Mundial de Rusia 2018 · Informe técnico del Irán-España

Espesos en una enorme espesura

  • Ante el 6-3-1 de Queiroz, a España le faltaron delanteros que acompañaran a Diego Costa en el área

  • En cuanto Isco, Silva e Iniesta apretaron más por dentro llegó el decisivo gol

Espesos en una enorme espesura Espesos en una enorme espesura

Espesos en una enorme espesura

Bajó un estrato, o dos, el juego español en el segundo partido del Mundial. Ese juego fluido e imaginativo que distinguió a España la mayor parte del partido ante Portugal apenas afloró ayer los primeros 15 minutos de cada parte, sobre todo en la segunda. En cuanto Isco, Silva e Iniesta, los poseedores de la llave maestra, le imprimieron un punto más de ritmo. Así llegó la combinación desde la banda derecha que desarmó a los iraníes y abrió la línea de pase hasta Diego Costa. El gol fue de rebote. Pero fue un acto de pura justicia.

Defensa

Azmoun era el único delantero iraní, actuaba muy aislado sobre el papel, pero se las ingenió para tocar no pocos balones largos y en cuanto lo hacía, los tres compañeros que tenía más cerca se proyectaban como balas. Irán atesora un explosivo despliegue. Y lo demostró en cuanto encajó el gol y tuvo que arriesgar más. Ahí, a España empezó a penarle la muy tibia capacidad para el quite que tiene. El único centrocampista avezado en la resta era Sergio Busquets. Y encima, Carvajal evidenciaba en la derecha que su chispa no era la adecuada después de su largo paréntesis desde la final de la Champions. Fernando Hierro, como enorme central y más que apreciable medio centro, vio claro que había que levantar otro pilar para sostener el esqueleto en el medio y tiró de Koke por Iniesta (71’). Algo ayudó, pero persistía la superioridad de los asiáticos en los balones divididos, las disputas, las carreras. No sólo Iniesta estaba fundido. Silva también. E Isco, que de nuevo fue el pegamento entre la media y la delantera tras el descanso, también acabó con mucho pomo acumulado en sus arqueadas piernas.Suerte para España que los centrales, tanto a campo abierto mientras hubo empate, como atrás, con Irán echando el resto, se impusieron.

Ataque

España estuvo espesa en un partido de una apabullante espesura: Carlos Queiroz ordenó una defensa de hasta seis iraníes, con los laterales metidos por dentro como dos centrales más y ayudando a crear en su área un vagón de metro en hora punta cuando España metía la pelota en la zona caliente. Hierro, de salida, metió a Lucas Vázquez por Koke. Pero el extremo se quedó en tierra de nadie: ni desbordaba por fuera, ni ofrecía soluciones a Silva y Carvajal para jugar de espaldas, conectar en el área, buscarse el remate. Tampoco Isco por la izquierda. Era un partido para que algún punta de verdad –Rodrigo, Iago aspas...– secundara a Diego Costa en el área para tirar de instinto rematador y cazar algún balón suelto, o para ofrecerse de espaldas y tocar rápido al que se incorporaba desde atrás.

Virtudes

Al final de la primera parte, parecía que el equipo de Hierro estaba cayendo en la trampa y que acabaría descentrado. Pero respiró en el descanso y lo solucionó con fe y casta. Recursos tiene.

Talón de Aquiles

Era un partido para tocar rápido y ser al mismo tiempo muy precisos, porque alguna pierna iraní acechaba siempre, y España lo hizo sólo un rato.

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