Granada

Una testigo vio a la víctima y la acusada "enganchadas"

  • La mujer no presenció la puñalada pero observó que la fallecida estaba sobre Vanesa sujetándole la mano del arma

"Estaba en la cocina y salí al patio. Sentí muchos chillidos y me dirigí para el portón de mi casa, lo abrí y vi que las dos estaban enganchadas". Con estas palabras describió ayer Dolores F. en la Audiencia de Granada lo que vio el 8 de marzo del año pasado, cuando Vanesa C.H. mató de una puñalada a su concuñada y vecina en el transcurso de una discusión originada por el mal olor de un pañal.

Dolores F. vivía en la misma zona de Atarfe que la víctima y la acusada, y fue la única persona que las vio mientras se peleaban, aunque no presenció la puñalada que costó la vida a María del Carmen C.F., que tenía 17 años y un bebé de menos de un año.

Según narró la mujer, Vanesa y su concuñada se hallaban a unos dos metros del portón de su casa. Vanesa "estaba sobre la colchoneta -una alambrada próxima- y María del Carmen sobre ella, sujetándole la mano en la que tenía el cuchillo".

La mujer precisó que la acusada, que está siendo juzgada por un jurado popular y se enfrenta a penas que oscilan entre los 12 y los 20 años de prisión, tenía la mano en la que portaba el arma "alzada y hacia atrás", pero "no" tenía enganchado el brazo en la citada alambrada. Este es un importante detalle que Vanesa ofrece en su versión, en la que sostiene que su concuñada se clavó el cuchillo ella sola de forma accidental, al abalanzarse sobre ella. Lo que sí confirmó la testigo es que la víctima se encontraba sobre la acusada, "inclinada hacia una lado" y "achuchándola".

Dolores F. fue quien separó a ambas. Lo hizo recriminándoles su conducta y pidió a Vanesa que le entergara el cuchillo. "Yo les dije: ¿No os da vergüenza chiquillas?", indicó Dolores, al tiempo que explicó que tras soltarse, ella cogió el arma y vio cómo María del Carmen se iba hacia su casa y Vanesa se metía en la suya.

Cuando la víctima ya se encontraba junto a su vivienda fue cuando se percató de que tenía la ropa manchada de sangre y pidió a Dolores que llamase a su madre. "¡Lola, Lola, mira, llama a mi mamá!". Esas fueron las últimas palabras que la testigo escuchó pronunciar a la joven, que falleció poco después en el hospital.

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