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¿Esperanza o desencanto?

  • Las opiniones sobre el mandatario varían entre la 'decepción' y los elogios a su trabajo en una época más que difícil

La noche del 4 de noviembre de 2008, una frase resumía la victoria del candidato demócrata a la Presidencia de EEUU, Barack Obama: "El cambio en el que podemos creer". Un año después, la frase se ha matizado: "Cambiar las cosas sigue siendo difícil".

Pocos mandatarios estadounidenses generaron tanto entusiasmo como el primer presidente afroamericano. Junto al fervor llegó un aluvión de expectativas con Obama mediando en todas las guerras y conflictos y haciendo feliz a todo el mundo sencillamente no siendo como Bush. Hasta Europa vislumbró la cooperación, tras ocho años de frías relaciones, sobre todo en cuestiones como el cambio climático e Irán.

Aunque ya advirtió que "el camino iba a ser largo y empinado", un año después, la euforia cedió lugar a la realidad de gobernar y el discurso ha cambiado. Se ha instalado cierto desencanto en el propio vencedor de las elecciones (quien ha encanecido notablemente), entre los electores y a nivel internacional. Según las encuestas, el 55% de los estadounidenses confían en él, una cifra lejana al 68% de la resaca electoral.

Desde los primeros días de su Presidencia, Obama se dedicó a romper con la era Bush, prohibió las torturas y aseguró que cerraría Guantánamo, aceleró la retirada de las tropas de Iraq, impulsó un ingente plan de estímulo económico y se ofreció para lograr la paz en Oriente Próximo.

Ahora, tras la ilusión generada por un candidato con una retórica inspiradora que rompía los moldes raciales, llegó la hora de afrontar una economía en crisis, dos guerras y los problemas en el Congreso para aprobar las medidas que defiende el Gobierno.

"En política exterior era bastante predecible que, con unas expectativas tan altas, iba a haber cierta desilusión con Obama", asegura a este diario Richard Youngs, experto de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (Fride).

Emprender esos cambios se ha revelado como un asunto complicado, sobre todo cuando se debe combatir la peor recesión desde los años 30. "Hay que recordar que las promesas de campaña se hicieron antes del estallido de la crisis financiera. La crisis y la economía no aparecían en esos compromisos", explica Paul Isbell, investigador del Real Instituto Elcano.

Isbell señala que Obama ha hecho muchos progresos en su compromiso de cerrar Guantánamo. "Aunque no ha terminado la tarea, todo apunta a que más tarde o más temprano se cerrará", sostiene. "También se comprometió a inyectar una nueva dinámica en la política exterior de EEUU, particularmente en las relaciones con países enemigos o con graves contenciosos, como Irán, con una diplomacia más abierta y flexible, menos pesada en ultimátums y amenazas. Y hemos visto señales por parte de Irán de que así se podría llegar a una solución para el programa nuclear", apunta, señalando otros avances como la relación con Rusia, el desarme nuclear global y la refundación de las relaciones con la UE.

En temas internos, la campaña se centró en dos grandes promesas. Por una parte, la reforma del sistema de salud; en 10 meses se ha aprobado un proyecto de ley en la Cámara Baja y hay varios a punto de votarse en el Senado. "Algunos dirían que aún no es seguro que vaya a salir una ley suficientemente profunda para efectuar las reformas necesarias pero ha llegado mucho más allá que cualquier intento anterior (el más notable fue el de Clinton en 1993). No se puede esperar que este tipo de reforma se realice en tan poco tiempo", asegura. El otro gran tema es la reforma del modelo energético, en la que también se ha avanzado mucho.

"Hay un ala de la izquierda que está bastante impaciente por el ritmo de los cambios, pero por la derecha hay mucha resistencia. La Administración tiene que lidiar con ambos lados", señala Isbell, indicando que Obama buscó la colaboración y el apoyo de la oposición en el Congreso e incluirles en el plan de Gobierno, pero le faltó colaboración.

Frente a las críticas o el escepticismo, la Administración Obama asegura que sus acciones económicas y su gigantesco plan de recuperación han sido decisivos. "Siempre se habla de que no está haciendo nada, pero no hablan en términos concretos. Hay que tener en cuenta todo lo que ha hecho que no estaba previsto, como la reacción a la crisis financiera", sostiene Isbell.

Sin embargo, antes de que termine el año, el presidente podría vanagloriarse de vencer donde sus predecesores fracasaron si logra culminar la reforma del sistema de salud, quizá el asunto interno que más pesó en la caída de su popularidad. Tras meses de debates y reproches mutuos entre demócratas y republicanos, está por decidir si el sistema incluirá una opción pública que compita con las aseguradoras privadas.

Por otro lado, la crisis económica perdura pese a las medidas del Gobierno, en especial el plan de estímulo. El desempleo alcanza el 10% y podrían pasar varios trimestres hasta que se recupere. No obstante, la economía comienza a dar señales positivas.

A juicio de Isbell, el mayor reto es conseguir la reforma del sistema de salud. "Si lo logra, va a ser mucho más fácil sacar adelante la ley sobre energía; ambos están muy avanzados. También está el tema del crecimiento económico y el desempleo. El reto está en manejar un alto nivel de paro y mantener el apoyo de la población para sacar adelantes sus reformas y ganar las elecciones parciales de 2010".

Fuera de sus fronteras, la política de diálogo de Obama pasa actualmente la prueba iraní. Según Youngs, "el balance en términos de política exterior es bastante positivo para ser el primer año. Obama ha elegido devolver a EEUU al camino del multilateralismo y la cooperación internacional, ha empezado a reconstruir su imagen tras los años de Bush. Pero ahora tiene que ir definiendo su política exterior con más detalle".

El experto de Fride señala que el área donde las decisiones son más urgentes es Afganistán. "Es quizás la gran desilusión. La comunidad internacional está esperando que tome una decisión más firme sobre qué hacer y ésta le está llevando mucho tiempo. Ése es el reto más importante". En segundo lugar sitúa a Irán. "Obama acertó en ofrecer una relación más positiva con Irán, que fue rechazada. Tengo la impresión de que ahora no sabe muy bien cómo reaccionar. Y en Oriente Próximo está realizando un esfuerzo, aunque también era predecible que la diplomacia con israelíes y palestinos iba a ser muy complicada. Al menos EEUU ha recuperado la credibilidad para actuar y negociar con las dos partes, algo que la Administración Bush perdió", puntualiza.

Tal vez sea en Afganistán donde Obama corre el mayor riesgo. En breve debe tomar una de sus decisiones estratégicas más importantes: decidir si, pese a las pérdidas cada vez mayores, envía a miles de soldados suplementarios, aún con el riesgo del rechazo de una opinión pública preocupada porque ese conflicto termine como en Vietnam.

La decepción por el escaso progreso en Oriente Próximo es palpable. De hecho, en el mundo árabe se desvanece la euforia inicial a la espera de cambios concretos en la política, aunque su popularidad en la región sigue siendo amplia.

No obstante, Isbell resume que ha sido "un año difícil pero positivo. Ha ido mucho mejor que otras administraciones anteriores o que cualquier otro en el mismo momento, pero con grandes retos y grandes imprevistos".

Pero también hay quien piensa que se ha pasado del Yes, we can (Sí, podemos) al Yes, maybe (Sí, quizás).

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