GRANADA HOY En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

OPINIÓN | PABLO LUQUE | LA TRINCHERA Día 16: Objetivo: rescate Venezuela

  • Me abochornan las actitudes panfletarias de buscar adeptos para la causa en el prime time de mediodía

Pablo Iglesias, vicepresidente segundo del Gobierno, en rueda de prensa Pablo Iglesias, vicepresidente segundo del Gobierno, en rueda de prensa

Pablo Iglesias, vicepresidente segundo del Gobierno, en rueda de prensa / Efe / Moncloa

QUIENES han llegado hasta este día 16 saben que, por corresponsabilidad, no pensaba extenderme en críticas políticas, ni dirimir asuntos más allá de lo que supone este destierro. Tiempo habría corregir y buscar responsables. Pero también quienes me conocen saben que me abochornan las actitudes panfletarias, el regodeo en la imagen pública, acudir al más puro estilo de Trump y su circo americano y esperar al prime time de mediodía tratando, no de solucionar los problemas de esta nación, sino de buscar adeptos para la causa. Vamos, actuar al más puro estilo de Podemos, que en eso son unos absolutos estrategas.

Cada vez me asusta más pensar que estamos en manos de locos y que los efectos nocivos de su incapaz actuar van a afectarnos más, mucho más que el propio coronavirus. No se puede calificar de otra forma a quien alude en una crisis sin precedentes al artículo 128 de la Constitución: "Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general".

En una España pendiente de negociar un rescate que permita proveer los problemas de liquidez a los que de continuo se va a enfrentar en los próximos trimestres, en un país que le falta por hacer pública la reforma económica de la función pública y la rebaja salarial de quienes perciben sus haberes a través del erario público, en un país a quien la crisis está desangrando la escasa capacidad financiera de pymes, autónomos y empresarios, sólo faltaba un iluminado de turno que dedicara sus esfuerzos a rebuscar ganancias políticas en río revuelto, un confeso marxista que cree haber llegado el momento de la revolución popular.

Le emplazo a historias más cercanas de populismo, como la griega o la italiana, a su nefasto resultado y la dureza de su recuperación. Un país que vive del turismo donde el tejido empresarial es esencialmente débil, y el Sr. Iglesias se dedica a espantar posibles inversores y a que los pocos que haya después de su soflama, busquen refugio financiero en lugares más seguros.

¿Es esto lo que deseaba, Sr. Iglesias? ¿Es este el país que pretende dejarnos? Claro, que cuando fracase como fracasará, volverá a vender humo y dirá que la crisis es mundial. Para justificarlo, bastará con cuatro favores políticos en intercambio con cuatro editoriales o voceros que faciliten su argumentario. Entramos en un mundo donde, recordando apelativos del Sr. Iglesias en el congreso, hay que ser sinvergüenza para estar continuamente actuando en función del rédito político que obtenga.

Ya no su liderazgo, que no lo tiene, sino la escasa preparación demostrada, le inhabilita para ejercer la vicepresidencia del gobierno. Nos tomamos a risa sus opciones, pero lo que propone es muy grave y lo pagaremos los españolitos de a pie. Le recuerdo su obligación de confinamiento, por si alguien considera que el artículo 14 de la Constitución no es una quimera y se aplica a todos. También le sugiero, Sr. Sánchez, que tendría aliados si retirara las competencias de su socio de Gobierno y pactara un gobierno de crisis con PP y Ciudadanos. Vista la situación y las tensiones autonómicas que vendrán, necesitará esa fortaleza política.

Hasta tanto se decidan, nos consolaremos con la idea de que, en manos del Sr. Iglesias, siempre quedará Venezuela para rescatarnos.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios