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Cantando contra el miedo

  • Laví e Bel estrena 'El Escenario Ambulante', una obra "política" de resistencia y espíritu cabaretero

"No somos imbéciles ni tampoco ingenuos, pero sabemos que la resignación es un acto de usura con uno mismo, así que aquí estamos, caminando", dice Emilio Goyanes, director, fundador y alma de Laví e Bel, sobre la idea de resistencia que recorre y explica su nuevo espectáculo, El Escenario Ambulante, que desde hoy hasta el sábado, en tres funciones, presenta oficialmente la compañía granadina en la sala B del Teatro Central de Sevilla. "Cada día es un acto de resistencia, y ahora más que nunca. Pero no hablo de mi compañía, ni del teatro en general; hablo de las personas, de todos nosotros. Vivir, en sí mismo, es ya un acto de resistencia", dice Goyanes (Madrid, 1960), que la semana que viene, por cierto, dirigirá también la gala inaugural del Fest en el Lope de Vega.

Dice el director y dramaturgo que esta obra retoma de alguna manera el espíritu que vibraba en La Barraca del Zurdo, la anterior obra de la compañía, que siempre, desde su creación en 1992, ha trabajado con los códigos del cabaret y el teatro musical entendiéndolos como los entendieron, por ejemplo, Brecht o Meyerhold, quienes desde una sensibilidad vanguardista o experimental, asumieron que en la ligereza tantas veces engañosa de las manifestaciones de la cultura popular se encuentra especialmente condensada "la sal de la vida". "Pero la resistencia que defendemos no es panfletaria ni llorosa", aclara Goyanes: "Lo que defendemos es una resistencia desde el oficio, desde la alegría, desde la certeza de que todos sentimos la necesidad de tener esperanza".

En todo eso no podía dejar de pensar él durante una de esas rachas en las que nada a su alrededor le daba un respiro, "esa sensación de que Hacienda me perseguía, y los bancos me perseguían, y la Seguridad Social me perseguía, y me empezaba a ver ya completamente solo en una calle en blanco y negro, con todo el mundo persiguiéndome, como si fuera la escena de una película de cine negro". "Luego llegaba el fin de semana y tenía a mis dos hijas conmigo: coño, les tengo que dar de comer, hay que poner la calefacción... A partir de todo ese maremágnum escribí El Escenario Ambulante", confiesa Goyanes, al que los actores le dijeron, al comienzo de los ensayos, que la obra era prácticamente un diálogo consimo mismo, algo con lo que él está de acuerdo pero con un matiz fundamental: que ese diálogo consigo mismo "interpela también al espectador". "Porque aunque parece que hablamos de los artistas, hablamos en realidad de las personas. Hay mucha sangre puesta ahí, y muchas ganas".

En el espectáculo, tres artistas de variedades -una actriz, un actor y un pianista: Larisa Ramos, Antonio Leiva y Walter Sábolo- acaban de soltar amarras y de abandonar el garito portuario de mala muerte en medio de la nada donde durante años han estado atrapados, paralizados, muriéndose muy discretamente, para lanzarse a navegar a la deriva, donde el mar los lleve, mientras cantan y ríen para lamerse las heridas, para mantenerse en pie, sin saber que quizá, "cuando dejen de buscarlo, encontrarán el norte".

"Me gustaría que los espectadores se sintieran conectados, pero no ya con la obra, sino entre todos ellos. Esto puede sonar como místico, pero no lo digo en ese sentido; yo conozco el teatro y sé que eso pasa, que puede pasar, y es un momento que no tiene nada que ver con la mística, es un momento muy civil. Lo único que espero ya del teatro, y lo único que me gustaría conseguir es eso: que al menos durante un momento los espectadores conecten con la misma emoción", dice el director y dramaturgo sobre el actual estado de ánimo colectivo. "Ojalá pase algo diferente, por fin. Esto es lo que piensa y desea mucha gente, ¿o no? Y en realidad es bastante paradójico, porque después de todo depende de nosotros".

En este sentido, y no en el panfletario, que no le interesa nada, insiste, el suyo es teatro "político", afirma Goyanes, que aporta otras dos coordenadas para explicar el terreno y la temperatura emocional en los que se mueve este Escenario Ambulante. Una es El castillo ambulante, la película del maestro japonés de la animación Hayao Miyazaki, y la otra las canciones de Charles Trenet y sobre todo las de Cole Porter, algunas de las cuales se escucharán en el espectáculo de Laví e Bel. "Podríamos haber metido canciones originales nuestras... pero esta vez no: quería esa música, esas insuperables canciones de amor que remiten además a esos locales donde se escuchaban, en los que la vida latía de verdad. Siempre nos hemos inspirado en la tradición, porque estoy convencido de que la novedad es tan vieja como el mundo y por eso prefiero jugar con todo ese universo, pero para mirarlo con otros ojos, con los nuestros".

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