Alfredo Sanzol | Dramaturgo "Hacer sonreír al público es una droga para mí"

  • El director escénico presenta 'La valentía', una comedia de enredos inspirada en un capítulo de su vida, el fin de semana en el Teatro Alhambra

El director y autor teatral madrileño, en una fotografía de archivo. El director y autor teatral madrileño, en una fotografía de archivo.

El director y autor teatral madrileño, en una fotografía de archivo. / Juan Carlos Muñoz

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Dos décadas de sólida trayectoria avalan la carrera de Alfredo Sanzol (Madrid, 1972). El dramaturgo ya obtuvo una nominación a los Max en su estreno como director escénico, allá por 1999, con Como los griegos de Steven Berkoff. El autor teatral sigue dando guerra 20 años después, sobre todo, con comedias donde la sonrisa -más que la carcajada, señala- florece de forma espontánea. También hay algo de autobiográfico en cada una de sus obras, como es el caso de La valentía.

La comedia de enredos se inspira en un capítulo de su vida: la construcción de la autopista A1 a apenas cinco metros de la casa de su abuela, en un pueblo de Burgos. "Esta función tiene algo de venganza contra esa autopista", reconoce el artista, Premio Nacional de Literatura Dramática. La pieza protagonizada por las hermanas Trini -Inma Cuevas- y Guada -Estefanía de los Santos- discuten sobre qué hacer con la casa que acaban de heredar: una la quiere vender y la otra no.

Las dos están de acuerdo en que el ruido de la autopista, el monstruo de la civilización que se construyó al lado de la vivienda, es insufrible, pero una está dispuesta a convivir con él y la otra no. Así que la que no quiere vender tira por la calle de en medio para resolver el desacuerdo y contrata a dos tipos que se hacen pasar por fantasmas para asustar a la hermana.

La valentía es, dice en una entrevista de El País, "una metáfora que tiene que ver con los países y las sociedades, de cómo se heredan cosas del pasado que no hacen falta y se olvidan otras que son absolutamente necesarias". Las entradas para el espectáculo, que se podrá ver este viernes y sábado a las 21:00, pueden adquirirse desde la web del teatro (www.teatroalhambra.com) o en taquilla si quedaran disponibles.

-He leído que se ha inspirado en un capítulo de su vida para escribir La valentía.

-Mi familia tiene una casa en un pueblo de Burgos al que he ido desde pequeño y en los años ochenta construyeron una autopista a muy pocos metros. Fue un impacto muy grande sentir como se destruía un paraíso y para mí esta función tiene algo de venganza contra esa autopista.

-¿Al basarse en una experiencia propia, uno no corre el riesgo de hacerse daño, de lastimarse al recordar el pasado?

-Creo que con uno mismo, como con los demás, hay que tener cuidado para no ser superficial porque eso sí que puede hacer daño. Hablar de los temas con profundidad puede producir dolor, pero no sufrimiento. Recordar el pasado es esencial para crear un proyecto de futuro.

-Se trata de una comedia de enredos. No es la primera que escribe y dirige. ¿Uno expresa mejor sus sentimientos a través del humor? ¿La carcajada tiene la capacidad de sanar heridas?

-Mis obras son más de sonrisa que de carcajada. Aunque también hay carcajadas desde luego. Para mí es una droga hacer sonreír al público. Sentir con ellos que el pecho libera la angustia me hace sentir útil.

-Las dos protagonistas son hermanas con opiniones diametralmente opuestas. ¿De eso se trata la familia, de quererse a pesar de las diferencias?

-Sin duda. La familia es un lugar en el que entender al otro es obligado. Los vínculos que nos unen van más allá de las opiniones y de la visión de la vida y no nos queda otro remedio si queremos tener una.

-¿En una época donde impera la corrección política, no autocensurarse a uno mismo en la vida diaria y en la creación es un gesto revolucionario?

-Es necesario ser consciente de aquello que nos autocensuramos. Es la censura más peligrosa, la inconsciente. La que te dice que haces las cosas porque quieres y no porque no puedes hacer las que realmente quieres. Sin consciencia no hay cambio.

-Su generación vivió una época dorada del teatro en cuanto a inversión pública. Granada organizaba un festival que llegó a tener a un jovencísimo Jan Fabre entre sus invitados. ¿Por qué la clase política española está maltratando las artes, especialmente el teatro?

-No creo que la clase política maltrate las artes, ni que lo haga con el teatro especialmente. Sí creo que las artes no están en la base de la educación con la fuerza que debieran y que eso hace que se consideren no esenciales cuando todo el mundo tiene en su vida diaria la experiencia de lo importante que es el arte. Se trata de cambiar un pensamiento erróneo que afecta a toda la sociedad incluidos nuestros representantes.

-¿Qué opinión le merece que el Gobierno haya bajado el IVA a los artistas y haga compatibles la pensión y los derechos de autor?

-Me parece que son buenas medidas, básicas y necesarias.

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