Sanidad

“Un médico ha llegado a decir que esto se quita con dos tortas”

  • Pilar Antelo es madre de una mujer que sufrió bulimia nerviosa con 14 años y aboga por una actuación multidisciplinar para atender a los enfermos

“Un médico ha llegado a decir que esto se quita con dos tortas” “Un médico ha llegado a decir que esto se quita con dos tortas”

“Un médico ha llegado a decir que esto se quita con dos tortas”

Blanca consiguió vencer a la bulimia nerviosa. Ahora tiene 21 años, estudia psicología y a los 14 años sus padres ‘descubrieron’ la enfermedad que sufría. Blanca logró dominar un trastorno que por desgracia sigue matando a muchas mujeres pero el mensaje que su madre Pilar Antelo escribiría en luces de neón es: “se puede”.

Sufrir esta enfermedad no es para esconderse, esa es otra de las premisas de esta madre que desde que corrió esa “carrera de fondo” forma parte de la familia de Adaner asistiendo a otros padres que pasan por su situación. “Hablar de lo que sucede ayudar a reforzar”, mantiene Antelo que narra que pese a pertenecer a una familia de médicos descubrir lo que le pasaba a su hija hizo que se movieran todos los cimientos de su vida.

Al ser una enfermedad “que se esconde”, ella jamás llegó a ver a su hija vomitar y en su caso se encontraron con un problema serio de cara. Otra de las dificultades es que “ellas piensan que van a salir solas”, escollo que se acrecenta dado que las niñas no saben exactamente qué les pasa.

En esta larga carrera, Pilar explica que a nivel profesional ha llegado a oír de todo, desde “el médico de cabecera que dice que eso se quita con dos tortas” hasta que un psiquiatra recomiende a unos padres que esperen a tratar a su hija porque como se mezcle “con otras igual se puede seguir contagiando”.

Denuncia la poca especialización que hay, por ejemplo, dice que lo que sucede en la sanidad pública es que “a una niña con anorexia le colocan un suero hasta que recupera peso y a una con bulimia directamente la atan a la cama”. Normalmente, estas pacientes acuden a la unidad de Salud Mental donde conviven con pacientes con otras enfermedades.

Otro ejemplo: una madre le contaba que al llegar a esa unidad lo primero que se encontró su hija fue con un espejo gigante que se usa con los autistas. “Para estas pacientes ver un espejo es como ver a Belcebú en persona”, sentencia. Además, estos trastornos necesitan “como mínimo un nutricionista y un psicólogo especializados porque esto es otro planeta”, cuenta Pilar que además se encarga de coordinar a los padres que llegan a Adaner.

Para esta madre, el comienzo del viaje fue traumático. Lo que se imaginaba era que las preocupaciones de su hija fueran comprarse ropa o salir al cine con amigos, no la cantidad de sufrimiento que hay detrás. La enfermedad de Blanca se vio propiciada también por un caso de bulliying que sufrió en el colegio durante años y que “estalló en una semana”.

“De pronto te das cuenta de que toda la ropa que se compra es muy grande y se esconde detrás de gorras, aunque piensas que lo hace por seguir la moda del momento”, cuenta ella que también notaba cambios de humor y episodios largos de tristeza motivados por la ansiedad. Normalmente, en estos casos los padres suelen achacar esto a la preadolescencia.

Finalmente la familia descubrió “atando cabos” el trance por el que pasaba su hija y se pusieron en marcha. Su primera parada fue la unidad de Elca y su ánimo fue rotundo. “De esto se sale, no hay que lamentarse ni hundirse, ni tan siquiera se trata de luchar, porque tiene connotaciones de sufrimiento”.

Por eso, para ella la clave está en trabajar muy duro y echarle mucha paciencia”. Habla de paciencia porque explica que estos pacientes “son como Jekyll y Mr. Hyde” que se activan en los momentos de ansiedad.

Estas personas atraviesan por muchas “fases duras” por las que hay que pasar, subraya esta madre, e incluso puede afectar a las relaciones entre los padres por lo que “hay que unirse mucho”.

“Hay cosas peores” dice Pilar y “si esto tiene una salida, hay que echarle muchas ganas y dejar a un lado el sentimiento de culpabilidad” por el que atraviesan en los primeros momentos la familia.

Hay una cosa que Pilar no quiere olvidar nunca. “La gente cree que estas enfermedades se curan comiendo o dejando de vomitar, pero eso es solamente un síntoma, lo que hay detrás es un trasfondo de baja autoestima, problemas de ansiedad o depresión” y eso es lo que hay que trabajar.

En su tratamiento, Blanca trabajó mucho las relaciones con su familia y entorno, “porque hay que cerrar parcelas poco a poco”. Ha sido un camino largo para todos y aunque a día de hoy le quedan pequeños flecos por cortar, Blanca tuvo que estar dos años y medio en la unidad. El alta definitiva requiere tiempo.

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