Una efémeride rodeada de sus seres queridos y de jarana

La granadina Cipriana Rojas cumple 100 años en el día de la Cruz

  • La vecina de Chauchina hace un recorrido por su vida en el día de su centésimo cumpleaños

Cipriana Rojas con dos nietas, su hija y biznieta. Cipriana Rojas con dos nietas, su hija y biznieta.

Cipriana Rojas con dos nietas, su hija y biznieta. / G. H. (Granada)

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Un 3 de mayo de 1919 nacía Cipriana Rojas Molina en la localidad de Romilla (Chauchina). La granadina habla sobre de los momentos que más le han marcado en su vida, y aunque en este día tan especial no puede evitar acordarse de aquellos que ya no están, disfruta de la compañía de su gran familia, que cada día crece más, tiene cinco nietos y seis biznietos.

En su vida Cipriana ha hecho de todo, se ha dedicado a diversas tareas desde trabajar en el campo hasta limpiar casas, incluso participaba en lo que se conoce como "hacer la matanza". Rememora cuando le tocaba ir al río a lavar la ropa con una canasta hasta arriba que tenía que cargar durante más de un kilómetro, o cuando todas las muchachas iban a por agua al mismo río.

De las primeras historias en la que se detiene Cipriana es en narrar cómo vivió la Guerra Civil, una época dura que le tocó sufrir a la temprana edad de 17 años. Cipriana cuenta que durante la guerra "no había hombres", y eran las mujeres las encargadas de trabajar.

"La guerra fue el colmo", cuenta Cipriana al rememorar esos años."No había gusto para nada, no encendíamos ni la luz de noche, no salíamos a la calle, pasaron cosas que me acuerdo como si hubieran pasado esta noche, muchas cosas malas", hace memoria.

En la familia de Cipriana eran cinco hermanos y dos hermanas. Recuerda cómo tres de sus hermanos fueron a la guerra y cómo lloraron al verlos marchar. A modo de anécdota cuenta que antes de que empezara el conflicto estuvo "disgustada" con el que sería su futuro marido, y que ya en el frente él le escribió una carta diciendo que "no quería a otra mujer como a ella" y Cipriana añade que no se hubiera casado con otro hombre que no fuera él. Se casaron el 21 de diciembre de 1947, y tuvieron dos hijas.

Terminada la guerra, el matrimonio se trasladó a Burriana (Castellón), ya que destinaron allí a Antonio, su marido, que era guardia civil. Antonio estaba concentrado en Canales, otro pueblo de Castellón, Cipriana cuenta que quiso ir allí con él aunque ya le advirtieron: "aquello es desecho de la guerra, allí no hay nada"  y pese a las circunstancias se fue con él. Cipriana seguía muy ligada a Andalucía y cuenta que volvió a su pueblo natal para dar a luz a su primera hija, su marido tuvo que volver a Castellón y no conoció a su hija hasta pasados ocho meses.

En Castellón estuvieron cuatro años y después volvieron a Andalucía, a Almuñecar, donde estuvieron cuatro meses hasta que le dieron plaza en Granada, en concreto en el cuartel del Humilladero. Un cuartel que había detrás de la Virgen de las Angustias, hoy día ya derruido.

Cipriana se dedicó a ser ama de casa durante los años que vivió de cuartel en cuartel, y está orgullosa de haber sido una buena administradora del poco dinero que llegaba, además cosía mantillas, cocinaba y cuidaba de sus hijas. La granadina habla también de los momentos más duros de su vida como fueron la muerte de su marido y posteriormente la de la menor de sus hijas.

En la actualidad Cipriana no para quieta y sigue dedicándose a las tareas del hogar. Una de sus actividades favoritas es ver la televisión. Le gusta ver programas de política y ver la misa televisada ya que no sale mucho a la calle.

Cipriana no sabe el secreto de la longevidad, pero entre sus trucos se encuentran una dieta equilibrada y hacer ejercicio. Confiesa que siempre ha sido muy presumida y que tiene muy buen cutis porque utiliza jabón de glicerina y crema Mustela. A modo de anécdota una de sus nietas cuenta que hace muy pocos años que viste con pantalones.

Las nuevas tecnologías todavía sorprenden a Cipriana. "¡Qué cosas!", exclama asombrada. Una muletilla que utiliza con frecuencia para comentar cualquier asunto y que a sus nietos les gusta mucho.

Cipriana comenta que podía haberse llamado Mari Cruz, con motivo de la festividad, pero sus padres optaron por Cipriana porque era el nombre de su tío. Ahora celebra llegar a los 100 años rodeada de sus seres queridos.

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