Granada

Una perra y un gato unidos por una misma pasión: el jamón de York

  • Un perro y un gato son las mascotas que conviven en total armonía en el domicilio del arqueólogo Juan Cañavate; ambos son protagonistas de anécdotas inverosímiles

Existe una regla no escrita que dice que un gato y un perro no pueden convivir juntos, de ahí el refrán de llevarse como "el perro y el gato" pues desde tiempos muy lejanos se sabe que estos dos animales no son precisamente buenos amigos.. Pero siempre hay alguna que otra excepción, como es el caso de Diana y Hemingway, las dos mascotas de Juan Cañavate.

El arqueólogo de la Consejería de Cultura, y autor del libro Granada de la Medina Nazarí a la Ciudad Cristiana entre otros, es una de esas pocas personas que conviven con un perro y un gato aunque, asegura, que ambos son dos miembros más de la familia.

Juan se declina claramente por Diana, su perra, ya que la eligió él, pues el gato es un regalo que le hicieron a su hijo. El arqueólogo afirma que ambos conviven sin ningún tipo de 'roce', ya que durante la mayoría del día "se ignoran entre ellos".

Su preferencia por Diana, y en este caso, por el género canino, viene de mucho tiempo atrás; a Juan siempre le han gustado los perros, ha convivido con mascotas anteriormente, concretamente perros: un yorkshire, una pastora alemana... aunque en una ocasión tuvo un canario, pero no era lo mismo, "demasiado aburrido" confiesa con la misma ironía con que bromeó con que no le gusta tener peces... "pues dicen que traen mala suerte".

A su ya fallecida pastora alemana la evoca muy emocionado. "La compré en Sevilla, en un mercado que ahora creo que es ilegal, el de la Alfalfa", rememora el arqueólogo, quien no tiene más que palabras de sincero elogio para la ya desaparecida mascota al reconocer que es el animal que más le ha marcado: "Los perros se integran muy bien dentro de la familia".

Diana tiene nueve años de dad, su nombre tiene origen en la diosa romana por una razón: "es muy cazadora, lo huele todo, y también se lo come todo... mi perra es una maravilla".

Pero, tras dejar claro quién es el ojito derecho de Juan, Hemingway reivindica su sitio. Con tan solo dos años de edad, el gato puede presumir de la originalidad de su nombre. Se lo puso su hijo en homenaje al escritor norteamericano y, haciendo honor a la verdad, no suele hacer mucho caso cuando la familia llama al felino.

Una diferencia bastante resaltable es que "un perro hay que sacarlo todos los días, mientras que un gato en cambio es totalmente independiente". Tal vez por ello Juan prefiera a los perros, porque son más entretenidos... "El gato va completamente a su bola".

El jamón de York es la obsesión de ambos, "se vuelven locos cuando me ven con una loncha en la mano". Que este embutido sea el plato estrella de la casa para ambos tiene su peculiar historia. Y es que Diana sufre una dermatitis crónica "y la mejor forma de darle la pastilla es envuelta en una loncha de jamón de york". "Cuando el gato descubrió que el perro tomaba jamón de York, a él le picó la curiosidad", recuerda ahora divertido. La medicación debe ser diaria para Diana, ya que cuando tiene contacto con alguna pulga su reacción es inmediata y se produce una dermatitis en todo su cuerpo.

En cuanto a anécdotas, hay para todos los gustos. Diana, cuando era más pequeña, se cayó desde la segunda planta hasta el patio y fue rebotanto por todos lados hasta caer al suelo. Otra vez "se subió a la encimera y ella sola se comió una fuente entera llena de macarrones, sin dejar rebaño alguno, parecía que la fuente estaba recién sacada del lavavajillas", bromea Juan admitiendo que les costó trabajo averiguar qué es lo que había sucedió exactamente... "Hasta que vimos a Diana con la panza llena". Diana duerme en la cama de su hijo pequeño. Desde que llegó a casa, es otra más de la familia. Con sus propias manías y dificultades: "Diana es muy complicada de llevar con correa. Esta perra, como descubra un rastro, se olvida de todo".

Sin olvidarnos de Hemingway, Juan destaca cómo "el gato lleva una vida más particular, de vez en cuando se escapa, vuelve, aparece... Más de una noche se ha quedado fuera de la casa, en la puerta maullando. Nuestra vecina, cuando se lo encuentra fuera, llama a la casa".

En cuanto a la opinión de sus amigos sobre que conviva con estas dos mascotas, asegura que "están todos habituados a esta situación, ya no se extrañan de que compartan su vida con un perro y un gato". Además, Juan está convencido de que no tiene ningún interés en otro tipo de mascotas: "¡Todo lo que no sea un perro ni un gato suele ser aburrido!". He aquí, sin duda, un claro ejemplo de convivencia, de cómo un perro y un gato pueden vivir en perfecta armonía. Si algunas personas aprendieran...

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