Andrés Rosberg, presidente de la ASI

“La vocación del sumiller es hacer feliz al comensal”

  • Se trata del primer latinoamericano que consigue presidir la Association de la Sommellerie Internationale

Rosberg obtuvo su título en la primera promoción de la Escuela Argentina. Rosberg obtuvo su título en la primera promoción de la Escuela Argentina.

Rosberg obtuvo su título en la primera promoción de la Escuela Argentina. / M. L.

Andrés Rosberg es uno de los primeros sumilleres profesionales de Argentina. Obtuvo el título de sumiller en la primera promoción de la Escuela Argentina de Sommeliers, la entidad pionera de la sumillería argentina, es también un Certified Sommelier de la Court of Master Sommeliers, y está cursando su Diploma en el Wine and Spirits Education Trust. Asimismo, en noviembre de 2013 publicó su primer libro, Más allá del Malbec. Conversaciones sobre vino sin dogmas, escrito de manera conjunta con Eduardo “Quintín” Antín, que obtuvo el reconocimiento del Día del Gourmet, elegido por más de trescientas personalidades de la gastronomía, en la categoría “Mejor libro de vinos del año.” El libro también obtuvo el premio mejor libro digital sobre vinos y/o gastronomía del mundo de los Gourmand World Cookbook Awards en China.

–¿Qué le hizo decantarse por esta profesión?

–Creo de verdad que es la mejor profesión del mundo. Creería que principalmente la vocación de servicio, que en definitiva no es otra cosa que encontrar placer en hacer felices a nuestros comensales. También la certeza de que siempre hay más por aprender con cada añada, cada cepa, cada región, cada productor, cada armonía entre un vino y un plato, y hasta cada botella... ¡cada vino es un viaje único e irrepetible!

–¿Y qué es lo que más le gusta de ella?

–Son muchas las virtudes de esta profesión. Disfruto particularmente del intercambio con gente real, genuina, apasionada por lo que hace... ¡nadie es sommelier sólo por dinero! El acceso a experiencias gastronómicas únicas, los viajes a las zonas de producción, el contacto con la naturaleza y los productores, y el hecho de trabajar en un sector con un impacto social, económico y cultural sin igual son sólo algunos de los factores.

–Fue Presidente de la Asociación Argentina de Sumilleres durante algo más de un década. ¿Qué significó aquello para usted?

–Hay un antiguo proverbio que dice “si quieres ir rápido camina solo, si quieres ir lejos ve acompañado”... La construcción colectiva es compleja, pero permite transformar realidades y cumplir sueños también. Fundamos la Asociación Argentina de Sommeliers en 2001 con el objetivo de desarrollar la sumillería en un país en el que los más informados confundían “sommelier” con “sommier”, y los menos ni siquiera registraban el término. En los once años entre 2005 y 2016 que me honraron con la presidencia de la AAS pasamos de ser un par de docenas a algunos cuantos cientos. Organizamos varios concursos nacionales que proyectaron la profesión.... Han sido años invirtiendo mucho tiempo y esfuerzo, quitándole tiempo a la familia y trabajando ad honorem, pero también fueron años de aprendizaje y de lograr objetivos que jamás habíamos imaginado.

–Cuéntenos cómo surgió la idea de fundar la Alianza Panamericana de Sommeliers y cuáles cree que han sido los mayores logros de dicha Asociación.

–Fundamos la APAS en Chile en 2007 junto a las asociaciones nacionales de sommeliers de Canadá, México, Venezuela, Brasil y Chile. Los objetivos eran los de siempre: desarrollar la sumillería en donde existe, y acercarla a los lugares en donde todavía no tiene lugar. Los canadienses ya eran una potencia pero latinoamericanos todavía estábamos lejos de los estándares de la sumillería del primer mundo. A los seis socios fundadores de 2007 hoy se han sumado asociaciones nacionales de sumilleres en Colombia, Perú, Uruguay, Paraguay y República Dominicana, más otras que están en camino también.

–La formación es esencial. Cuéntenos, en su opinión, los pasos académicos a seguir para ser un buen sumiller.

–Hay que tener en claro que la formación en el mundo de la sumillería es un proceso constante por naturaleza. Es un viaje de ida que nunca acaba. Los títulos y concursos que se puedan obtener constituyen más líneas de partida que banderas a cuadros. El vino, las otras bebidas, la gastronomía, constituyen un corpus tan amplio y dinámico que es imposible abarcarlo todo. Encuentro que no hay un único camino en la formación de un sumiller. Hay diversas escuelas, personas que se especializan en uno u otro tema, saberes que se aprenden en un instituto y cosas que se adquieren en un restaurante, pero la vocación de servicio, la humildad, la sed de conocimiento y la búsqueda de la excelencia son elementos centrales, imprescindibles, y comunes a todos los grandes sumilleres que conozco.

"No sé si hay un vino que no pueda faltar, pero sí estoy seguro de que detrás de cada carta tiene que haber un sumiller"

–Apuesta por liderar el consumo de vino responsable. Háblenos de este reto.

–Sabemos que el consumo moderado de vino reporta beneficios a la salud, genera empleo y riqueza de manera ecológicamente sustentable, contribuye a que menos gente se concentre en las grandes metrópolis, y es central en la constitución de una cultura y un estilo de vida que no aliena a las personas. Sin contar que además es sin duda una de las bebidas más ricas del mundo... A mí me entristece ver cómo pequeños bares, bistrós y cafés, tan típicos de la cultura mediterránea, pueblo por pueblo van cediendo su lugar a tiendas de comida rápida o farmacias. ¿Cómo no ser embajadores del consumo moderado de vino, si la alternativa es la trampa de las gaseosas azucaradas, el fast food y la comida hiperprocesada que nos enferman desde pequeños y están detrás de la epidemia de obesidad y enfermedades coronarias que estamos viendo en algunos países?

–¿Cuál es el vino que no debe faltar, según su opinión, en una carta?

–Seguro en Francia dirán que el Champagne, en España pensarán en un buen Rioja o un Ribera del Duero, y en Argentina bregarán seguro por un Malbec, ¿verdad? Yo, sin embargo, no sé si hay un vino que no pueda faltar, pero sí estoy seguro de que detrás de cada carta tiene que haber un sumiller, un curador que comprenda las necesidades y características de cada establecimiento, las necesidades de cada comensal, y le ponga un poco de conocimiento y una pizca de amor a la tarea. De poco sirve, además, tener un vino determinado si después no se lo estiba correctamente o no se lo sirve en condiciones y temperatura apropiadas.

–Siendo argentino, defíname brevemente cómo ve los vinos que se están elaborando en la actualidad en su país.

–Siendo argentino supongo que mi objetividad es cuestionable, pero estoy persuadido de que a pesar de que la vitivinicultura viene de años muy difíciles tanto económicos como climáticos, Argentina está haciendo los mejores vinos de su historia. Hoy lo normal es encontrar Malbecs con menos madera y buscando expresar el terruño del que provienen antes que concentración; Torrontés fragantes y frescos sin el amargor que antiguamente mostraban en el final de boca; Sémillons que vuelven a convertirse en el gran blanco de la región de Cuyo; Cabernets, Chardonnays y espumosos de clase internacional; Pinot Noirs que sorprenden; y varietales menos conocidos que van encontrando su camino y su identidad. A eso se le suma una reciente devaluación de nuestra moneda, así que nunca fue mejor momento que ahora para visitar nuestras zonas vitivinícolas y ponerse al día con sus vinos!

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