Granada

"Con esto de los atentados echo de menos la toga"

  • Casi medio siglo impartiendo justicia da para escribir más de un libro En esta entrevista, el hombre que ha llevado las riendas del Juzgado de Instrucción 6 muestra su lado más humano

Miguel Ángel de Arco (Villacarrillo, Jaén, 1945) ya no imparte justicia, pero nunca dejará de ser 'el juez Del Arco'. Se jubiló en septiembre, después de instruir asuntos con nombre propio, entre ellos el caso Nevada, el caso Alhambra o el caso Los Cármenes. Ha sujetado la balanza durante 43 años y ahora pasa prácticamente de largo por delante de los juzgados de la Caleta. Prepara la segunda entrega de sus memorias. La periodista se aprovecha de la ausencia de toga y le lanza las preguntas a quemarropa.

-Si no hubiera sido juez, habría sido...

-Tuve muchas vocaciones, vocaciones entre comillas. Por ejemplo: misionero, criador de reses bravas, rejoneador, hombre rana, notario y ya está (risas).

-¿Está siendo la jubilación una liberación o una cárcel?

-Creo que hay días para todo. Es difícil de buenas a primeras borrar tantos años de tu historia. Lo que ocurre es que he descubierto que la jubilación, dejando a un lado el tema profesional y aunque ahora se viva más años salvo cuando vienen las enfermedades, supone tomar conciencia de que ha llegado el final de tu vida y que ya estás sometido a un plazo preclusivo, aunque eso existe en cualquier época y en cualquier edad de la vida. Yo creo que eso es lo que más tristeza y más realidad supone: que la vida se acaba. Ahora encuentras otras vivencias y otras ilusiones.

-¿Cuáles son esas otras ilusiones?

-Las ilusiones van con la vida. El acto más simple te hace vivir, como darte cuenta del amanecer, que ha pasado la noche, que vas a un bar a desayunar y vas a hablar de lo humano y de lo divino, que alguien te va a enseñar algo... Yo le saco partido, por ejemplo, a un hecho aparentemente simple como comprar fruta , ver a la gente por la calle... Creo que hay miles de vivencias que te ilusionan para seguir todos los días viviendo y para no querer abandonar la vida.

-¿Echa de menos la toga?

-A veces sí, la echas de menos, para qué nos vamos a engañar. Con esto de los atentados echo de menos la toga.

-¿Qué hubiera hecho con ella?

-Yo tengo cierta experiencia en temas de terrorismo: tuve el levantamiento de cadáver del asesinato de un fiscal, he hecho registros domiciliarios de fanáticos religiosos donde han aparecido considerables cantidades de dinero... Aunque te deje destrozado el sufrimiento de los seres humanos, motiva ver a un fiscal dirigiendo todo el aspecto jurídico. Y te impresiona, por ejemplo, esos policías voluntarios que se meten a cuerpo limpio a que les estalle una bomba. Yo creo que eso es emocionante, aunque no le deseo a nadie que se vea implicado en un atentado terrorista.

-Los atentados de París han horrorizado a todo el mundo. ¿Usted como ciudadano tiene miedo a un ataque yihadista?

-Miedo no tengo, pero sí me ha quitado el sueño ver la televisión y, sobre todo, pensar en la guerra que viene. Bueno, guerra en sentido figurado, porque no puede hablarse de guerra con la desproporción de medios que existe entre unos y otros. A mí lo que más me ha preocupado ha sido que sin darme cuenta he examinado las causas de lo que yo creo como ciudadano que aquí ha pasado y cómo hemos llegado a esto.

-¿Cuáles son esas causas?

-Creo que son complejas e históricas. Por ejemplo, yo me remonto a mi infancia y me acuerdo de las cruzadas, de la colonización, de aquellos imperios... Me acuerdo que a mí me educaron contra los moros y también me educaron contra los catalanes. Me acuerdo de los tebeos aquellos que leíamos, como El Guerrero del Antifaz o El Jabato. Me acuerdo de Santiago Matamoros... Creo que nos han criado en el odio y creo que el ciudadano de a pie no tiene culpa. Nosotros no podemos hacer nada contra el poder ni contra las multinacionales ni contra los gobiernos. Lo que sí tengo conciencia clara es que han declarado una guerra y las guerras no se pueden perder. Ahora nos enteramos de que el Estado Islámico tiene 6 millones de habitantes y una organización económica, pero eso no se improvisa ni nace de un día para otro y, sin embargo, se ha consentido. Estoy a favor de la declaración de emergencia de un país constitucional, pero ¿cuál es la solución, Dios mío? ¿Nos vamos a cargar, valga la expresión, a 6 millones de personas? El resultado serían odios que continuarán y ya tenemos bastantes ejemplos de odios. También vendrá seguramente una crisis económica que todos sufriremos, pero yo no creo que la solución sea cargarse a 6 millones de habitantes tan ajenos a una culpa como muchos de los que por desgracia han sufrido un atentado. También le digo que este problema puede traer consigo un fortalecimiento de la democracia.

-¿De verdad tiró su toga a un contenedor de basura?

