Actual

Barenboim y Chopin: Una noche de magia única

  • Barenboim, esta vez como pianista, ofrece una magistral noche con los dos conciertos para piano del compositor polaco

Daniel Barenboim regresó ayer a Granada de la mano de un grande, de un genio. Y fue genio también el propio Barenboim, que hizo brillar entre sus dedos, desde el corazón en el pecho hasta el teclado, la voz romántica, poderosísima de Friedrich Chopin en el segundo centenario de su nacimiento. El maestro eligió para su primera intervención en el Festival Internacional de Música y Danza de Granada el Concierto para piano y orquesta en Fa menor, op. 21 y el Concierto para piano y orquesta en Mi menor op. 11. A Barenboim se le ha visto en Granada, mucho, dirigiendo, pero pocas veces ante el piano. La de anoche fue una noche de magia junto a Chopin.

Barenboim, como es habitual, llegó acompañado por la Staatskapelle Berlin, una orquesta que es un verdadero privilegio escuchar en el Palacio de Carlos V y que se ha convertido en una especie de hermana menor de la Alhambra. Esta vez, el Barenboim solista dejó la dirección de los dos conciertos en manos de Julien Salemkour, que condujo a la orquesta con verdadera finura.

Los dos conciertos que Barenboim interpretó anoche en el Carlos V están considerados como obras maestras del Romanticismo, pese a que Chopin los compuso con apenas 19 y 20 años, mientras aún estaba terminando sus estudios en el Conservatorio. Son de las pocas piezas que el compositor polaco dejó escritas para piano y orquesta y fueron una auténtica sensación en su momento, cuando se estrenaron en la primavera y el verano de 1830. El público se volvió, a partir de entonces, en un verdadero fanático del virtuosismo interpretativo de Chopin y de la magia de sus manos, del prodigio de su musicalidad, de la elegancia con que impregnaba sus composiciones.

El hecho de que Barenboim interpretara en la primera parte el segundo concierto de Chopin y en la segunda parte el primero tiene sus razones: El Concierto para piano número 2 fue escrito meses antes que el primero, sólo que el compositor extravió la partitura y tuvo que reescribirla de nuevo para su publicación, por lo que el concierto en Mi menor tendría la numeración de opus 11 y el escrito en Fa menor tendría la numeración de opus 21.

El arranque de la noche con el Maestoso del Concierto número 2 ya ofreció los primeros síntomas de lo que sería la noche: un Barenboim arrollador frente al piano, dominando el teclado a su entero gusto y exprimiendo al máximo el dramatismo de la partitura. Se le unió el maullido de un gato que parecía querer seguir cada melodía. El segundo movimiento, Larghetto, mostró el tremendo virtuosismo y la melancolía de la obra. Siempre se le achacó a Chopin que la orquestación de ambos conciertos era demasiado simplista, pero lo que el compositor lo que pretendía era resaltar ante todo el piano. El tercer movimiento, Allegro vivace, mostró la esencia de Chopin, toda su grandeza en ciernes.

Tras el intermedio, orquesta y pianista se embarcaron en el Concierto número 1, lleno de potencia, dramatismo. Uno de los grandes momentos de la noche llegó con el Romance y con el final juguetón y apoteósico. El público volvió a caer rendido ante Barenboim. El músico dirigirá esta noche un programa con la Sexta sinfonía, de Bruckner, como gran protagonista.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios