Crónica Celta-Granada

Ganar así también vale

  • El Granada muestra inteligencia y personalidad para vencer con solvencia por 0-2 a un Celta al que el VAR dejó con nueve jugadores antes de la media hora de partido

Germán remata de cabeza en una acción del partido Germán remata de cabeza en una acción del partido

Germán remata de cabeza en una acción del partido / Agencia LOF (Vigo)

No hay estadio que se le resista a este Granada CF inolvidable, no va a quedar conjunto que no doble la rodilla ante el ejército de Diego Martínez.

Los rojiblancos volvieron a conquistar Vigo 61 años y pico después de hacerlo por última vez, pusieron la pica en Balaídos con otro ejercicio de solvencia y autoridad que les lleva, en vísperas de que aterrice en el Nuevo Los Cármenes el Barcelona, a la zona de confort de la tabla con siete puntos en cuatro partidos, tres de ellos jugados como visitantes. Impecable.

0-2 ante el Celta para alcanzar la segunda victoria seguida tras la firmada antes el parón en el feudo del Espanyol (0-3). Y otra vez con la portería a cero. Mejorarlo es casi imposible.

No firmó el Granada en tierras gallegas un partido espectacular; tampoco era necesario que lo hiciera tal y como se le puso. Se quedó el Celta con sólo nueve jugadores antes de la media hora por las expulsiones de Jorge Sáenz y de Fran Beltrán.

Las dos fueron rojas directas y en ambos casos la decisión de Prieto Iglesias llegó tras consultar el VAR a instancias de Jaime Latre, que fue quien lo avisó.

Reglamento en mano no se le puede poner ni un pero a ambas tarjetas. El central pisa por detrás a Soldado, en una acción que los trencillas están sancionando con dureza este curso, y el joven medio fue a la calle por impactar con violencia en la rodilla de Antonio Puertas.

Lo curioso es que el árbitro había pitado antes falta del Granada. En principio no amonestó a Jorge Sáenz y sacó amarilla a Fran Beltrán. Fue al monitor y hubo roja para ambos.

Partido de cara, partido trampa

Se puso el partido de dulce para el Granada, sí; mas estos encuentros los carga el diablo, es muy habitual que se le atraganten a los equipos, más si son medio novatos en la categoría, como ocurre con el cuadro rojiblanco, y si enfrente hay futbolistas buenos y pillos, como pasa con este Celta.

De hecho, hasta el descanso apenas creó peligro el cuadro nazarí, como no creyéndose aún que estaba con dos más. Un par de tiros lejanos y un gol anulado a Machís por fuera de juego.

Y nada más porque el Celta tenía fuerza para defenderse y fe para creer en el milagro, y el Granada mucha lentitud en su circulación y pocas ideas ante una defensa cerrada.

El fútbol está lleno de pinches como el que hubiera protagonizado el Granada de no ganar, de gestas como la soñada por Balaídos al verse con nueve con una hora por delante. No fue así. Este equipo es, ante todo, fiable, y lo volvió a demostrar.

Este Granada camaleónico y multifuncional se puso el traje de la inteligencia y la solvencia para recorrer a la perfección el camino que tenía por delante. Parecía un trecho fácil pero estaba cargado de trampas, que eludió a las mil maravillas, hasta que llegaron los goles para alcanzar la meta, otra vez, como triunfador.

Por si verse con dos menos en el campo no fuese suficiente mazazo para el Celta, se topó con una gol a balón parado en la última acción del primer tiempo, cuando hasta los visitantes firmaban el 0-0 al intermedio para rearmarse y analizar bien lo que tenían que hacer.

En la estrategia, donde desaparecen las inferioridades y las superioridades, encontró el Granada el esperado tanto. Montoro la puso al lugar preciso y Germán se elevó por encima de todos para festejar su primer gol en Primera.

Quedaba por delante un tiempo y, con 0-1 en el marcador, la premisa fundamental era que el Celta no se acercase al área rival, más aún después de que en el minuto 54 Yangel Herrera firmara el gol de la jornada con un derechazo desde lejos que se coló por la escuadra ante un portero en forma de estatua llamado Rubén Blanco.

Hubo diez minutos en el tramo final en que el Granada perdió el control del balón y del partido, aunque el Celta sólo inquietó con un centro de Hugo Mallo que despejó bien Rui Silva con un oportuno manotazo, y con un chut desviado de Aiddo.

Cuestión de esperar

El Granada tenía que dormir el partido y es lo que hizo, con circulaciones eternas y sin profundidad ante un Celta que terminó aburrido y levantando la bandera de la rendición.

Pudieron marcar Germán, otra vez, Soldado y Machís. Y lo hizo Carlos Fernández, también en fuera de juego. Da igual, no eran necesarios más goles, que los guarden para otro día.

Vadillo volvió a tener minutos, aunque profundizó poco, y Azeez oxigenó al equipo en los últimos instantes de un choque que dejó la mala noticia de la lesión de Fede Vico al borde del descanso. Se fue del campo llorando.

Tres puntos más a la buchaca y otra demostración de competitividad. Con dos más en el campo, sí; pero había que ganarlo, que vale lo mismo que los otros. Y se ganó.

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