Granada CF

Un perfil parecido al saliente

  • El sevillano Pedro Morilla ha manejado en el filial planteamientos similares a los de Oltra, con un 4-2-3-1 en el que cobra mucha importancia no encajar

Pedro Morilla fue entrevistado por Granada Hoy a finales del mes de diciembre. Pedro Morilla fue entrevistado por Granada Hoy a finales del mes de diciembre.

Pedro Morilla fue entrevistado por Granada Hoy a finales del mes de diciembre. / CARLOS GIL

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A rey muerto, rey puesto. Terminada la etapa de José Luis Oltra al frente del Granada CF, Pedro Morilla coge el testigo de un equipo con exigencias mucho más ambiciosas de las que le ha tocado gestionar hasta ahora en el filial. La decisión del club es arriesgada y es la apuesta del director deportivo Manolo Salvador apoyada por el resto de la directiva. La versión que ha podido saber esta redacción es que no había mejores opciones en el mercado, por lo que se ha apostado por el producto propio, y que la decisión no ha estado motivada por razones económicas.

Fiel a los cánones que manda la tradición, Morilla es un entrenador alejado de triunfalismos y muy poco dado a servir titulares ante los micrófonos. Prefiere hacerlo sobre el terreno de juego, aunque no siempre lo consiga. Sus planteamientos no difieren en exceso de los de Oltra. Bajo su impronta, el filial se ha mostrado siempre como un equipo ordenado y con las ideas claras. Fuerte en casa, que no imbatible, y algo más vulnerable como visitante. Morilla basa sus fundamentos en el trabajo, uno de los tres conceptos sobre los que asienta su idea. Los otros dos son competir y enarbolar el discurso de la prudencia. En el Grupo IV de Segunda B no hay rival pequeño para el sevillano. Su afición por intentar escapar de la presión y el papel de favorito en cada partido puede chocar con las urgencias de un entorno mentalizado desde primera hora para ver al Granada gobernando la Segunda División con mano dura.

El filial que ha dirigido es de los que menos encajan pero también de los que menos marcan

Morilla cuenta con un gran aliado, el pragmatismo, que en una división como la de plata es mucho más importante que el buen juego, y que domina. El técnico sevillano, que solo ha dirigido 60 partidos en Segunda B (junto a Talavera y Betis B), nunca en Primera ni en Segunda, no brilla por su juego elaborado pero sí por la mejor lectura de las necesidades del rival. La defensa es una de las líneas en las que menos variaciones efectúa dentro de un esquema que suele darle mucha importancia al centro del campo. Cuando introduce cambios tanto en la zaga como en la parcela ancha -a menos que vengan motivados por las bajas- suele ser para darle continuidad a los mismos. Esto se hizo notable a principio de Liga, donde los buenos resultados apenas alteraron el once.

En el dibujo ha venido apostando en lo que va de curso por un 4-2-3-1 con puntuales evoluciones al 4-1-4-1. Una disposición que proyecta con permanentes permutas de banda entre los jugadores de ataque, Casi y Pablo González, pero siempre manteniendo como referencia al delantero centro David Grande. Aplicado al primer equipo, esto supondría variar muy poco la alineación de Oltra. De hecho, arriba tiene poco margen de maniobra. Siempre que un entrenador toma las riendas de un equipo se abre un mar de dudas, pero lo normal es que mantenga la apuesta por Montoro, un futbolista de un perfil más técnico como en el 'B' puede ser el caso de Isi. La posibilidad de retrasar a Peña en la medular también se ajusta al arquetipo de Morilla; que este curso ha hecho lo propio con Estrada y Andrés García. Quien debería volver a la titularidad es Germán, pues el sevillano le da mucha importancia a no encajar pero capaz de generar ocasiones de peligro en los partidos.

No en vano, al 'B' le han marcado 27 goles en lo que va de Liga, que viendo los guarismos del resto de equipos del Grupo IV se puede considerar una cifra buena, aunque por contra únicamente ha perforado 29 veces el arco contrario, lo que le convierte junto al Mérida en el segundo conjunto menos realizador de entre los doce primeros. En el momento más importante de la temporada llega Morilla, que tendrá la difícil tarea de conjugar toda la inercia positiva del valenciano a nivel de juego pero mejorando los resultados. Piezas tiene de sobra. Habrá que ver si también tiene capacidad revulsiva, y si sabe imprimir un carácter ganador en un equipo al que el factor psicológico le ha costado muchos puntos.

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