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Cine español recuperado

  • Inéditas en la cartelera local, 'Estigmas', 'Petit indi' y 'Las dos vidas de Andrés Rabadán' anuncian la búsqueda de estilo

Gracias al DVD, recuperamos tres interesantes títulos del último cine español que, destino común de todas aquellas cintas que se salen de la norma, no encuentran acomodo fácil en la cartelera. Se trata de Estigmas, de Adán Aliaga, Las dos vidas de Andrés Rabadán, de Ventura Durall, y Petit indi, de Marc Recha, tres muestras de un cine periférico con un cierto atrevimiento formal, un cine, en definitiva, con voluntad de estilo propio en el seno de una producción que uniformada por los modelos televisivos populares o las impersonales hechuras de formatos genéricos de vocación internacional.

Presentado en el Festival de Valladolid, Estigmas es el segundo trabajo de Adán Aliaga, quien cosechó importantes premios internacionales, tantos como poca repercusión local, con La casa de mi abuela, una interesante indagación en los terrenos fronterizos entre el documental y la ficción a partir del retrato cercano e íntimo del ámbito familiar posibilitado por la ligereza del formato digital mini-DV. Estigmas se sitúa en un plano estético bien distinto. La película es una adaptación del cómic de Mattotti y Piersanti, pretexto que sirve a Aliaga para trabajar en un contrastado blanco y negro el seguimiento de un personaje, interpretado por el lanzador de peso Manolo Martínez, que atraviesa un particular via crucis como consecuencia de los estigmas que aparecen súbitamente en sus manos. Inopinadamente, y pesar de sus irregularidades (el choque tonal entre lo profesional y lo libre o amateur), Estigmas aparece como un filme capaz de crear una atmósfera singular, una película por la que asoman paisajes y paisanajes muy poco frecuentados por el cine español. Lo que es más, una sorprendente filiación con un cineasta como Béla Tarr, no sólo por la rugosa textura del blanco y negro o por elegantes gestos de puesta en escena, sino por la querencia por unos ambientes y unos tipos (el mundo del circo y los espectáculos ambulantes) generalmente invisibles.

En un tono naturalista bien distinto, lo que más nos interesa de Petit Indi, sexto largometraje de Marc Recha (Pau y su hermano, Las manos vacías), otrora (y todavía) gran esperanza blanca del cine catalán, es precisamente su capacidad para retratar mundos y personajes en vías de extinción. Su historia de iniciación y decepción descansa, como Estigmas, no tanto en la verbalización de unos conflictos sociales o en la estructura de una trama como en los pequeños detalles que emanan de la puesta en escena, al servicio aquí de un localizado microcosmos de la periferia urbana que nos da cuenta de rituales y espacios poco frecuentados: los concursos de pájaros cantores, los límites rurales de la ciudad moderna, los canódromos donde se refugian los averías de la clase trabajadora. Recha también es capaz de crear un ambiente singular y establecer un tono, por más que, en ocasiones, las veleidades estilísticas enturbien la fluidez del conjunto.

Las dos vidas de Andrés Rabadán sí que podría enmarcarse en una cierta tradición de género dentro del cine español. Sin embargo, no estamos aquí en el territorio televisivo de las producciones de Pedro Costa. Vicente Durall busca trascender el realismo o el tremendismo de la crónica criminal para indagar en el perfil del popular "asesino de la ballesta", interpretado por un Álex Brendemühl que siempre sabe atemperar los excesos para crear personajes ambiguos, opacos e inquietantes. La de Andrés Rabadán es la historia (de redención) de un asesino en la que, inevitablemente, aparecen justificaciones psicológicas, pero en la que también se buscan soluciones formales (la música, los movimientos de cámara, los contraplanos del personaje en su celda) que den cuenta de un proceso interior que los más entusiastas podrían calificar como bressoniano.

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