-Sí, sí, la tiré, la tiré. Y me quedé descansando.

-¿A qué dedica ahora su tiempo?

-A todas las actividades que anteriormente me han ocupado también cuando tenía el cargo de juez: sigo participando en la dirección de una editorial, sigo leyendo originales, sigo leyendo literatura, sigo escribiendo, sigo oyendo mucha música, sigo disfrutando de la naturaleza... Es decir, me falta tiempo, y entre mis planes está también participar en la dirección y creación de un centro cultural en Granada de índole privada. El edificio está hecho y se pondrá en marcha en poco tiempo.

-¿Prefiere escribir libros a dictar sentencias?

-Para mí siempre ha sido lo mismo escribir una sentencia que escribir sobre la vida, salvando las distancias. Todo tiene unas normas, un destino, una razón de ser. Siempre estás esperando a alguien detrás de una sentencia o detrás de un artículo de periódico; no existimos solos.

-¿Se ha considerado un juez estrella?

-Yo, por vocación, no he sido un juez estrella. Me han tocado casos que me habrán hecho estrella provincial, pero no me considero como tal. La prueba es que no he utilizado esa posible influencia social.

-Por su juzgado han pasado muchos de los casos gordos de la historia judicial reciente de Granada. ¿Cuál ha sido el más difícil?, ¿el que realmente le ha quitado el sueño?

-Te falta imaginación para saber lo que fue un pleito cuando lo llevaste, ¡tiene tantos recovecos! Pero en realidad muchos casos te han quitado el sueño, pero algunos no los conoce nadie, no los conocen nada más que las partes. Es decir, no tiene que ser un pleito con personas importantes y con intereses económicos. Hay pleitos en los que no hay nada más que dos partes, tienen 4 folios y no has dormido con ellos y les sigues dando vueltas todavía.

-¿Se arrepiente de alguna decisión que ha tomado?

-Más que arrepentirse le da uno muchas vueltas a determinados casos y se arrepiente de las cosas que ha dicho, de las veces que se ha ido de ligero, de cosas que a lo mejor no estuvieron acertadas. Pero yo creo que ahí la justificación de que hay muchos papeles, de que tienes mucha tensión y de que tienes mucha gente alrededor que te está apretando para que decidas... Claro que tengo que haberme equivocado muchas veces. Hay que ser tonto para creerse que lo ha hecho uno todo bien.

-¿Lo peor que le puede pasar a un juez es que le revoquen una sentencia?

-Lo peor que le puede pasar a un juez es que no te crea la sociedad, que no tengas nada que decir a la sociedad ni a tu propia familia ni a tus amigos ni a nadie.

-¿Ha dejado más amigos o enemigos en el juzgado?

-¿Enemigos? Pues claro que habré dejado enemigos, pero tengo vivencias de gratitud impresionantes. Recuerdo una sentencia que al final no llegó a nada, que la revocaron por sus razones, y apareció en el juzgado un opositor que me pidió una copia y me dijo luego que la había clavado con una chincheta en la mesa donde preparaba oposiciones. Aquello me sirvió de fuerza. Tenía que haberle regalado la toga a él en vez de tirarla al contenedor.

-¿Cómo lleva las críticas?

-Las críticas me dan miedo si vienen de la gente que yo sé inteligente y objetiva, pero sin críticas no hay posibilidad de que te enmiendes. Tal vez el mayor crítico que haya tenido yo haya sido yo mismo, porque nunca me he encontrado satisfecho. Lo que no me afecta nunca, nunca, es la crítica que no tiene objetividad ni fundamento, esa me da lo mismo.

- ¿Tiene la sensación de haberse dejado algo a medias?

-Sí, me he dejado a medias todo lo que estaba pendiente de finalizar...

-Por ejemplo el caso de los supuestos vertidos de la cárcel. ¿Cree que habrá juicio?

-Es que hablar de una cosa que yo he llevado que está pendiente es muy delicado. Si me apura, es casi una alevosía, es prevalecerme de tener un medio público a mi disposición para dar mi opinión. Yo creo que la sociedad es muy inteligente y que lee por encima de lo que yo o el otro digamos. Creo que aunque en una sociedad democrática el Derecho es lo que el último juez quiere que sea, creo que por encima de la última sentencia que hay que cumplir está lo que piensan los ciudadanos con un sentido de la racionalidad y de la proporcionalidad. En la historia del Derecho hay sentencias impuestas que se están discutiendo todavía.

- ¿Qué le parece el nuevo juez de Instrucción 6, su sucesor?

-Si yo me considero un profesional, él es un profesional. Todos hemos hecho una carrera, tenemos unas oposiciones y ponemos resoluciones. Somos los dos iguales, aunque hasta hace poco él ha tenido una situación jerárquica superior a la mía.

- Ya ha abierto la primera tienda del Centro Nevada. ¿Ha ido?

-Pues no. Un anónimo me ha comunicado que el primer día hubo problemas con el tráfico. Ya se puso de manifiesto que podía haberlos.

-Qué piensa cuando pasa por allí?

