Cultura

Aquel "profundo timbre, dulce de azúcar moreno"

  • A Pradera y a Carlos Cano los unió mucho más que una gira y un disco

  • Ella lo consideraba "un hijo muy querido"

Carlos Cano y María Dolores Pradera, durante una actuación de la gira 'Amarraditos', que realizaron entre 1997 y 1998. Carlos Cano y María Dolores Pradera, durante una actuación de la gira 'Amarraditos', que realizaron entre 1997 y 1998.

Carlos Cano y María Dolores Pradera, durante una actuación de la gira 'Amarraditos', que realizaron entre 1997 y 1998. / d. s.

Ni una gira, ni un disco homenaje. A María Dolores Pradera y a Carlos Cano los unió, antes que nada, María la portuguesa. La artista madrileña la cantó en un canal de televisión cuando aún no conocía al granadino. Lo que ella no sabía era que la hija menor de Cano, Paloma, estaría viendo aquel programa. Enseguida la cría fue a buscar a su padre para contarle que "una mujer le había robado la canción". A los pocos días, el cantante la llamó para decirle que se la regalaba. "Ahí empezó nuestra amistad", recordó emocionada la artista en una entrevista en Canal Sur.

Pradera supo hacer suya esa mezcla entre fado y pasodoble compuesta por Cano en homenaje a Amalia Rodrigues, símbolo por excelencia de la canción portuguesa, y la grabó en varios trabajos, entre ellos A mis amigos (1988) y A Carnos Cano (2001). El último álbum recogió los pasodobles, fados, coplas y habaneras que cantó con el granadino durante la gira de Amarraditos, con la que recorrieron juntos España entre 1997 y 1998. La madrileña también grabó A las 5 de un 5 de junio, un tema dedicado a Lorca que Cano compuso en 1972. Para Pradera fue una grabación "dura, emocionante y laboriosa", entre otras cosas porque la muerte de Cano a finales del año 2000, con 54, le afectó "muchísimo" a su voz.

Tiempo después, la cantante rememoraría, en una entrevista con Carmen Rigalt, cómo Cano la ayudó en un momento muy delicado: "Él me dio la mano para volver a los escenarios. Estaba delicada, había sufrido una caída en el Palau de Barcelona y tuve que retirarme por los vértigos. Era incapaz de cantar en público. Luis del Olmo me dio un homenaje en el mismo escenario de mis sufrimientos y allí canté con Cano. Él acababa de salir de su problema de corazón y yo me sentía aterrorizada. Nos dimos la mano, o Carlos me la dio más a mí, porque él es joven y fuerte. Aquel día empezó todo y con su ayuda salí adelante".

Siempre se podrá recordar a Pradera de la mano de Cano -que dijo de ella que estar a su lado era "como sacarse un máster en fina ironía"- en la canción con su nombre que aparece en El color de la vida: "Con esa delicadeza / propia de una golondrina, / ahí viene la flor más fina, / la rosa más perfumada (...) Profunda y negra la voz / dulce de azúcar moreno, pa cantar bonitas coplas / a la luz de las estrellas, /al compás de una guitarra con el alma guerrillera, / los ojos de ella, /las manos el estilo y la manera, / de cantar, siendo española / a toda América entera".

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios