Granada CF

Éxito del Granada CF en el escenario más deseado

  • Los rojiblancos plasman su reconocido estilo en un choque táctico y forzado por la lesión temprana de Álex Martínez.

El jugador del Málaga Juanpi trata de fajarse de la presión del Granada CF. El jugador del Málaga Juanpi trata de fajarse de la presión del Granada CF.

El jugador del Málaga Juanpi trata de fajarse de la presión del Granada CF. / Marilu Baez

Un golpe sobre la mesa. Un reconocimiento más sobre lo que se está realizando en la pizarra de Diego Martínez. El Granada CF se impuso ayer con libreto de estilo en La Rosaleda de Málaga a un equipo hecho para ascender por presupuesto y urgencias...y cuando menos se esperaba. En un feo partido para el espectador, pero de demostración de creencia en los estilos de ambos entrenadores, los rojiblancos mostraron su fe y dedicación sobre lo que Diego Martínez propuso desde su llegada. Ni la lesión de Álex Martínez al cuarto de hora, ni el jugar en un escenario donde en las últimas temporadas –en Primera División– se habían recibido goleadas sin paliativos, ni el estar frente a un equipo que no sabía lo que era perder en casa. Los rojiblancos fueron mejor y la fortuna también está del lado de los que más proponen con ese rebote en Lacen al disparo de Montoro tras la salida de un córner.

Torres y peones

Muñiz y Martínez quisieron emular a Carlsen y Caruana con su duelo de torres y peones con el que aburrieron a los más de 20.000 aficionados durante, sobre todo, la primera mitad. El técnico local propuso lo mínimo, pese a la calidad que atesora en su plantilla con jugadores como Juanpi, Ontiveros y Pacheco. Los dos primeros ocuparon las bandas, pero todo el juego se resumió en buscar a la torre Leschuk para que tratara de bajar balones y se peleara –en inferioridad– frente a Martínez y Germán. Por su parte, el técnico rojiblanco varió el plan de las últimas semanas, dejando sin la compañía de Puertas a Ramos e intentado (sin éxito) abrir el campo con Pozo y Vadillo.

Lesión

La salida de Álex Martínez del campo hizo temblar a más de uno, ya que la plantilla carece de un recambio específico para el sevillano y menos en el banquillo de ayer. Sin embargo, la posible sanción temida durante la semana pareció haber hecho concienciarse a Quini de su actuación a pierna cambiada. Se adaptó a la perfección, no sufrió con Juanpi ni Renato e incluso se atrevió en alguna llegada a poner el balón al área con su pierna menos buena. La posible baja de Álex en las próximas citas ha descubierto a su recambio.

Miedo

El que demostraron ambos equipos a encontrarse con un gol en contra. Más por parte de los locales, que apenas propusieron en el partido, cedieron el balón a los rojiblancos y buscaron en exceso el juego directo y la velocidad (poco efectiva ayer) de sus bandas. En el quizás peor partido de San Emeterio hasta la fecha el Granada no se descosió en ningún momento, gracias sobre todo al trabajo generoso del resto. Ramos se agotó en el esfuerzo, Montoro generó y robó todo lo que pudo, mientras que Pozo y Vadillo no solo se acordaron de mirar hacia la portería rival. Quizás el lunar fue Vico, desaparecido todos los minutos por la sobrepoblación de testosterona en el centro del campo.

Estrategia

Y el gol, como no pudo ser de otra forma en un partido así, llegó en una segunda jugada de un balón parado. Montoro cazó al borde del área un rechace de la defensa a un córner a favor y la suerte le sonrió con el rechace de Lacen. El centrocampista sigue creciendo en cada partido. Su facilidad para crecer con y sin balón sea en el escenario que sea le han convertido en el jugador más valioso para el conjunto. Ayer no paró de buscar abrir al equipo con continuos cambios de juego, tratando de hacer creer en cada momento sobre el planteamiento aprendido durante la semana.

Sin concesiones

El Málaga solo tiró entre los tres palos de Rui Silva en una ocasión (65’) con un lanzamiento de Harper. Los nazaríes concedieron poco (el Málaga también generó poco). A recordar varios centros laterales en los que Silva demostró su poderío aéreo y el tiro de Ndiaye que rozó el larguero. Germán y Martínez volvieron a sufrir poco o nada frente a un único punta de referencia rival.

Escenario deseado

Veintidós años después el Granada volvió a ganar en La Rosaleda. Muchas han sido las historias de rivalidades (con problemas de violencia incluidos) entre las dos aficiones en el pasado, pero el buen ambiente entre ambas aficiones visto ayer las deja atrás. Pese a la amistad actual, siempre gusta vencer en la casa del máximo rival. Y más si es con superioridad.

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