muy graves desperfectos en el Salón del Trono y torre de Comares; se vinieron abajo las pinturas del Peinador de la Reina, las yeserías y los vidrios de las bóvedas de los baños; pero lo que más sufrió fue el Cuarto Dorado por estar encima del bosque que daba al polvorín; allí cayeron a pedazos bóvedas, tabiques, artesonados, yeserías de los muros, cristales rotos, etc.

Escena callejera del siglo XVII. Escena callejera del siglo XVII.

Escena callejera del siglo XVII.

Sirva esta crónica granadina relacionada con la Alhambra como pretexto para acercarnos a la obra de este curioso andaluz de Ronda, que como poeta inventó el tipo de estrofa llamada décima o espinela y como músico añadió una 5ª cuerda a la guitarra (la prima a la vihuela), según algunos. Pero que su obra más conocida es la antes citada Vida del Escudero Marcos de Obregón (1618), novela picaresca que mantiene la larga tradición del género en España; basta recordar a La Celestina, o La lozana andaluza,El Lazarillo de Tormes, el Guzmán de Alfarache, Estebanillo González y un largo etcétera que llega hasta nuestros días porque a pesar de que ya andamos por el siglo XXI y a 400 años del Marcos de Obregón, somos tan listos y tan amantes de nuestras tradiciones que hemos sabido mantener y alimentar con celo y a conciencia una España de pícaros, pillos, rinconetes y cortadillos… con decirte que hasta algunos llegan a ministros.

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