-Me sigue produciendo miedo, como cuando pasaba por primera vez y yo creía que estaban haciendo una catedral y luego vino a mis manos.

-Después de instruir el caso Nevada, que es uno de los asuntos penales urbanísticos más importantes que han pasado por sus manos y que más titulares se han llevado, un juez le ordenó que demoliera una casa que se estaba construyendo. ¿Se sintió como el cazador cazado?

-Puede parecer que yo aprovecho la entrevista para defenderme. Me ordenaron tirar la casa y yo tiré la casa. Lo dijo un juez y ya está.

-¿Cree que la justicia está politizada?

-Totalmente. Totalmente en los puesto claves.

-¿Y dónde deja un juez sus ideas políticas?

-Pienso que un juez no tiene por qué dejar sus ideas políticas. Uno tiene sus ideas, lo que ocurre es que no puede poner la sentencia que le da la gana. Tiene que tener unos hechos, aplicar el Derecho y sale un resultado. Claro... ¿es posible evitar que en tu subconsciente haya determinadas ideas? Creo que es imposible.

-Por su juzgado han pasado muchos políticos. ¿Cree en ellos?

-La de político me parece de las profesiones más grandes que hay. Es decir, tienen algo que yo no tengo, que es legitimidad popular y pueden luchar por el bien común. Otra cosa es la situación actual de la política. Actualmente el ámbito y la posibilidad de actuación de un político está terriblemente limitada, pero es una profesión que aunque parezca mentira me da envidia.

-¿Y cómo asiste a la corrupción?

-Asisto a la corrupción de una forma que te deja perplejo, pero la corrupción no son todos los políticos. He hablado con políticos, fuera de los papeles, que ellos son los principales perjudicados y los primeros que se indignan. Me acuerdo de un político que me decía que cada vez que iba a su pueblo el secretario general del partido se le daban de baja un montón. Creo que también el ciudadano tiene mucha culpa en la corrupción: seguimos votando a los mismos que siguen indiciariamente robando. Existen partidos que siguen formando alianzas con gente y con otras formaciones que masivamente tienen problemas jurídicos. No se comprende.

-Sus investigaciones se han caracterizado por ser profundas y, por ende, largas. ¿Qué diría a quienes opinan que en exceso?

-Creo que una investigación que se alarga es defectuosa, pero indudablemente hay investigaciones que para hacerlas bien se dilatan en el tiempo. ¿Por qué se dilatan? Investigar 10 años de Administración son 10 años que ha estado ésta fabricando papeles, y en ocasiones tardan en mandártelos, unas veces porque no los encuentran y otras porque no te los quieren dar. Luego, el sistema que tenemos es en exceso garantista: te inundan de recursos, está todo hecho para dilatar. También está la intervención de algunos peritos. He tenido investigaciones en el juzgado en las que me han mandado los datos falsos, equivocados. Hemos tardado, por ejemplo en el caso de la Alhambra, tres años en que el perito descifrara la mentira que nos habían mandado. No hay peritos oficiales, no se les paga a los peritos... El instructor no da abasto a procesar y examinar los papeles que manda la Guardia Civil o la Policía. Cuando oigo a los tertulianos exigiendo que haya una instrucción rápida me revientan, porque creo que no están en la realidad. Es imposible instruir rápido, aunque sí tenemos ejemplos de que cuando a la Administración y al Estado le interesa la instrucción es rápida. Luego, carecemos de una policía adscrita a los juzgados.

-Ahora se va a escapar de tener que instruir en 6 meses...

-No creo que haya nadie capaz de instruir en 6 meses.

-¿Ha sufrido alguna agresión?

-No, no.

-¿Y amenazas?

-(Pensativo) Sí, alguna vez recuerdo haber descolgado el teléfono y oír "te vamos a partir las piernas".

-¿Algún secreto inconfesable?

-Sí, hay muchas cosas que no están en los papeles.

-¿Con qué adjetivo se definiría?

-Trabajador. Aunque uno puede ser trabajador y pifiarla constantemente. También he tenido siempre mucha ilusión y he preguntado mucho a la gente que me rodea.

-¿Cuáles son las injusticias sociales que más le conmueven?

-Las personas que han nacido ya en una situación de injusticia, las personas que lo tienen todo en contra para salir del pozo, esas que hagan lo que hagan no tienen posibilidades de rehabilitación.

-¿Ha pensado alguna vez en meterse en política?

-Pues no, ni he tenido ninguna oferta, vamos a ser sinceros.

-¿Y si se la hicieran?

-No creo que me la hagan pero ya a estas alturas no tiene sentido. Algunas veces tengo fama de radical y de que no escucho, pero he tenido actividades en mi vida en las que he demostrado que sé oír a la gente y razonar, pues dirigir una editorial [Comares] y publicar 3.000 títulos supone un diálogo con la gente.

-¿Volvería a ser juez?

-Hay pareceres según los días. Yo creo que sí, que volvería a ser juez, aunque hay profesiones que necesitan tanta dedicación que traen consigo un empobrecimiento social, familiar, afectivo.

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