Crítica

Andrea Marcon obra su magia frente a la OCG

Imagen de archivo de Marcon al frente de la OCG. Imagen de archivo de Marcon al frente de la OCG.

Imagen de archivo de Marcon al frente de la OCG. / R.G.

La temporada de la Orquesta Ciudad de Granada dedica este año parte de su programación a las sinfonías de Robert Schumann. Con este concierto rinde homenaje al compositor alemán interpretando su tercera sinfonía Renana, junto con la tercera sinfonía del también alemán Johannes Brahms. Andrea Marcon, director de la OCG, demostró una vez más el buen nivel de la formación y la estupenda sintonía existente entre director y orquesta.

La primera parte se dedicó a la Sinfonía núm. 3 en Mi bemol mayor Renana de Robert Schuman. La interpretación de Andrea Marcon estuvo llena de viveza e inteligencia. Desde el primer acorde supo imprimir a su versión fuerza y energía, revitalizando una de las sinfonías más conocidas del repertorio romántico alemán en una visión actualizada a la par que coherente.

Las cuerdas sonaron empastadas, describiendo los distintos motivos melódicos con gran claridad, tan importantes en esta sinfonía llena de referencias al folklore alemán. Por su parte, la siempre eficiente sección de vientos ofrecía un oportuno contrapunto, destacando en particular el preciosismo motívico de las maderas. Cabría destacar por su brillantez el último de los movimientos, que cerró una magnífica interpretación de la sinfonía.

La segunda parte estuvo dedicada por entero a la interpretación de la Sinfonía núm. 3 en Fa mayor de Johannes Brahms. Esta obra sinfónica, colosal tanto en el desarrollo de sus temas como en el concienzudo trabajo tímbrico realizado por Brahms, es una compleja página que supone para cualquier director un estimulante reto creativo. Marcon afrontó con seguridad y diligencia la interpretación de la obra, seguro del trabajo que ha realizado esta semana con la OCG. A una sección de cuerdas perfectamente empastadas, en la que los violonchelos tienen un peso especial, se unieron unos vientos poderosos y presentes en todo momento, de entre los que destacaron muy especiales los vientos-metal, y particularmente las trompas a las que Brahms encomendó en su partitura una presencia constante.

Un Andrea Marcon entregado y exhausto agradeció junto a su orquesta la prolonga ovación del público, satisfecho por un trabajo bien hecho.

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