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Almudena Grandes: "Los vencidos fueron un buen negocio"

  • La escritora presenta 'Las tres bodas de Manolita', donde recrea un episodio de los años 40 en el que se creó una red de resistencia en una cárcel.

Dice Almudena Grandes que, frente a los historiadores, la función de un novelista no es la neutralidad. Y tanto en Las tres bodas de Manolita como en toda su saga enmarcada en la posguerra española deja claro que su punto de vista es contar la historia de los vencidos, pero de quienes decidieron resistir.

Así, tras Inés y la alegría y El lector de Julio Verne, Grandes (Madrid, 1960) continúa con sus Episodios de una guerra interminable trasladándose esta vez al Madrid de los años 40, una ciudad marcada por el hambre y la represión donde sobrevivir era una lucha diaria. "Podría haber seguido escribiendo novelas de la guerrilla hasta la muerte, porque es un filón inagotable", cuenta Grandes. Pero ahora, en lugar de empuñar un arma, los protagonistas de Las tres bodas de Manolita (Tusquets) son gente corriente que consiguieron crear una red de resistencia en el sitio más inverosímil posible: una cárcel. Con todo, "Manolita no es menos heroica que Inés o Cencerro", explica la autora, "pero su hazaña es sobrevivir". Y confiesa que jamás habría imaginado los paralelismos de novela -desempleo, hambre, desahucios- con la situación que atraviesan muchos españoles desde el estallido de la crisis, pues, al igual que antes, ahora "hay quienes no tiene dinero ni para poner la calefacción".

El libro aborda una época "en la que la corrupción llegó a extremos inimaginables", pero no era una corrupción como la que vivimos ahora, "ejercida por la alianza de los poderosos con los bancos, sino la explotación de los desesperados", explica. "En ese sentido, la novela recoge hasta qué punto los vencidos fueron un buen negocio para los vencedores".

Así, esta mujer fuerte, de voz grave, afirma sin titubear que en España "no se puede decir eso de cualquier tiempo pasado fue mejor", pues algunos historiadores sostienen que durante los años 40, el aparato del Estado puso en marcha "una auténtica política de aplastamiento de los vencidos". El problema, añade, es que el pacto de la Transición supuso "cerrar los ojos y dar un salto adelante".

"España es un país anómalo", sostiene la ganadora del prestigioso premio Sor Juana Inés de la Cruz. "Somos el único país de Europa en el que ha habido una guerra entre fascistas y demócratas y no se sabe quiénes eran los buenos, la única democracia de Europa que no tiene una política de memoria pública estatal, la única cuyo parlamento no empieza su andadura denunciando a los fascistas...".

Por eso, aunque sostiene que su principal compromiso "es con la literatura", sus Episodios de una guerra interminable son además un pequeño homenaje a esos pequeños héroes que resistieron y no han sido reivindicados por las instituciones. De ahí que también haya un impulso moral, que es decir al lector "mira, en tu país pasó esto, hubo estas personas que se jugaron la vida por ti".

Cansada del típico comentario de "otra novela sobre la Guerra Civil", la autora de Los aires difíciles aclara que todos sus "episodios" son posteriores a 1939, pero en España "cualquier cosa que pasa antes del destape es Guerra Civil". "Eso tiene que ver con la falta de conocimiento de este país hacia su propia historia. Y creo que es porque hay muchos españoles que no quieren saber en qué país vivían sus abuelos".

Algo parecido ocurre con la iconografía asociada a la resistencia clandestina. "La clandestinidad es Jorge Semprún con las solapas levantadas y un sombrero, una imagen fascinante, seductora y heroica", señala. Pero más allá "hubo muchas mujeres que no aparecen", pero sostenían ese entramado. Y en Las tres bodas de Manolita, las mujeres que hacen cola en la cárcel son más importantes que los presos".

Con esta nueva novela, que acaba de llegar a las librerías, sus "episodios" entran en una fase más política, en la que además comienzan a hacerse palpables las conexiones entre los personajes de la serie. Grandes cuenta que cuando escribió El corazón helado se percató de lo mucho que desconocía sobre esta etapa, y pasó los diez años siguientes sumergida en otra época, "intentado comprender". "Durante ese proceso descubrí millones de historias que no se han contado", historias de héroes y villanos. En su opinión, "España es especialista en esconder elefantes". Por eso, cuando decidió novelarlas ya sabía los argumentos. Y todas tienen un epílogo que desembarca a sus personajes en la Transición "el único final feliz que les puedo dar, porque en España, el final feliz es muy difícil", concluye.

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