Eduardo Morales-Caso |Compositor

"La voz es sagrada para mí"

  • El sello Orpheus publica un álbum que recoge seis obras vocales e instrumentales escritas por el compositor cubano residente en Madrid Eduardo Morales-Caso entre 2001 y 2016

El compositor cubano Eduardo Morales-Caso (La Habana, 1969) llegó a España en 1996 y se instaló en Madrid, donde aún reside. Se había formado con dos grandes maestros de la música cubana del siglo XX, Carlos Fariñas y Harold Gramatges, y en la capital española estudió con Antón García Abril, que "me ayudó en cuestiones de orquestación, de proyección de las obras...". El sello Orpheus acaba de publicar su quinto cedé monográfico, que incluye seis obras centradas especialmente en la voz.

-¿Es el de la voz el apartado más significativo de su catálogo?

-La voz me fascina. Primero está la voz y después todo lo demás. Me gusta también mucho la música instrumental, pero es cierto que tengo un amplio repertorio de música vocal. Adoro el canto, aunque no es fácil encontrar cantantes buenos. Para este disco tuve la suerte de contar con Guðrún Ólafsdóttir, que es una cantante islandesa excepcional. Es difícil encontrar voces de este estilo.

-En este álbum la voz funciona como auténtico hilo conductor.

-Así es. Es como un personaje que abre y cierra el disco. Empieza con Waiting for my moon, cuatro canciones con acompañamiento de quinteto de cuerdas, una obra muy importante, y termina con una obra muy seria, elegíaca, La ciudad del espejo. Entre medias hay otras dos obras vocales.

-Su tratamiento de la voz se aleja de cualquier gesto vanguardista.

-Mi maestro Antón García Abril me decía que a los instrumentos no se les puede sacar de su naturaleza. Un violín tiene una estructura específica, y no puedes hacer que suene como un instrumento de percusión. Y yo eso lo he aplicado a la voz. Mi tratamiento vocal es esencialmente lírico, con líneas muy largas, en las que se pueda apreciar la belleza de la voz. Evito cualquier barbaridad que pueda hacer daño a un cantante, porque la voz es un instrumento muy delicado. La voz es sagrada para mí. A los cantantes que trabajan mis obras les digo que piensen en estar cantando una obra belcantista. Siempre he tratado de buscar esas líneas largas que permitan el canto, la expresión, la comunicación. Trato de conseguir una fusión, una integración entre el texto y la música, que ninguno de los dos domine, en un intento por lograr una conjunción significativa en ese proceso comunicativo.

-En Waiting for my moon aprecio resonancias mahlerianas.

-Me encanta que diga eso, porque creo que en efecto es un ciclo casi postromántico. A lo mejor no exactamente en estilo, pero sí en el espíritu. La última pieza es algo más rompedora, tiene muchas disonancias e incluye al final una parte hablada, pero las otras tres son canciones de expresión directa, lírica, expresiva, romántica, intimista...

-Awake, para voz sola, es una obra diferente, en dos partes, con un recitativo mucho más duro.

-Es una obra en la clásica forma de recitativo y aria. Es una cosa curiosa, porque el recitativo es muy agresivo, con extensiones muy abiertas, saltos, virtuosismo, coloratura importante en la voz... En el aria todo se apacigua y vuelvo a un mayor lirismo, porque me interesa para la comunicación de los textos. Son textos religiosos, y la música se funde con su sentido último. El inicio es aterrador, casi da miedo, y por eso la música suena como una bofetada, pero luego se hace más espiritual y la música se llena de paz.

Morales-Caso - Awake Morales-Caso - Awake

Morales-Caso - Awake

-Las otras dos obras vocales tienen implicaciones personales.

-Así es. La ciudad del espejo es una elegía a los padres de un gran amigo violinista. Escrita con acompañamiento de quinteto de cuerdas y piano, tiene una parte instrumental central muy intensa que contrasta con las partes mucho más líricas de la voz en los extremos. Los Cantares del güelu son un homenaje a mi bisabuelo asturiano. Traté de recoger en ellos el espíritu de la tonada asturiana, de la canción tradicional de Asturias.

-¿El acompañamiento guitarrístico de estas tres canciones tienen que ver con el folclore?

-En realidad, no. El ciclo es un regalo a Guðrún y su esposo, el guitarrista Francisco Javier Jáuregui, que es quien la acompaña en el disco.

-Tanto en el acompañamiento de los ciclos de canciones que abren y cierra el disco como en Remembranzas fugitivas, que es puramente instrumental, usa usted un quinteto de cuerdas con un contrabajo, ¿por qué esta formación?

-Porque el contrabajo aporta profundidad a la música y es muy atractivo. Un segundo violonchelo no me daría la profundidad que tiene el contrabajo en esas notas graves. Todo resulta así más sinfónico. Aunque sea música de cámara, la sonoridad de esta obra es muy sinfónica. Ese es mi planteamiento.

-Elegguá es una fantasía virtuosística para clarinete bajo.

-Sí. La escribí para el italiano Lorenzo Iosco, que es fantástico. Fue solista de la London Symphony. Ahora está en Hong Kong, pero sigue trabajando con la LSO. Su sonido es increíble. A veces te parece estar oyendo un violonchelo.

-¿Escribe siempre pensando en intérpretes concretos?

-Son ellos los que me piden las obras. Si no hay estreno a la vista, no escribo. Si no tengo un deadline y un plan concreto, no escribo. No tiene sentido componer una obra para guardarla en un cajón.

-¿Qué influencias reconoce en su música?

-Los rusos de la primera mitad del siglo XX (Shostakóvich, Prokófiev, Stravinski), Mahler, los impresionistas son la influencia más importante de mi música, independientemente de que trato de que mi música sea mía, intento desarrollar un lenguaje propio. Por ejemplo utilizo mucho los intervalos de séptima mayores, abiertos, para dar una amplitud en la línea tanto en la voz como en la cuerda, valores largos, legatissimo, todo siempre muy legato, muy sonoro. Busco también muchos efectos tímbricos en función del color.

"Lo más interesante del panorama de la música actual es la convivencia de estilos, tendencias y lenguajes"

-¿Qué le parece el panorama de la música actual?

-Lo más interesante es la convivencia de estilos, tendencias, lenguajes. Toda la vanguardia de la gestualidad de John Cage ha pasado. Escribir así no tiene sentido hoy. Sería repetir lo que hicieron Cage y otros muchos. En eso coincido con Luis Aguirre, el director del Sonor Ensemble, un conjunto extraordinario formado por profesores de la ONE. A él le gusta también un repertorio más comunicativo, conservador si quiere.

-¿Cuáles son sus proyectos inmediatos?

-Trabajo en un encargo para el aniversario del Museo del Prado y, sobre todo, estoy escribiendo mi primera ópera. Tiene un libreto de Javier Moreno Barber, escritor y periodista que fue director de El País. Está ambientada en 1936, a principios de la Guerra Civil española, pero no es una obra política, sino una historia de desamor entre tres personajes. Espero tenerla lista para 2020.

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