Granada CF

La mancha del precursor del Sabio

  • Fue el primer seleccionador español en apostar por el juego de toque

  • Su España brilló en México 86, diez años después de bajar a Segunda División al Granada

Muñoz (izquierda), en la presentación de Megido. Muñoz (izquierda), en la presentación de Megido.

Muñoz (izquierda), en la presentación de Megido. / ARCHIVO j. l. r.

La selección española de fútbol tiene un estilo definido, marcado y reconocible. Un juego de toque, bello, de gusto por el balón y lejos de ladrillos de patada y tentetieso. Todos sitúan a Luis Aragonés como el creador de esta España campeona europea dos veces, y mundial en una. Pero hubo antes un precursor: Miguel Muñoz. La Roja era conocida hasta pasado el Mundial 82 como La Furia. Desde los tiempos de Paco Bru, el combinado siempre se había caracterizado por imponer el fútbol de raza. Por eso le costó tanto triunfar a pesar de funcionar tan bien a nivel de clubes. Tras el fiasco de España 82, Miguel Muñoz se puso al frente de la selección. El madrileño fue el primero en echar el balón al suelo y decirle a la joven hornada de futbolistas que tenía, casi todos los de la Quinta del Buitre, que lo jugaran. Así que, entre la España de Muñoz y la de Aragonés hay 20 años de devaneos, hasta que al final alguien se dio cuenta de que a todos los peloteros de este país les gusta lo mismo.

La importancia de Miguel Muñoz en el fútbol español va más allá de su paso por la selección. Fue la primera persona en conseguir ganar la Copa de Europa como jugador y como futbolista (ambos logros en el Real Madrid), un club exclusivo del que forman parte Giovanni Trapattoni, Johan Cruyff, Carlo Ancelotti, Frank Rijkaard, Pep Guardiola y Zinedine Zidane. A ninguno le gusta tener la pelota, qué va. Pero no solo quedan ahí los logros de Muñoz. Como jugador ganó cuatro Ligas y tres Copas de Europa con el Madrid y como técnico, con el mismo club, otras dos Copas de Europa, una Intercontinental, nueve Ligas y dos Copas. A la selección la llevó de la desilusión del 82 a la final de la Eurocopa 84 y a las semifinales del Mundial 86, su única aparición en esta competición.

Un Mundial que ganó la Argentina de Maradona, Ruggeri y Valdano, entre tantísimos otros, y dirigida por Carlos Bilardo, que veinte años más tarde confesó en Marca que la albiceleste le tenía "pánico" a España, y que cuando esta cayó contra Bélgica en los penaltis durante los cuartos de final, fue "lo mejor para nosotros". Hubiera sido el acabose haber campeonado en México para Miguel Muñoz. Había entrenador campeón del mundo en él. Había hecho de la selección un gran equipo en aquella cita. Merecieron ganar a Brasil, pero el árbitro no vio que el tiro de Míchel había botado dentro de la portería rival (0-1). España pasó a octavos tras ganar a Irlanda del Norte y Argelia, y en esa ronda llegó el despiporre. 5-1 a Dinamarca con exhibición de Butragueño, con cuatro goles. La selección empezaba a ser mirada con respeto, pero la ordenada Bélgica de Scifo y Ceulemans le dejó sin premio en los penaltis. Los cuartos de final, de nuevo, una cordillera infranqueable.

Aquello pasó en el 86. Granada veía y admiraba a Muñoz llevando las riendas de la selección, mientras que el club penaba en Segunda División B. Los rojiblancos no habían vuelto a la élite desde que este entrenador bajó al equipo a la división de plata en la temporada 1975-76. Diez años habían transcurrido. El fracaso todavía resonaba en el ya vetusto Los Cármenes. Nadie esperaba aquel desenlace cuando Candi disparó con pólvora de rey al ficharle. Algunos hablaban de Europa y había motivos. Del equipo solo salieron Montero Castillo, Porta y Toni, y mantuvo al grueso de la plantilla que se había salvado en la temporada anterior. Con algunos retoques y Muñoz al frente, casi todos daban por hecha la permanencia. Y más cuando al final de la primera vuelta el Granada marchaba décimo, sin visos de sufrir a poco que se mantuviera el nivel. Pero la segunda vuelta fue desastrosa, muy condicionada por las lesiones, como la de Castellanos, que además de estar unos meses en el dique seco, en enero anunció su marcha al Valencia por unos jugosos 20 millones. Como dato, el equipo solo marcó cinco goles en Los Cármenes. La caída a la zona baja fue progresiva y en la última jornada, dependiendo de sí mismo, el equipo fue incapaz de ganar a un Zaragoza que no se jugaba nada. Candi aguantó tanto a Muñoz que fue incapaz de revertir la situación. Pesaba mucho, en lo económico y lo prestigioso, despedir a un tótem del fútbol como él. ¿Qué tendrá Granada que hasta a los más buenos los hace malos?

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