GRANADA CF | REAL MADRID

Porque retirarse no vale...

  • El Madrid sigue dependiendo de sí mismo para ganar la Liga al golear a un Granada que no aguanta ni tres minutos el 0-0

  • El debut del granadino Entrena, única alegría rojiblanca

James, perseguido por el rojiblanco Angban, durante el partido de ayer.

James, perseguido por el rojiblanco Angban, durante el partido de ayer. / reportaje gráfico: carlos gil

No dejó de suceder lo que tenía que pasar. El problema es que el Granada ni siquiera le regaló a su afición cinco minutos de oposición al actual campeón de Europa. Nada, no era pedir mucho. Un rato donde se viera que sus jugadores eran de Primera División, que no mancharán más la camiseta y el escudo. El Granada empezó perdiendo desde el sorteo inicial, que le dio la pelota al Madrid, que la tocó, la tocó y la tocó hasta que en ese rondo eterno, que aquí solo se le vio al mejor Barça de Guardiola, James consiguió el 0-1. Sólo habían pasado dos minutos y medio. Lo demás no fue un partido, fue un entrenamiento del Real Madrid contra su equipo juvenil o cadete. Se hizo todo lo que quiso el equipo blanco. Marcaron cuando quisieron, dejaron de hacerlo cuando se calmaron y pensaron que mejor no hacer serrín de la madera del árbol caído. Le cedieron la pelota al Granada muchos minutos para adulterar la sensación de dominio del esférico, pero ni eso animó a una afición que sólo aplaudió para devolver el cariño de los cánticos madridistas, los cambios de Asensio e Isco, y la entrada en el campo de Juanan Entrena. Uno de Huétor Tájar que debuta en Primera División. El granito de ese futuro que quiere edificar Jiang Lizhang sobre los escombros del derribo que él mismo ha contribuido a volar.

El fútbol sin emoción es menos fútbol. Ni el equipo que se estaba jugando la Liga parecía tenso, más bien concienciado para evitar hacer un ridículo que hubiera sido de dimensiones bíblicas de haberse producido. Al recién descendido, la prueba de medirse a este Madrid era el regalo amargo posterior a la confirmación de la caída a Segunda División. Derrota segura y goleada casi asegurada. Si algún culé soñaba con un exceso de confianza blanco y una repentina relajación que mejorara al Granada, tardó poco en despertar. El partido se acabó tan rápido como cuando James empujó a la red un pase con intención de gol de Lucas Vázquez, a los dos minutos y medio. Si el colegiado hubiera querido, hubiera pitado el final del partido. Quedaban 87 minutos en los que los de Zidane sabían que no iba a peligrar su botín y los de Adams que no iban a poner el apuros a los blancos. Otra puñalada en el corazón de la hinchada, que vio cómo el colombiano elevaba el segundo ante la pasividad de Ingason y la vergüenza ajena de que el centro que generó el tanto lo sirvió nada menos que Fábio Coentrão, el futbolista que más desentona en la plantilla merengue.

Pasada la media hora todo estaba visto para sentencia. 0-4, con otros dos chicharros de Morata, el último al tirar al suelo a Hongla en una pugna que demostró que el camerunés es muy blandito para Segunda División, aunque luego en la reanudación actuara con bastante acierto en el centro de la medular. El tercero y el cuarto se produjeron cuando el Granada tuvo más el balón que el Madrid y dio la impresión de saber qué hacer con él. Pero atrás el equipo es un grupo de plañideras que entristecen hasta los bríos del más optimista o soñador jugador rojiblanco. El partido se convirtió en un infumable ensayo de pretemporada adelantada.

Uno de ellos fue Uche Agbo, de los pocos que ayer comprendió que el choque de anoche era un escaparate y estuvo más digno que en ocasiones precedentes. También el entusiasmo de Hongla, mejor de mediocentro, su posición natural, que de central. Poco más se salva. Bueno, Entrena por los diez minutos finales que le hacen ser jugador de Primera, y en los que al menos buscó incordiar con caídas a banda, un cuerpo a cuerpo que le ganó en carrera Sergio Ramos, y su tiro final que adoleció de puntería.

Los demás bailaron a lo que quiso el equipo blanco, que no marcó más porque sus arietes relajaron la finalización, sin que Ochoa tuviera que hacer milagros extra. El Granada fue el monigote en la primera parte y doña Rogelia en el segundo, a merced de lo que propuso el líder ficticio de la Liga, tan superior como inferior era su oponente. Tan débil que el pitido final de la agonía del descenso no vale. Incluso retirarse de la Liga sería el deseo prohibido de muchos si el equipo repite actuaciones como la de anoche en los dos partidos que al fin quedan para acabar la Liga. Es que ya no se sabe cómo pedir que este suplicio acabe ya.

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