Granada CF | Resaca en rojiblanco

Hay un resquicio en la retaguardia del Granada CF

  • El equipo de Diego Martínez no empieza bien la segunda vuelta con una derrota en la que vuelve a encajar demasiados goles

La desolación en el Granada contrasta con la euforia osasunista. La desolación en el Granada contrasta con la euforia osasunista.

La desolación en el Granada contrasta con la euforia osasunista. / Efe (Pamplona)

En lo que va de temporada al Granada CF no le va demasiado bien cuando se enfrenta a equipos que están en uno de los puestos de descenso. En esta ocasión, los rojiblancos visitaron a un Osasuna que antes del encuentro ocupaba la decimonovena posición en la clasificación, es decir, era penúltimo.

Había razones fundadas para pensar que los rojiblancos podían empezar la segunda vuelta del campeonato echando algún punto a su zurrón, más si cabe si se tiene en cuenta que apenas doce días antes habían doblegado a los pamploneses en el Nuevo Los Carmenes (2-0). Pero ya se sabe que cada partido es un mundo y que a pesar de la distancia que pueda haber entre dos equipos en la tabla, que en este caso era más que notable, los partidos hay que ganarlos sobre el césped y que para ello hay 90 minutos.

Evidentemente, los de Diego Martínez no tuvieron su día y no pudieron celebrar con al menos un empate el paso del ecuador de la temporada liguera.

Dudas...

Este no es mi Granada que me lo han cambiado, se podría decir en lo que a la retaguardia se refiere si se compara está campaña con la pretérita. Claro que también se puede incidir en que lo del año pasado fue excepcional el trabajo que hicieron las huestes de Diego Martínez.

El Granada no tuvo su día en El Sadar. El Granada no tuvo su día en El Sadar.

El Granada no tuvo su día en El Sadar. / LOF (Pamplona)

Aunque no hay que olvidar que estamos en Primera División y que el nivel de todos los equipos es muy alto, tampoco hay que dejar de lado la importancia que tiene contar con una defensa sólida, sobre todo para un equipo modesto como es el rojiblanco que tiene que bregar mucho y bien para solventar los errores o facilidades atrás con goles en el otro lado del campo.

Quizá es que todos estamos acostumbrados a una actualidad en la que contamos con un equipo que está de dulce. Y hay que confiar, porque Diego Martínez cuenta en su línea defensiva con hombres que atesoran calidad. Lo han demostrado.

... y realidades

No hay motivo para disgustarse sólo por hacer ver un hecho que no admite duda porque los números son los que son. Si bien es cierto que éstos indican que este año se encaja más goles que hace un año, también lo es que el Granada está donde está codeándose con los equipos que luchar por estar la próxima temporada en la Liga Europa.

También es real como la vida misma que el conjunto de Diego Martínez está en una buena situación para afrontar con ciertas garantías la segunda parte de la competición liguera a pesar de que desde septiembre prácticamente no ha parado y que se enfrenta a equipos que normalmente están más descansados. Y ya se sabe que piernas frescas, mente más despejada.

Otra semanita cargada

Al hilo de lo escrito, el Granada ha de ‘cumplir penitencia’ por estar vivo en tres competiciones en los próximos días con dos encuentros. Vuelven las rotaciones, pero no han fondo de armario para hacer lo que hacen en fútbol americano, que hay onces distintos para según qué tipo de jugada, lo que supone un desgaste añadido.

Para empezar, un partido de Copa con el objetivo de meterse en cuartos de final y empezar a repetir el sueño de hace un año. Enfrente, un equipo de Segunda B que seguro hará sudar a los rojiblancos porque aquí nadie regala nada.

Y para poner la guinda a la semana, el domingo viene un Celta en alza ante el que el Granada intentará sumar sus primeros puntos de la segunda vuelta, que cuanto antes lleguen, mucho mejor. Si son los tres, se superará la barrera de los 30, lo que no deja de ser un impulso por muy moral que se quiera definir. Este año no hay tanta diferencia con los de abajo como ha habido otros años y mejor no despistarse porque en un pispás la situación puede cambiar para mal... o para bien.

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