Pitingo. Cantaor

"Soy un cantaor atípico, me gusta todo lo que se haga con el corazón"

  • El músico regresa con 'Cambio de tercio', un disco personal en el que rinde homenajes a Morente y Moraíto Chico, vuelve al flamenco y se acompaña de grandes como Arcángel o Carmen Linares.

Comentarios 3

Antonio Manuel Álvarez Vélez (Ayamonte, 1980), más conocido como Pitingo, lanza el próximo martes Cambio de tercio (Universal), un proyecto en el que el cantaor regresa a territorios particularmente sentidos, reúne un abanico de temas en los que predomina el flamenco y recuerda a maestros ya desaparecidos como Enrique Morente y Moraíto Chico. Con el intérprete, feliz de volver, como él dice, a su flamenquería, analizamos las claves del quinto álbum de su carrera.

-El disco se abre con un homenaje a su mentor, Enrique Morente, y se cierra con una nana dedicada a su hijo. Se ve que es un disco muy personal...

-Es bastante personal, sí. Es como bien dice el título un cambio de tercio, un cambio en mi vida. He querido volver a mi flamenquería. Nunca la perdí, siempre ha estado ahí, pero me parecía el momento para retomarla. Y hacerlo con todos los compañeros que me acompañan... me alegra muchísimo.

-Una vez comentó que era el anticristo para los puristas...

-Yo no me considero así, pero bueno... Con el tiempo a uno dejan de afectarle las cosas. Cuando eres joven es distinto, todo te duele. Con los años empieza a darte igual: yo hago música para la gente, y al que le guste bien y al que no... pues lo siento mucho.

-...Lo decía porque se ha rodeado de gente del prestigio de Carmen Linares. Y ese respaldo debe de doler a sus detractores.

-Bueno, en todo caso hablarán y murmurarán. Pero bienvenido sea: es mejor que hablen de uno, aunque sea mal. Y le digo una cosa: esas voces son necesarias para el flamenco. Sobre todo para no aburrirnos.

-El de Cambio de tercio es un repertorio muy ecléctico. ¿Cómo se fue componiendo el puzzle?

-El repertorio lo hice con la ayuda del productor José Manuel Gamboa, que ha sido indispensable para este disco. Él ha decidido el 50% y yo el otro 50%. Gamboa es una de las personas que más sabe de flamenco, y tiene una sensibilidad especial para producir, porque posee una mentalidad abierta y escucha las cosas con el corazón. No es rígido, no te dice: Este cante hay que hacerlo así. Siempre tiene en cuenta la personalidad de cada artista. Es uno de los mejores productores que hay en España, para mi gusto.

-Colaboran los tres hijos de Morente, en distintos temas.

-A mí me gusta toda la familia Morente, Enrique deja una descendencia genial. Aurora, la mujer, nos sorprendió hace poco pintando y haciendo esculturas maravillosas. Estrella es un genio cantando y un monstruo en el escenario. Soleá está empezando, pero tiene una voz dulce, es un ángel. Y José Enrique va por el camino de su padre, recuerda a él en sus melismas, ¡hasta en su manera de andar! En el estudio, con ellos, ha habido momentos muy emocionantes. Yo tuve la suerte de conocerlo bastante, fue una de las personas que más consejos me dio. En el disco hay una frase que me dijo y que no he olvidado: Pitingo, si algunos te dijesen oles yo me preocuparía. Ahora lo comprendo, al principio no lo entendía. Él fue mi mentor, el que me escuchó cantar en El Mago unos fandangos y a partir de ahí empezó todo el mundo a hablar de mí. Hizo el prólogo de mi primer disco y siempre, siempre, me estuvo ayudando. Igual que Carmen Linares, tía Carmen como la llamo yo. Es gente más abierta que mucha gente joven. Con ella he aprendido mucho, porque uno de los cantes que no conocía bien era la bandera, que la había cantado una vez para bailar, que no es lo mismo. Me decía: aquí te tienes que parar, aquí tienes que ir palante, pero siempre siendo tú. Carmen fue quien eligió Arbolé, Arbolé, de Lorca, ella lo había cantado en El Arahal pero nunca lo había grabado. Yo estaba asustaíto, grabar al lado de ella, una maestra, me hacía sentirme un aprendiz. Pero hay que enfrentarse a desafíos.

