Mundiales en el recuerdo

1954. Rahn culmina el ‘milagro alemán’

  • Alemania acabó en la final con Hungría, muy favorita y que en la fase de grupos le hizo 8 goles

Helmut Rahn, en hombros con la copa. Helmut Rahn, en hombros con la copa.

Helmut Rahn, en hombros con la copa.

1954 marca un antes y un después en la historia del fútbol alemán. Aunque en los años 30 participó sucesivamente en los Mundiales de Italia y Francia, con un destacado tercer puesto en el 34, no fue hasta el campeonato disputado en Suiza, nueve años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando volvió a figurar entre la élite. Los de la posguerra fueron años muy duros para el país, que de la mano de Adenauer, primer canciller de la nueva República Federal, fue gestando el llamado milagro alemán, y el fútbol estuvo durante años en un segundo plano del que saldría ese 4 de julio del 54 en el que Alemania se convertía, tras Uruguay e Italia, en la tercera selección en proclamarse campeona del mundo.

Las escenas finales de la película El matrimonio de Maria Braun, la primera de la trilogía de la RFA del director Rainer Werner Fassbinder y rodada 25 años después de que se disputara aquel campeonato, combinan la tragedia de la protagonista con la explosión de júbilo que vivió el pueblo alemán reflejada en la retransmisión radiofónica. Apenas siete partidos se televisaron y además sólo un puñado de países europeos entre los que no estaba España tuvieron acceso a las imágenes a través de la Unión Europea de Radiodifusión, de modo que fue la radio la que se encargó de llevar alos alemanes un éxito que además, por lo inesperado, resultó todavía mayor.

Helmut Rahn, bigoleador en la final. Helmut Rahn, bigoleador en la final.

Helmut Rahn, bigoleador en la final.

Porque enfrente estaba Hungría, que había ganado el título olímpico en el 52 y que no hacía ni ocho meses había arrasado a Inglaterra en su santuario de Wembley con un 3-6 considerado el partido que cambió la historia. Con tres goles de Hidegkuti, dos de Puskas y uno de Boszik, la selección de Gustav Sebes destrozó la WM de los pross y se presentó en Suiza como el máximo candidato a ganar el Mundial. Un equipo que protagonizó una exhibición tras otra en Suiza, que se entretuvo en meterle nada menos que ocho goles a la propia Alemania en la fase de grupos y que, posteriormente, se deshizo de los dos equipos que se habían jugado el título cuatro años antes, Brasil y Uruguay, con sendos 4-2 para plantarse en la final con 25 goles a favor y siete en contra en sólo cuatro partidos.

Grosics; Buzanszky, Lorant, Lantos, Boszik, Zakarias, Toth, Kocsis, Hidegkuti, Puskas y Czibor parecían no tener rival, y así pareció evidenciarse cuando a los ocho minutos Hungría ya vencía por 2-0 con goles de Puskas y Czibor. Pero esto es fútbol y, en una de las remontadas más celebradas de la histtoria, la Mannschaft de Sepp Herberger neutralizó muy pronto el marcador gracias a Morlock y Rahn para que el propio Helmut Rahn provocara el delirio con el 3-2 definitivo en el minuto 84. Un gol que decidió un Mundial y, también, el futuro. Hungría no ha vuelto a ser nada, con apenas un par de fases finales de E urocopa como logro más destacado, y Alemania dio el primer paso para convertirse en lo que todos conocemos: una máquina de ganar.

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