Moda

Andalucía: más urbana que nunca

  • Con gran afluencia de público comenzó ayer la sexta edición de 'Andalucía de moda', una pasarela en la que, los diseñadores participantes, demostraron que nuestra comunidad autónoma se viste acorde a las tendencias más actuales

La cita se inauguró al mediodía en el Monasterio de San Clemente donde, a pesar de la belleza del monumental entorno, el calor que se vivía en el interior del edificio resultaba sofocante. No obstante, las ganas de moda eran muchas y, por esa razón, el personal congregado fue numeroso, primero, en el Certamen de diseñadores noveles. Ahí, diez desfilantes aunque, evidentemente, sólo un ganador: la firma DCroz, tres chicas malagueñas que hablaron en presente con capuchas, leggins y rodilleras recicladas de mascarillas. Junto a ellas, la firma DMarsé -mención especial del jurado- apostó por chaquetas de grandes solapas y vestidos lenceros en tonos maquillaje; María_I_Glez realizó un juego de volúmenes y asimetrías en azul eléctrico con escotes extraños con piezas de tela al cuello y mangas al aire; Curro Sánchez homenajeó a los dorados años 20 a través de cortes de corpiños y faldas abullonadas en sedas y encajes; Carmen apostó por una bonita colección con identidad propia gracias a minivestidos con croché beige y tonos azules; Pablo Lanzarote se decantó por el gris como dominante y dio cabida a un varón moderno; Verónica Vergara presentó una línea futurista en negros, rosas, plateados y fucsias; Cotraddiction demostró que, lo gótico con una mirada hacia oriente, también tiene cabida en nuestra tierra; Mercedes Mercado sorprendió con su larga cola superpuesta de plumas y, Conchi Rosas, reutilizó fundas de colchones en una clara protesta contra la crisis.

Joan Fábregas, ya por la tarde, confirmó que es al diseño lo que Ferrán Adriá a la cocina: un reinventor, en este caso, de la estética masculina. Así, del negro al blanco derrochó en sus piezas detalles como cintas, hebillas, cremalleras… Un universo zen que se aderezó con bolsos y amplias caperuzas y que se plasmó en tejidos plastificados, linos y cuero. Por su parte, la cordobesa Ana Torres se decantó por minúsculos trajes de cóctel con volantes y faldas largas recubiertas de delicados pétalos o con alusiones al carácter marino que imprimió -pliegues en la ropa cual olas incluidos- a su obra. Compartiendo desfile, De la Rosa cambió sus tradicionales nidos de abeja por rosas que sobresalían de Princesas de los cuento, título de su aventura.

Por último, recién llegadas de la madrileña edición de las 1001 bodas, las hermanas Pol Núñez, Delia y María del Mar, se debatieron entre una parte de fiesta, con grandes estampados florales o minifaldas de plumas, y otra de novias que no hizo sino confirmar su gran talento en este sector. Con preciosistas tejidos bordados en Francia -lo que imprimía un sentido aún más romántico al conjunto- la sevillanas desplegaron una paleta de posibilidades en la que había lugar para mangas pequeñas, tirantes o cuellos halter , encajes, punto o plisados. Eso sí, todo pensado para futuras esposas con una muy marcada personalidad. Y es que está visto que el carácter marca la diferencia.

 

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