-En el disco se recuerda otra ausencia sonada, la de Moraíto.

-Le hemos hecho un humilde homenaje hablando de los sitios que frecuentaba, una letra que hemos escrito Gamboa y yo. A Morao lo quería todo el mundo: más bueno no podía ser, como guitarrista y como persona.

-También reivindica a voces del pasado como Pepe Marchena o Pepe Pinto.

-Yo es que soy un cantaor atípico. Porque a los que les gusta Mairena, por ejemplo, no les gusta Marchena, y al revés. Los que prefieren las voces toscas no disfrutan con las voces laínas. A mí me gusta Marchena, Pinto, Mairena, Vallejo, Talega, Caracol, Camarón, Fernanda, Bernarda y también La Niña de los Peines. Todo lo que esté bien hecho, de corazón, a mí me convence. El flamenco abarca mucho. No me gusta hablar de cante gitano o de cante andaluz, todo es flamenco. No quiero ir de flamencólogo porque no lo soy, pero en mi opinión el gitano no ha inventado el flamenco. Yo soy mestizo, a mí lo que me importa de alguien es que transmita y que sea buena persona. Que sea gitano o payo, ¿qué más da?

-Ahí está Poveda para demostrarlo...

-Es un fenómeno, Miguel, un grande. En cuanto lo llamé no lo dudó. Escuché la canción de Pepe Pinto, El pordiosero, y yo veía el tema para él. Le encantó. Hemos intentado que sonara a zambra antigua, hacerla sin muchos quiebros en la voz, sin alardes, y lo hemos disfrutado mucho.

-Miguel Mora opina que la seguiriya es quizás la cumbre del disco. ¿Es el palo en el que se siente más cómodo?

-A mí me gusta todo, pero es verdad que en la seguiriya me siento muy bien. Disfruto mucho también con la soleá. Son cantes en los que uno puede transmitir la rabia o la pena. Y hay que estudiar mucho para que queden bonitos.

-Uno de los cortes más llamativos es el que comparte con Merche.

-Hay gente que se sorprende, sí. Cuando decidimos hacer Sulema, una canción canaria, el ritmo me sonaba por tanguillos. Quería a alguien que le diera ese aire, pero que no fuera una elección muy ortodoxa. Ella venía muy bien porque es de Cádiz, y porque es hija de uno de los mejores compositores de comparsas, el Catalán Chico. Su participación ha quedado con gracia, con frescura. Lo ha hecho formidable.

-¿Qué opina Aute de la versión de su tema De alguna manera? ¿Ha podido oírla?

-Él ha hecho el prólogo y habla de la versión como si fuera una joya. Me escribió un correo diciendo que estaba en shock cuando oyó lo que habíamos hecho. A mí me importa mucho contar con la aprobación de la gente cuyas canciones reinterpreto. Si no, no las hago, no sería capaz. Yo siempre le he pasado a los autores todas las canciones que he hecho para que me dieran el visto bueno.

-En la guitarra tiene a Alfredo Lagos, pero Rafael Riqueni también hace alguna colaboración.

-Alfredo es uno de los mejores guitarristas que hay en España: sabe acompañar lo que es el cante clásico, pero está abierto a otras armonías. A Alfredo le dices: Mira, podías ir por aquí, y siempre te responde: Vamos a probarlo. Y Riqueni es un genio. Con él trabajé hace muchos años, y quería grabar con él. Hace unas alegrías que son para llorar, maravillosas.

-Además de todo esto, canta en árabe acompañado de Farah Siraj y el piano de Dorantes.

-Farah es una cantante muy conocida en Jordania, me dejó una maqueta y me dejó impresionado. Todos los artistas que han colaborado en este disco están impactados con su voz. Y luego está la genialidad de Dorantes al piano. Al principio lo grabé en español, pero melódicamente funcionaba mejor en árabe. Así nos ha quedado más caracolero. Me puse con un profesor de árabe y ha quedado, creo, algo maravilloso.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios