Granada CF

El miedo a la soledad

  • No es un buen precedente que la propia afición pida abandonar al equipo en un partido l Por muchas razones que haya, las protestas deben ser visibles l Cuerva, un adiós ¿para qué?

Los jugadores celebran en 1-0 ante la mirada de unos pocos aficionados. Los jugadores celebran en 1-0 ante la mirada de unos pocos aficionados.

Los jugadores celebran en 1-0 ante la mirada de unos pocos aficionados. / Á. CÁMARA

¿se imaginan que el Granada hace 6 de 6 y llega a la última jornada jugándosela contra el Cádiz? Que todo puede pasar y ya saben que el fútbol tiene sorpresas que no entran en la cabeza ni del que se inventó esto. Un brindis al sol, seguro. Porque el panorama no pinta bien, porque el único granadino en la SAD se ha dado el piro sin que sirva de nada, porque Jiang acaba de lograr un ascenso a Primera (italiana) y pensará que está en lo correcto y porque la afición cada vez sabe menos qué hacer para mostrar su enfado y desacuerdo con el club. Tanto que ni hasta lo más sagrado lo respetan quienes refugian este sentimiento.

¿Y SI...?

Este final de Liga me pide que pasen cosas cachondas. Aunque lo cierto es que me parece imposible que el equipo alcance el play off, además desde hace bastantes semanas, no me olvido de que esto es deporte, es fútbol y cosas raras se han visto un huevo, y más por estos lares. El famoso Míster Chip de Twitter le dio la semana pasada una 0,1% de posibilidades al Granada de jugar la fase de ascenso a Primera. Ese 0,1 puede dar mucho juego. Seguro que con el triunfo ante el Reus del otro día y los resultados de esta jornada, ese porcentaje ha subido. No mucho, pero lo habrá hecho. Una pregunta me ronda la cabeza. Desde hace días se habla de la próxima temporada, se raja de los jugadores, se deja abandonado al equipo mientras juega, se le silba. Pero cuidado con esas matemáticas caprichosas. ¿Se imaginan que el equipo coge y a lo tonto gana en Gijón y que a los cuatro que hay delante del Granada se les ocurre perder? Pues que te plantas en la última jornada con opciones todavía de meterte sexto, aunque para ello sigas dependiendo de muchos. ¿Dónde queda la protesta del sábado pasado? El festival de tragar palabras, incluida la de servidor, sería de antología de esta ciudad. Las risas estarían aseguradas.

CUERVA

Me llevan tiempo contando que Ignacio Cuerva no estaba de acuerdo en nada de lo que se hace en el club. Lo que ve no le gusta. Tanto fue así que ya en febrero le echó un órdago al presidente. Tenían que cambiar las cosas o se iba. Y se ha ido. La respuesta está clara: Jiang sabe perfectamente lo que pasa en el club y no ha hecho nada por revertirlo. También quería que su marcha sirviera para algo, que fuera un toque de atención a los que mandan. Pero viendo los tiempos en los que se ha producido y vista la poca reacción que su marcha ha provocado en la sociedad y la hinchada, ciertamente, soy él y por mucho que quiera a este club, me pensaría volver a echarle una mano. Al menos a corto plazo. Eso sí, si yo también fuera el dueño, que un señor que expandió su empresa en tiempos de crisis, que se implicó por encima de su cargo, y que conecta al club con el entramado social de la ciudad se vaya así, me haría pensar que estoy haciendo algo mal, a parte de lo deportivo. Pero claro, ya tiene al Parma, recién ascendido a la Serie A italiana para decirle que no es tan malo. Y esto seguirá igual.

LECCIONES DE PROTESTA

No seré yo quien diga que la afición no debe expresarse. Al revés. Tiene que protestar, levantar la voz, chillar, sacar pañuelos al aire. Demostrar que son una afición viva, no pasiva. Y si puede, comprar acciones para de verdad ser parte del Granada. Pero también he llevado siempre muy mal faltar a los símbolos. Que la pitada a los jugadores se llevara a cabo el otro día durante el himno, qué quieren que les diga, me parece un acto de egoísmo y de falta de respeto atroz. No a los jugadores ni a la directiva, sino hacia los propios sentimientos del aficionado. Hay cosas que no se tocan y el himno es una de ellas. Mientras suena, silencio o animación, pero desaprobación, nunca. Hay muchos momentos. Ese no. En el fútbol moderno, a un club solo le quedan sus símbolos: escudo, himno y colores. La afición debe volver a madurar en el fracaso.

LOS QUE NO FUERON

Tampoco entiendo a quien protestó sin ir al campo. Algunos no soñamos con estar en Segunda División durante décadas para luego ver el estadio vacío. Respetable quien lo hiciera, faltaría más. Ese aficionado será siempre granadinista, pero ya no podrá llamarse incondicional. Granadinista por encima de cualquier excusa. El problema de pedir no ir al campo abre, además, un precedente peligroso, una vía de consecuencias indeseadas. Vean, el fútbol es en el fondo un acto de sacrificio: salir de casa, comprometerte cada semana a ir al estadio, haga el tiempo que haga. Uno paga por ir a ver a su equipo, no por ver a su equipo ganar. Eso, para Madrid, Barça o Atleti. Para los demás, lo normal es ver a tu equipo caer. Y cuando eso pasa, ayudar a levantarlo. Entre otras cosas, por eso resucitó hace años el Granada, porque nunca se vio solo. Que ese aficionado vea que exista 'vida más allá de Los Cármenes' puede alejarle mucho tiempo del estadio. Las protestas han de tener su momento, y además hacerse visibles. Y hacerlas con inteligente. Si no, quedan como las huelgas estudiantiles de la facultad: aulas vacías, cafeterías llenas. Lo dice uno que fue aficionado antes que periodista.

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