dos planos de un mismo dios

La lente díptica de Díaz Burgos

  • El fotógrafo ganador de un premio PHotoespaña expone en la sala Gran Capitán dentro de Granada Eclipsa, que reparte muestras por toda la ciudad

La exposición 'Dios iberoamericano' se expone en la sala Gran Capitán. La exposición 'Dios iberoamericano' se expone en la sala Gran Capitán.

La exposición 'Dios iberoamericano' se expone en la sala Gran Capitán. / Carlos Gil

Juan Manuel Díaz Burgos es fotógrafo y de no haberlo sido, "habría sido fotógrafo". Sin más. Ganó el premio Bartolomé Ros 2017 a la mejor trayectoria profesional española en fotografía de PHotoespaña, mismo galardón que recogieron años atrás Chema Conesa y J. M. Castro Prieto, con quien comparte el hall of fame en Granada Eclipsa, el ciclo de fotografía que ha conseguido repartir por toda la ciudad exposiciones tanto de artistas amateurs como profesionales.

Díaz Burgos conoce bien esta ciudad, precisamente en la sala Gran Capitán inauguró un trabajo sobre las pasiones -no las religiosas, con las que llega esta vez- sino las humanas, las de la carne y el sudor. Se tituló Deseo. Fue un trabajo hecho en La Habana, que le sirvió "como pretexto" pero también como escaparate. El cartagenero lo explica: "Entendía que no había otra ciudad donde el tema de las relaciones amorosas se demostrara con mayor intensidad".

Siempre con la miel de Latinoamérica en los labios, de la que se considera "un obseso" y encima de la cual cabalga la mayor parte de su obra. "Siempre digo que mi mujer sabe que de perderme en alguna ocasión sabría dónde buscarme".

Dios iberoamericano, con el que expone ahora en Granada, es un trabajo que se dilató durante 29 años en su subconsciente. Él se tiene, más que por artista -aunque a esa parte se llegará unos párrafos más adelante- como un documentalista del humano y de todas sus vivencias. Pero con eso no basta, ha de existir un filtro y un sentido. "Esa es una de las cosas que hay que enseñar a buscar a un fotógrafo, está muy bien tirar fotos a vuelapluma pero al final te das cuenta que eso vale para poco". Son palabras de un hombre que no esconde su lengua crítica y que, sobre todo, tiene la lente muy bien ajustada: "No sé escribir, pero intento contar mis historias con luces".

Dios iberoamericanoestá formado a golpes blancos y negros -él es de los que piensa que el color en la fotografía distrae- que entintan dípticos a los que dio forma casi de casualidad: ordenando un archivo extenso con fotografías de temática litúrgica- religiosa tomadas tanto en Latinoamérica como en España. "Un día vinieron las musas" y encontró cómo dar sentido general a todas esas instantáneas.

Abordó así su 'relación' con la religiosidad desde un prisma comparativo, antropológico y, sobre todo, desde la altura de quien entiende que el mundo de las creencias ha cambiado tanto como quien lo habita.

Con dos carpetas en su ordenador, una llamada España y la otra Latinoamérica, se dio cuenta de que tenía que nacer ese "canto a la interculturalidad" en la que se muestra un Dios -Jesús o Changó- y unas mismas costumbres desde humanidades distintas.

Así, en la exposición se puede ver cómo unos señores bajan un Cristo en Cartagena, Murcia y otra al lado, una fotografía hecha en una pequeña aldea de Perú de unos quechua bajando a su Cristo para pasearlo por el pueblo.

En este punto de su carrera lo que sigue encendiendo su cámara es la piel humana. Para él la fuente inagotable es la vida y "para fotografiarla hay que buscarla y hay que trabajárselo".

Cuarenta años trabajando en la enseñanza es lo que le ha dado la libertad para poder hacer la fotografía que le ha "dado la gana" y para este hombre que dedicaba sus vacaciones en viajar a Sudamérica huye de entrar en las discusiones sobre qué es o no arte en la fotografía. "Una vez me dijo uno: ¿tú qué te sientes artista o fotógrafo?. Yo me siento fotógrafo, lo de artista me importa poco", sentencia disparando hacia aquellos que dictaminan quién es quién.

En un mundo en el que cualquiera que tenga una cámara réflex se denomina fotógrafo brota la pregunta de si eso es democracia digital o falta de criterio. Díaz Burgos se decanta por la segunda opción, "sobre todo, desgraciadamente, para los chavales que están saliendo de la escuela donde se les está manipulando y no se les enseña la historia de la fotografía". El fotógrafo afina el tiro y dice que se están creando sedes y artistas de usar y tirar. De alguna manera se sacan de las escuelas a artistas que exponen en las mejores salas -casi siempre para hacerlo en colectivo- y al cabo de los tres años el nombre ha circulado demasiado y se olvida para abrir el cepo para otros más jóvenes y más modernos. La teoría del Kleenex.

Este murciano aboga por la carrera de fondo, sobre todo en lo que toca a su forma de trabajar, y reitera su postura pese a que sabe que eso que dice levanta ampollas. "No me puedo creer que todos los chicos que salen de las universidades, todos, nacen con el mismo perfil clónico: hacer reportajes de tema humano relacionado con fotoperiodismo". Es un hombre drástico reconocido que apuesta por la fotografía pura -es amante de la técnica analógica- y sobre todo por el conocimiento de ésta, de su historia y sobre todo de su gama de posibilidades.

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